martes, 24 de diciembre de 2013

Vaerá

Einstein afirmó que Dios no juega a los dados con el universo. ¿Qué significa esa frase? Que Dios hace todo de manera tal que aunque parezcan sucesos aislados y difíciles de comprender, siguen un plan secreto que Él ha ideado.

¿Qué tiene en común con esta Parashá? Muchísimo. Hubiera sido fácil obviar nueve plagas y utilizar sólo la última para doblegar la voluntad de Paró. Pero el plan de Dios era mostrarle a Paró su poder y hacerle entender que no le importaba que para los egipcios Paró fuera como un Dios. Él sólo quería que el Pueblo de Israel retornara a la tierra que había prometido a Abraham.

La primera carta la muestra cuando le dice a Moshé “Te haré como un dios para el faraón”. A simple vista no parece algo complicado pero el secreto está en poner a Moshé a la misma altura que Paró. Ahora eran dos “dioses” los que estaban enfrentados.

Luego le hace sentir a Paró el liderazgo de Moshé con una frase que tiene un significado más profundo que el de un pedido: “Deja salir a Mi Pueblo”.
Ante la negativa de Paró empiezan las plagas. Primero el Nilo se convirtió en sangre. 

Si Paró se glorificaba ante el pueblo egipcio de ser el creador del rio, este fue un golpe duro. No bastó.

Siguieron las ranas. Imagínense el ruido del croar de millones de ranas. Ese ruido perfora la cabeza de cualquiera.  No bastó.

La tercer plaga fueron los piojos. Con esto Dios demuestra que lo más mínimo por Él creado puede hacer daño. Tampoco bastó.

Paró amagaba dejar el ir al Pueblo de Israel pero cuando la plaga cesaba endurecía su crueldad.

La cuarta plaga fueron las bestias salvajes. El miedo de cualquier persona es el toparse con una bestia a la vuelta de la esquina. Tampoco bastó.

La quinta fue la plaga del ganado. Caballos, asnos, ovejas y camellos. Todos los que estaban en el campo murieron. Los que estaban en los establos no perecieron. Dios es bondadoso a pesar de la maldad de Paró. Tampoco bastó.

La sexta plaga fue la de ampollas en la piel. Se asemeja al avergonzamiento y rechazo al verse lleno de póstulas en la piel. El Faraón seguí inmutable.

La séptima y última plaga mencionada en esta Parasha es el granizo. La roca que cae del cielo. La roca que puede destruir cualquier construcción. Construcciones ordenadas por el Faraón.

Lo único que buscaban estas plagas eran permitir la salida del Pueblo de Israel. El plan de Dios era ablandar a Paró para que de él mismo saliera la orden de dejarnos salir.

Si sólo Paró hubiera escuchado el pedido de Moshé y dejado partir a nuestro pueblo, ¡nos hubiera bastado!

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 17 de diciembre de 2013

Shemot

El Talmud nos dice que “Por el mérito de las mujeres tzidakaniot de esa generación, Am Israel (el pueblo de Israel) fue redimido de Egipto”. ¿Pero qué tiene de justo que Yojeved arrojara a su hijo a las aguas del Nilo?

El Faraón al ver el enorme crecimiento del Pueblo Judío en la tierra de Egipto tuvo miedo que de tener que soportar una guerra, nuestro pueblo se pase al bando enemigo. Y ante el miedo por el nacimiento del líder que podría sacarlos de la esclavitud decretó matar a todos los bebés hombres recién nacidos.

El amor de una madre por su hijo es una de las armas más poderosas que existen. Yojeved prefirió, motivada por su hija Miriam, a mandar a su pequeño bebé en una canasta por el Nilo.
La volundad divina hizo que Batya, la hija del faraón, encontrara al pequeño Moshé y lo llevara a vivir al palacio. Nadie podía amamantar al bebé por lo cual buscaron nodrizas judías y Yojeved tuvo su recompensa cuando amamantó a su pequeño hijo.

Moshé empieza a ver las injusticias con el castigo forzado y luego de matar a un egipcio por defender a una mujer judía es expulsado y enviado a Midian.
Ahí conoce a Tzipora con quien se casa y tiene dos hijos: Goshem y Eliezer.

Luego mientras pastoreaba se le aparece Di-s en el arbusto ardiente y le ordena liberar al pueblo de Israel de la esclavitud.

Moshé sale rápidamente pero de acuerdo al Midrash un ángel quiso matarlo por no haber circuncidado a su hijo. Tzipora lo hace rápidamente y permite que Moshé continue su camino.
Las acciones de estas tres mujeres forman parte de la base de nuestras raíces: la preocupación por las generaciones futuras, el ayudar a quien lo necesita y el cumplimiento del pacto con Abraham.

No olvidemos esos pilares nunca. Así las palabras de Di-s “Ihiyé Asher Ihiyé”, serán las palabras de todo el pueblo de Israel. “Seré el que seré”. Mientras mantengamos nuestras raíces, el pueblo de Israel será por siempre El Pueblo de Israel.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 9 de diciembre de 2013

Vaiejí

El Talmud nos enseña que quien educa a sus hijos educa también a los hijos de sus hijos. El ser humano es la única especie creada por Di-s que entiende lo que significa tener nietos. Es una alegría inexplicable que implica la continuación de nuestra vida más allá de una generación.

Yaakov antes de dar las bendiciones a sus hijos lo hace primero a Efraim y Mensahé. ¿Por qué lo hace?

Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos que no tuvieron conflicto. Si bien Yosef perdonó a sus hermanos, son sus hijos quienes pueden responderle a Caín diciendo que sí son el guardián de su hermano.

Yaakov invierte el orden de las bendiciones haciéndolo primero al menor y luego al mayor. Entre los hermanos no había rivalidades y no hubo problema como antes lo tuvimos con Yaakov y Esav.

Los hijos de Yosef, Efraim y Menashé, resumen el deseo de todo padre que a pesar de todas las influencias externas a las que son sometidos diariamente no perdieron los valores inculcados por su padre que a la vez los recibió del suyo.
Yaakov bendice a sus nietos y, luego, lo hace con Yosef y sus once hermanos resaltando las virtudes de cada uno sus hijos.

Ahora sí podía partir. Había bendecido a sus hijos y a sus nietos. Su último deseo fue ser enterrado en la Cueva de los Patriarcas. Y así se cumplió.

Con esta Parashá terminamos de leer la “génesis” del pueblo judío. La semilla que empezó con Abraham germinó y dio sus frutos.

Que estos frutos puedan conservar su pureza en nuestros días a pesar de estar diseminados por todo el mundo. Que Di-s nos haga como Efraim y Menashé.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 2 de diciembre de 2013

Vaigash

Aquel que avergüenza a una persona puede ser juzgado como si hubiese derramado sangre o como un asesino. Es por eso que Yosef al revelar su verdadera identidad ante sus hermanos dice “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”.

Lo más lógico es que hubiera dicho “Yo soy el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años” o inclusive “Ustedes quisieron matarme”.

Las palabras de Yosef son intimidantes y enfatizan la preocupación por su padre. Si bien en varias oportunidades preguntó por Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A partir de este momento es Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado del riñon paterno 22 años atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente todo ese tiempo.

¿Pero por qué espero a este momento para revelar su identidad?

Porque Yosef quería a Biyamin como siervo y al escuchar de Yehuda que su padre estaría triste por la pérdida de otro hijo comprendió que indirectamente todos sus hermanos estaban arrepentidos de haberlo tirado al pozo.

No quiso avergonzarlos llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Cuando vio que ya no había maldad en sus hermanos, Yosef, el HaTzadik, al pronunciar las palabras de su revelación les está tendiendo la mano del perdón.

Dicen que el tiempo las heridas cura y lo que más quería Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el momento justo. Se terminaría el sufrimiento de ambos.

Yaakov aguantó y cuando se reencontró con Yosef dijo que estaba listo para morir. ¿Por qué? Porque sabía que su misión de ser el padre de las 12 Tribus de Israel estaba cumplida.

Recordemos siempre las acciones de Yosef. No avergoncemos a nadie en público. Si tenemos que reprenderlos que sea en privado y con las palabras menos hirientes porque mañana podemos estar del otro lado y no nos gustaría recibir palabras agresivas.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein