viernes, 28 de septiembre de 2018

Vezot Habrajá


Terminamos el texto de la Torá leyendo sobre la muerte de Moshé quien fuera el hombre más humilde sobre la tierra.

¿Qué persona sabiendo que va morir decide dar bendiciones que no son para sus familiares?

Y surge una pregunta interesante sobre esta última parashá: Si Moshé murió y habla que D´s mismo fue quien lo enterró, ¿quién escribió esta porción?

Poco nos importa si fue Moshé sabiendo lo que iba a suceder o Yehoshua quien la terminó. Lo que realmente importa es que Moshé fue un mensajero de D´s, trasmitió su palabra y no la tomó como propia. No se irguió como el camino sino como un guía.

Moshé no fue una persona que se proclamó como el dueño de la verdad por su condición de profeta.

Fue humano. Sintió ira. Rompió las tablas sobre un pueblo que adoraba a un becerro de oro.

Sintió ira en Merivá cuando golpeó dos veces la vara contra la roca y quedó sentenciado a quedarse fuera de la Tierra de Israel.

No sintió ira al momento de su muerte. Bendijo a las doce tribus como lo había hecho Yaakov a sus hijos antes de morir.

No sintió ira al momento que D´s le muestra toda la tierra a la que no podía entrar.

Murió solo, en lugar que nadie sabe para que no sea adorado.

El hombre que lideró la liberación de Egipto, que siguió firmemente las palabras de D´s y la última persona en ver a D´s directamente.

Terminamos la Torá con la palabra Israel e inmediatamente comenzamos con la palabra Bereshit. Con la última palabra y la primera formamos Leb (corazón). La Torá es el corazón de nuestro pueblo.

Terminamos otro ciclo de lectura de la Torá y nos preparamos para transitar nuevamente el camino, con todas las dificultades que ello conlleva.

No camines sólo, en tu kehilá vas a estar siempre acompañado.

¡Jazak Jazak Venitjazek!

Lucas Fisbein

martes, 25 de septiembre de 2018

Sucot 5779


Prácticamente terminados los Iamin Noraim tenemos la festividad de Sucot. Una festividad llena de alegría (uno de los nombres por la que se la conoce es Iman Simjeteinu) por haber sido juzgados favorablemente.

Celebramos Sucot habitando una Suca que se construye de acuerdo a ciertas reglas. Debe tener por lo menos dos paredes completas y parte de una tercera y lo que no debe faltar es el techo construido con cualquier vegetación cortada de su raíz.

La mitzvá de Sucot “Durante [estos] siete días deben vivir en cabañas con techo de paja. Todos los incluidos en Israel deben vivir en tales cabañas con techo de paja.” (Vaikrá 23:42), tiene la función no sólo de recordar que durante 40 años el Pueblo de Israel habitó en ellas durante su travesía en el desierto, sino que nos sirve como recordatorio que D´s nos protege constantemente. En vez de estar tranquilos y seguros en nuestro hogar, habitamos la Suca para recodarlo porque muchas veces pasa que al estar protegidos olvidamos quien nos protege. Esto está ligado al pasuk que leeimos en la Parashá Haazinu: “engordarán… y se alejarán de mí”.

Con el paso del tiempo, esta mitzvá fue aggiornándose. Los espacios para construir una Sucá fueron disminuyendo y nuestros sabios dictaminaron que cumplimos con la mitzvá comiendo la primera noche dentro de ella y pronunciado las brajot (bendiciones) pertinentes.

Muy a pesar de muchos que piensan que esta modernización nos aleja del cumplimiento de la mitzvá, considero por el contrario que atrae a más gente a compartir un momento en la Sucá. Una seudá (cena) sabática puede ser más importante para nuestro espíritu que estar durante siete días incómodos viviendo en ese lugar.

Otra mitzvá de esta festividad es agitar los arbaat haminim (las cuatro especies que menciona la Tora: etrog, lulag, hadashim y aravot).

¿Por qué debemos usar las cuatro especies? Para complementarse entre todos. El etrog tiene aroma y sabor; el lulav sólo gusto; el hadas sólo sabor y la aravá no posee ninguna de esas características. Agitando las cuatro a la vez podemos hacer que el etrog contenga a la aravá y el lulav y hadas se complementen.

Nuestros sabios comparar los arbaat haminim con el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvót. El etrog sería el ideal, mientras que la aravá sería alguien que está alejado tanto del estudio como del cumplimiento.

Así podremos comprender que la festividad de Sucot es un agradecimiento a D´s y un reconocimiento a su protección. Agitamos las cuatro especies hacia los puntos cardinales para unir a todo el Pueblo de Israel dispersos en el mundo, apuntamos hacia arriba para reconocer a D´s como fuente de nuestra vida y luego hacia abajo para agradecer por lo que hace sobre nosotros que estamos sobre la tierra.

