jueves, 28 de noviembre de 2019

Toldot 5780


Hay dos películas que vendrían bien para reflejar a Esav: “La Sociedad de los Poetas Muertos” y “Volver al futuro”. La primera porque Mr. Keating (interpretado por Robin Williams) enseña sus alumnos el concepto de carpe diem, cuya traducción textual es “aprovecha el momento”. Y la segunda porque viendo todo lo que pasó después Esav se hubiera querido tomar el DeLorean DMC-12 y volver atrás para evitar todo lo que sucedió.

Para aprovechar el momento debemos sacarnos una foto y mirar donde estamos parados. Recordemos Bereshit y la pregunta de Dios: “¿Dónde estás?” (Bereshit 3:9). ¿Dónde estamos? ¿Aprovechamos el momento egoístamente sólo para nosotros o ese aprovechamiento tiene un beneficio también para mis semejantes? Ser egoista no significa que todo es de uno sino saber cuándo, cómo y qué compartir.

Esav tenía hambre. Yaakov estaba cocinando un guiso. Esav quiso “aprovechar el momento”. Le pidió a su hermano “un bocado de esa cosa roja” (Toldot 25:30). Yaakov que desde siempre quiso ser el primogénito le ofrece dárselo a cambio de la primogenitura. (Toldot 25:31)

Esav acepta el trato diciendo “he aquí que he de morir” (Toldot 25:32). El ser humano es el único ser que sabe que su tiempo es limitado. Todos vamos a morir un día, y por saber eso, ¿vamos a dejar de vivir los otros?

¿Fue justo que Yaakov se aprovechara de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro.

Seguramente de tener la máquina del tiempo Esav hubiera retrocedido y cambiado las cosas. No pensó con claridad. No vio lo que vendía.

Yaakov en este caso fue más inteligente y no sólo aprovechó el momento, sino que se aprovechó del momento.

Y Esav encima no daba el brazo a torcer. Cuando pierde la bendición de su padre por haberse ido a cazar, “fue a donde Ishmael y se casó con Majalat hija de Ishmael” (Toldot 28:9).

¿Por qué fue tan ingenuo en salir a cazar? Si Rivka pudo preparar cabritos es porque había. ¿Por qué no sólo se limito a tomar uno de los que estaba ahí? No. Él tenía que demostrar que podía cazar. Él era impulsivo. No pensó siquiera las consecuencias de su accionar.

Miles de años después de este incidente nosotros rezamos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos puedan afectar nuestro futuro.

Si vamos a aprovechar el momento que sea para hacer algo útil.

Así que cuando recordemos la escena más gloriosa de “La Sociedad de los poetas muertos”, en vez de pararnos en una mesa y gritar “Oh capitán, mi capitán”, miremos al cielo y digamos “No soy como Esav”.

Cada viernes al acercarse Shabbat, reprime tus ganas de quedarte en tu casa. Trae a tu famila a compartirlo en comunidad. No sea caso que cuando veamos a nuestros hijos asimilados, queramos tomar una máquina del tiempo que sólo existe en las películas.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 19 de noviembre de 2019

Jaiei Sara 5780


Interesante comparación la letra del tema Presente de Vox Dei cuando dice “Todo concluye al fin / nada puede cambiar / todo tiene un final, / todo termina” y el pasuk en donde Abraham dice “Soy un forastero y un residente entre vosotros” (Jaie Sara 23:4).

Nosotros somos forasteros en este mundo y estamos de paso. El paso del ciclo de nuestra vida es inevitable. Nacemos, crecemos, envejecemos y morimos. Todo tiene un final.
Si existe o no el Olám Habá (Mundo venidero) lo sabremos después de concluir el ciclo de nuestra vida.

