En la parashá de esta semana
se menciona que debe haber un rey. Así como se nos ordena tener jueces y
policías también debemos tener un rey.
Este rey no es una persona
que hace y dictamina lo que quiere sino que debe cumplir con ciertas mitzvot. Una
de ellas es que debe escribir una copia de la Torá, llevarla consigo todo el
tiempo y leerla todos los días de su vida.
¿Por qué es necesario que lo
haga?
Porque la única forma de
reconocer que existe Dios es leyendo su ley. Sólo mediante el estudio y lectura
constante de la Torá podremos tomar decisiones basadas en la palabra de Dios.
Además demuestra humildad
ante Dios. Ser humilde no es agachar la cabeza ante cualquier situación y
acepar lo que venga. La humildad es saber en qué lugar y posición dentro de
este mundo es la que fui designado y aceptarla. Es también respetar las
opiniones ajenas y saber discernir cuando creemos que nuestra postura es
correcta.
Cuando recitamos la Amidá, en
el último rezo llamado Elohai Netzor, le pedimos a Dios poder ser “humilde ante
mi prójimo”.
Sólo a partir de ahí
podremos comprender la Torá y cumplir con las mitzvot.
Un rey arrogante va a
ganarse el odio del pueblo. Un rey humilde ganará la admiración.
Para preservar la humildad
el rey tiene tres limitaciones: no tener muchos caballos, no tener muchas
esposas ni tener mucha riqueza en otro y plata.
Nosotros por supuesto que no
tendremos más de una esposa ni muchos caballos ni tanto oro y plata como
quisiéramos. Traslademos estos conceptos a nuestros días y aprendemos a disfrutar
de lo que tenemos. Es lo que Dios quiere.
Recordemos ser siempre humildes
ya que somos reyes en nuestros pequeños mundos como ser nuestra casa, nuestros
trabajos y por sobre todo nuestras vidas.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein