Hagar,
la sirvienta egipcia vapuleada y menospreciada en el texto de la Torá, sería
Defred y Saray (todavía no era Sara) equivaldría a Serena Joy.
Obviamente
que el texto de esta semana nada tiene que ver con la serie, pero en ambos
casos vemos el lugar que ocupaba la mujer en la antigüedad. Su única misión era
la de tener hijos.
Por
eso vemos como dice “Avram tomó a su mujer Saray” (Lej Lejá 12:5). No
nos dice Avram fue con su mujer. La idea de “tomó” es de posesión. Como si
fuera también una pertenencia.
Cuando
Hagar huyó de Saray, se encuentra con un ángel, que le hace dos preguntas, que
son la base de nuestra existencia: “¿De dónde vienes, y adónde vas?” (Lej Lejá
16:8)
Esa
pregunta se la ha realizado la ciencia desde el comienzo. ¿De dónde venimos? ¿Hacia
dónde vamos? Ninguno de nosotros sabe las respuestas. Buscarlas es entrar en un
rompecabezas filosófico que lo único que nos conlleva es a no disfrutar del
viaje que es la vida.
Y
esa vida evoluciona rápidamente y a pasos agigantados. La posición de la mujer
en la actualidad dista mucho de aquella época donde Hagar era maltratada por
Saray.
Saray no la maltrataba por el hecho de que haya concebido un hijo Avram, Lo hacía
porque sabía que en el fondo no podía cumplir con su objetivo que era procrear.
Al igual que en la serie, las criadas o esclavas, no tienen derechos.
Por
suerte el judaísmo conservador ha evolucionado y le ha dado relevancia al papel
de la mujer en la sociedad actual. Aunque eso es digamos puertas para afuera.
La pregunta ahora es para quienes en la actualidad tienen el lujo de tener
empleadas domésticas, ¿las tratan bien? ¿o son simplemente las shikses o ishires?
No
caigamos en la tentación de creer que vivimos en Gilead. Tener una empleada doméstica
no es tener una esclava en nuestra casa, no es tener una Martha. Es
tener una persona que trabaja, y que puede responder que viene a cumplir una
tarea y que va a lograr ese objetivo.
Nosotros
no sabemos a ciencia cierta de dónde venimos, pero tenemos que tener bien claro
a dónde vamos: a ser mejores personas día a día. A superarnos y para eso muchas
veces tenemos que hacer como Avram: tomar nuestras pertenencias, compartir el
viaje con nuestros seres queridos, y salir de nuestra zona de confort hacia lo
desconocido.
Sólo
así estaremos seguros hacia dónde vamos.
Shabbat
Shalom
Lucas
Fisbein
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