Pero mientras vivamos seamos agradecidos de tener la oportunidad de despertar cada día. Cuando nos vamos a dormir a la noche lo hacemos con seguridad de que a la mañana siguiente despertaremos. ¿Y si no es asì? ¿Y si el sueño no termina? ¿Lo sabríamos entonces? Por eso el Shemá, nuestra oración más sagrada, se dice al levantarnos y al acostarnos. A la mañana para recordar que gracias al Creador tenemos un día más para aprovechar y a la noche para agradecerle haberlo vivido a pleno.

Residimos en el mundo que Dios nos dio. Un mundo lleno de imperfecciones para poder sacar de nuestro interior la idea del tikum olán (reparar el mundo). ¿Y cómo lo hacemos? Con buenas acciones.

Al morir se va a hacer un recuento de nuestras buenas acciones. Así como Sara se dice que tuvo más de una vida (y de ahí el nombre de la Parashá) nosotros también vivimos más de una vida: la que soñamos, la que realmente vivimos y la de los buenos y malos actos.

Y muchas veces nos hacemos mala sangre por cosas que no deberíamos y para dejar de hacerlo deberíamos preguntarnos: si tenemos la certeza de que morimos mañana ¿vale la pena preocuparnos por eso? En la gran mayoría de los casos la respuesta sería no. Pero como nos creemos inmortales actuamos de tal manera que muchas veces cuando está por llegar lo inevitable nos arrepentimos tardíamente.

Somos forasteros en un mundo en constante cambio. Adaptarnos a esos cambios también es parte de nuestra vida.

No somos perpetuos, pero tampoco efímeros.

Nuestras vidas continúan en nuestros hijos. Parte de ella está ahí y no sólo por el ADN que les trasmitimos sino por las enseñanzas que les brindamos. Y lo mismo ocurre con la Torá que es el ADN de nuestro Pueblo. Se transmite de generación en generación y sus enseñanzas tratan de reparar el mundo.

Nuestra vida tiene un final. Nuestra vida termina. Para ser recordados como alguien que la vivió a pleno amemos como si fuéramos a morir mañana y tratemos de reparar al mundo como si fuéramos a vivir en el siempre.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 12 de noviembre de 2019

Vaiera 5780


[La] mujer [de Lot] miró tras él, y se convirtió en un pilar de sal.” (Vaiera 19:26).

¿Cuántas veces miramos hacia atrás y nos quedamos petrificados? ¿De qué sirve mirar hacia atrás buscando un pasado que no volverá?

Y en nuestro afán de salvarnos de una manera egoísta dejamos muchas veces que nuestros semejantes sufran. ¿Acaso el texto nos dice que Lot intentó que su mujer no mirara hacia atrás?

El pasado, esa parte del tiempo que nos carcome el cerebro pensando qué hubiera pasado si, nos tiene que servir sólo de enseñanza. No es un ancla que nos impide zarpar hacia rumbos desconocidos.

El arrepentimiento, la angustia, el dolor, son formas de convertirnos en pilares de sal. Y miren la importancia que se le da a la esposa de Lot que su nombre no es mencionado.

Lo importante de este personaje bíblico es entender que cuando un sentimiento negativo nos persigue, tenemos que alejarnos rápidamente y no mirar hacia atrás para ver si nos alcanza.

Si en nuestro camino de la vida necesitamos detenernos no es para mirar hacia atrás sino para ver dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir. Siempre hacia adelante. Progresar es mirar hacia adelante anhelando un futuro, con un proyecto, con una idea o con una noción de lo que queremos ser.

Si miramos hacia atrás nos distraemos. Perdemos el tiempo. Un tiempo que es escaso y que no vuelve hacia atrás.

Y si tenemos a alguien que está por mirar hacia atrás no hagamos como Lot. Ayudemos a esa persona a que enfoque su vista hacia adelante. No seamos egoístas, no pensemos en salvarnos nosotros solos. Ayudemos a nuestros semejantes.

Al principio de la Parashá Dios en persona está hablando con Abraham y este último ve tres forasteros. No dudó un instante en ir en su ayuda. No miró atrás para ver si Dios decía algo al respecto. Y les dio lo mejor que tenía. “Abraham corrió hacia el ganado, y eligió un becerro tierno y selecto. Se lo dio a un joven que se apresuró a prepararlo.” (Vaiera 18:7).

