lunes, 2 de diciembre de 2013

Vaigash

Aquel que avergüenza a una persona puede ser juzgado como si hubiese derramado sangre o como un asesino. Es por eso que Yosef al revelar su verdadera identidad ante sus hermanos dice “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”.

Lo más lógico es que hubiera dicho “Yo soy el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años” o inclusive “Ustedes quisieron matarme”.

Las palabras de Yosef son intimidantes y enfatizan la preocupación por su padre. Si bien en varias oportunidades preguntó por Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A partir de este momento es Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado del riñon paterno 22 años atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente todo ese tiempo.

¿Pero por qué espero a este momento para revelar su identidad?

Porque Yosef quería a Biyamin como siervo y al escuchar de Yehuda que su padre estaría triste por la pérdida de otro hijo comprendió que indirectamente todos sus hermanos estaban arrepentidos de haberlo tirado al pozo.

No quiso avergonzarlos llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Cuando vio que ya no había maldad en sus hermanos, Yosef, el HaTzadik, al pronunciar las palabras de su revelación les está tendiendo la mano del perdón.

Dicen que el tiempo las heridas cura y lo que más quería Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el momento justo. Se terminaría el sufrimiento de ambos.

Yaakov aguantó y cuando se reencontró con Yosef dijo que estaba listo para morir. ¿Por qué? Porque sabía que su misión de ser el padre de las 12 Tribus de Israel estaba cumplida.

Recordemos siempre las acciones de Yosef. No avergoncemos a nadie en público. Si tenemos que reprenderlos que sea en privado y con las palabras menos hirientes porque mañana podemos estar del otro lado y no nos gustaría recibir palabras agresivas.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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