Aquel que avergüenza a una
persona puede ser juzgado como si hubiese derramado sangre o como un asesino. Es
por eso que Yosef al revelar su verdadera identidad ante sus hermanos dice “Yo
soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”.
Lo más lógico es que hubiera
dicho “Yo soy el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por
22 años” o inclusive “Ustedes quisieron matarme”.
Las palabras de Yosef son
intimidantes y enfatizan la preocupación por su padre. Si bien en varias
oportunidades preguntó por Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A
partir de este momento es Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado
del riñon paterno 22 años atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente
todo ese tiempo.
¿Pero por qué espero a este
momento para revelar su identidad?
Porque Yosef quería a
Biyamin como siervo y al escuchar de Yehuda que su padre estaría triste por la
pérdida de otro hijo comprendió que indirectamente todos sus hermanos estaban
arrepentidos de haberlo tirado al pozo.
No quiso avergonzarlos
llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Cuando vio que ya no
había maldad en sus hermanos, Yosef, el HaTzadik, al pronunciar las palabras de
su revelación les está tendiendo la mano del perdón.
Dicen que el tiempo las
heridas cura y lo que más quería Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el
momento justo. Se terminaría el sufrimiento de ambos.
Yaakov aguantó y cuando se
reencontró con Yosef dijo que estaba listo para morir. ¿Por qué? Porque sabía
que su misión de ser el padre de las 12 Tribus de Israel estaba cumplida.
Recordemos siempre las
acciones de Yosef. No avergoncemos a nadie en público. Si tenemos que
reprenderlos que sea en privado y con las palabras menos hirientes porque
mañana podemos estar del otro lado y no nos gustaría recibir palabras
agresivas.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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