Cuando Dios le dijo a Abraham que deje su tierra en ningún momento se menciona que miró hacia atrás. Muchas veces debemos tomar decisiones difíciles. Dejarlo todo y empezar de cero.

Ese comienzo siempre tiene que tener tres puntos bien claros: no mirar hacia atrás, ayudar a quien se nos cruce en el camino e impedir que otro cometa el error que pretendemos evitar.

Dios nos dios dos brazos y dos piernas. Los brazos para poder abrazar y contener a nuestros seres queridos y las piernas para movernos y no quedarnos quietos para mirar hacia atrás como la esposa de Lot.

Es muy fácil detenerse y llorisquear por lo que dejamos. Lo difícil es avanzar y no caer en la tentación de mirar hacia atrás.

Las palabras más tristes son “pudo haber sido”. Las palabras de esperanza son “espero que así sea”.

Está en uno elegir cuales usar. Este Shabbat tomate unos minutos para pensarlo y elegí en que dirección vas a empezar a mirar.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 5 de noviembre de 2019

Lej Lejà 5780

Para quienes somos amantes de las series de televisión, el pasuk “Saray le dijo a Avram: “Dios me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella”. Avram escuchó a Sarai.” (Lej Lejá 16:2) nos va a recordar inmediatamente a The Handmaid´s Tale.

Hagar, la sirvienta egipcia vapuleada y menospreciada en el texto de la Torá, sería Defred y Saray (todavía no era Sara) equivaldría a Serena Joy.

Obviamente que el texto de esta semana nada tiene que ver con la serie, pero en ambos casos vemos el lugar que ocupaba la mujer en la antigüedad. Su única misión era la de tener hijos.

Por eso vemos como dice “Avram tomó a su mujer Saray” (Lej Lejá 12:5). No nos dice Avram fue con su mujer. La idea de “tomó” es de posesión. Como si fuera también una pertenencia.

Cuando Hagar huyó de Saray, se encuentra con un ángel, que le hace dos preguntas, que son la base de nuestra existencia: “¿De dónde vienes, y adónde vas?” (Lej Lejá 16:8)

Esa pregunta se la ha realizado la ciencia desde el comienzo. ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Ninguno de nosotros sabe las respuestas. Buscarlas es entrar en un rompecabezas filosófico que lo único que nos conlleva es a no disfrutar del viaje que es la vida.

Y esa vida evoluciona rápidamente y a pasos agigantados. La posición de la mujer en la actualidad dista mucho de aquella época donde Hagar era maltratada por Saray.

Saray no la maltrataba por el hecho de que haya concebido un hijo Avram, Lo hacía porque sabía que en el fondo no podía cumplir con su objetivo que era procrear. Al igual que en la serie, las criadas o esclavas, no tienen derechos.

Por suerte el judaísmo conservador ha evolucionado y le ha dado relevancia al papel de la mujer en la sociedad actual. Aunque eso es digamos puertas para afuera. La pregunta ahora es para quienes en la actualidad tienen el lujo de tener empleadas domésticas, ¿las tratan bien? ¿o son simplemente las shikses o ishires?

No caigamos en la tentación de creer que vivimos en Gilead. Tener una empleada doméstica no es tener una esclava en nuestra casa, no es tener una Martha. Es tener una persona que trabaja, y que puede responder que viene a cumplir una tarea y que va a lograr ese objetivo.

Nosotros no sabemos a ciencia cierta de dónde venimos, pero tenemos que tener bien claro a dónde vamos: a ser mejores personas día a día. A superarnos y para eso muchas veces tenemos que hacer como Avram: tomar nuestras pertenencias, compartir el viaje con nuestros seres queridos, y salir de nuestra zona de confort hacia lo desconocido.

Sólo así estaremos seguros hacia dónde vamos.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein