martes, 5 de noviembre de 2019

Lej Lejà 5780

Para quienes somos amantes de las series de televisión, el pasuk “Saray le dijo a Avram: “Dios me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella”. Avram escuchó a Sarai.” (Lej Lejá 16:2) nos va a recordar inmediatamente a The Handmaid´s Tale.

Hagar, la sirvienta egipcia vapuleada y menospreciada en el texto de la Torá, sería Defred y Saray (todavía no era Sara) equivaldría a Serena Joy.

Obviamente que el texto de esta semana nada tiene que ver con la serie, pero en ambos casos vemos el lugar que ocupaba la mujer en la antigüedad. Su única misión era la de tener hijos.

Por eso vemos como dice “Avram tomó a su mujer Saray” (Lej Lejá 12:5). No nos dice Avram fue con su mujer. La idea de “tomó” es de posesión. Como si fuera también una pertenencia.

Cuando Hagar huyó de Saray, se encuentra con un ángel, que le hace dos preguntas, que son la base de nuestra existencia: “¿De dónde vienes, y adónde vas?” (Lej Lejá 16:8)

Esa pregunta se la ha realizado la ciencia desde el comienzo. ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Ninguno de nosotros sabe las respuestas. Buscarlas es entrar en un rompecabezas filosófico que lo único que nos conlleva es a no disfrutar del viaje que es la vida.

Y esa vida evoluciona rápidamente y a pasos agigantados. La posición de la mujer en la actualidad dista mucho de aquella época donde Hagar era maltratada por Saray.

Saray no la maltrataba por el hecho de que haya concebido un hijo Avram, Lo hacía porque sabía que en el fondo no podía cumplir con su objetivo que era procrear. Al igual que en la serie, las criadas o esclavas, no tienen derechos.

Por suerte el judaísmo conservador ha evolucionado y le ha dado relevancia al papel de la mujer en la sociedad actual. Aunque eso es digamos puertas para afuera. La pregunta ahora es para quienes en la actualidad tienen el lujo de tener empleadas domésticas, ¿las tratan bien? ¿o son simplemente las shikses o ishires?

No caigamos en la tentación de creer que vivimos en Gilead. Tener una empleada doméstica no es tener una esclava en nuestra casa, no es tener una Martha. Es tener una persona que trabaja, y que puede responder que viene a cumplir una tarea y que va a lograr ese objetivo.

Nosotros no sabemos a ciencia cierta de dónde venimos, pero tenemos que tener bien claro a dónde vamos: a ser mejores personas día a día. A superarnos y para eso muchas veces tenemos que hacer como Avram: tomar nuestras pertenencias, compartir el viaje con nuestros seres queridos, y salir de nuestra zona de confort hacia lo desconocido.

Sólo así estaremos seguros hacia dónde vamos.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

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