Pesaj es el jag que resume la historia del Pueblo de Israel a través del tiempo: opresión, esperanza, miseria, fe en Dios y libertad.
Fuimos oprimidos y esclavizados en Mitzraim. Tuvimos la esperanza que algún día seríamos libres. Apareció Moshé. Con una mano atrás y otra adelante partimos al desierto en busca de la Tierra Prometida. Llegamos al Yam Suf y sólo teniendo fe en Dios pudimos cruzarlo. Y obtuvimos la tan preciada libertad.
Pesaj es el jag que nos enseña que no son las palabras claras sino la convicción en su significado las que muestran el camino.
Moshé era tartamudo y eso no impidió que nos liderara a través del desierto. No fue la forma en que las palabras salían de su boca sino el mensaje que transmitía. La Torá no nos dice “Moshé dijo” sino “Vaiomer Adonai el Moshé”, “y le habló Dios a Moshé”. Moshé repetía los mandamientos de Dios porque creía firmemente en lo que le era transmitido.
Pesaj es el jag en donde la fé en Dios toma un rol fundamental.
Cuando Moshé sube al Sinaí a recibir las Tablas el Pueblo de Israel comete el pecado más grave de su historia: el becerro de oro. Solo después que Moshé le suplicara a Dios que perdone a su pueblo, se nos permite seguir el rumbo y llegar a destino, previa desaparición de quienes habían pecado.
Pesaj es el jag que nos enseña que un líder debe ser humilde ante Dios.
Moshé no pudo entrar a la Tierra Prometida por no cumplir una ley impartida por Dios. Tal vez parezca que golpear dos veces una piedra no sea tan grave pero para quien lidera a una Nación, aún un parpadeo puede ser tomado como síntoma de ceguera.
Pesaj es el jag donde recordamos que no necesitamos de grandes construcciones para demostrar nuestra fe en Dios.
El Mishkan era un templo móvil que acompaño al Pueblo de Israel durante sus 40 años de travesía por el desierto. La creencia de que Dios está a cada momento con nosotros no se siente en un lugar determinado. El Mishkan nos acompañó como nos acompaña Dios en nuestros días. A donde vamos Él está.
Pesaj es el jag de la liberación. El momento en que el Pueblo de Israel al unísono le dice al mundo “No seremos más esclavos”. Y como recuerdo a la esclavitud y a la forma en que tuvimos que salir de Mitzraim comemos matzá, el pan de la esclavitud.
La libertad es la condición humana más importante que existe, por eso como dice el cántico que entonamos en la Hagadá, si Dios solamente nos hubiera sacado de Egipto, nos habría bastado.
Jag ha'Pesaj Kasher Ve'sameaj
Lucas Fisbein