Habitar (o por lo menos cenar) es la Sucá conecta a las generaciones. Si tienes espacio al aire libre en tu hogar construila. Si no tienes, concurre a un lugar donde haya una.

Lo importante es estar. Lo importante es intentar ser como el etrog. Su gusto y aroma perduran con el paso del tiempo.

Al igual que el Pueblo de Israel

Jag Sucot Sameaj!

Lucas Fisbein

martes, 18 de septiembre de 2018

Haazinu


¿Qué es la obesidad y qué tiene que ver con la Parashá de esta semana? La obesidad se define como un aumento de grasa corporal generado por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético que queda relacionado con el texto de esta semana cuando dice “De este modo, Ieshurún engordó y se rebeló. Te volviste gordo, grueso y obeso” (Devarim 32:15)

¿Cómo relacionamos la obesidad con abandonar a D´s?

Cuando uno es muy exitoso en la vida y la “buena suerte” está de su lado, tendemos a olvidar que es la voluntad de D´s que así sea. Nos olvidamos de ser agradecidos y solo acudimos en Su ayuda cuando las papas queman.

Comemos, por consiguiente, en demasía, para satisfacer nuestro ser físico olvidando por completo a nuestro ser espiritual.

Y por comer no sólo queda delimitado taxativamente a la comida. Deseos, impulsos, ambición desmedida, y muchas otras acciones quedan circunscriptas a la obesidad física.

Y así generamos un círculo vicioso en el cual queremos cada vez comida para satisfacernos porque no tenemos un límite. En cambio, para nuestro ser espiritual el límite es el estudio constante de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot..

Nuestro ser espiritual nunca va a ser obeso. La enfermedad de esta parte nuestra es la anorexia. Es decir, el miedo real a engordar. La cura se encuentra en comprender que las mitzvot son reglas que debemos cumplir que alimentan nuestro espíritu. No hay una forma única de cumplirlas. Cada uno las interpreta como puede. Para eso D´s nos dio el libre albedrio.

Y cada vez que lo alimentamos, nuestro ser espiritual siempre queda satisfecho mientras que nuestro ser físico puede fagocitar sin límites.

Tampoco significa que no debamos comer todo lo que queramos, sino que debemos encontrar un punto de equilibrio entre lo que nos alimenta física y espiritualmente.

Terminamos los Iamin Noraim y es un buen momento para pensar y recapacitar si queremos ser obesos el próximo año.

Si deseamos no serlo, la mejor manera de hacerlo no es dejar de comer, sino mirar al cielo y agradecerle a D´s que nos hizo dar cuenta, de que nunca es tarde para encontrar el equilibrio.

Estamos pronto a terminar otro ciclo de lectura de la Torá. Al empezar con Bereshit, D´s nos sirve entrega nuevamente el alimento.

Te invito al banquete. La comida es divina.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Vaielej

Moshé, en su último día de vida, parado frente al Pueblo dice “Sean fuertes y valientes(Vaielej 31:6).

¿Cómo definimos el “ser fuerte”? ¿Es poder levantar una pesa de 100 kilos? ¿Es sacar músculos y mostrárselos a todos? ¿Es caminar por la vida con una postura de perro buldog?

Si pensás que eso es fortaleza, te cuento que cometes un error. Eso es ser payaso, y encima sin maquillaje ni nariz roja.

Ser fuerte significa tener el suficiente valor para afrontar nuestros errores; la inteligencia para aceptarlos y la voluntad para no volver a cometerlos.

En teoría todo muy lindo. Por consiguiente, en la práctica seríamos todos débiles.

Pero esta debilidad es sólo una coraza exterior que nos ponemos. Estamos en el Shabat Shuvá, el Shabat de la introspección y el retorno. El de la oportunidad de dejar de ser o mostrarnos débiles para retornar al camino de la fortaleza.

Aceptemos que cometemos errores. Comencemos a reconocer cuándo hacemos las cosas mal y no esperemos a Iom Kipur para pedir que nuestros pecados expíen. Cualquier época del año es buena para pedir perdón a alguien que lastimamos. Si cometiste una injusticia con alguien en el mes de Adar, ¿vas a esperar hasta Tishrei para redimirte?

El tiempo no espera por nada y por nadie. En el tren de la vida no se bajan todos en la misma estación. No mires las estaciones que faltan para tu destino porque podés llegar a bajarte solo. A veces necesitas bajarte en alguna intermedia, hacer una pausa en tu viaje, y retornarlo sin el peso de alguna palabra que hubiera quedado en el camino.

Iom Kipur es el día de expiación, pero para que ello exista debe haber un pedido de disculpas previo. Si hacés las dos cosas el mismo día, no queda muy honesto de tu parte.

Tenés que ser fuerte simplemente para demostrarte a vos mismo que podés contener el peso de tus impulsos.

Y además Moshé nos pide ser valientes ¿Eso es no mostrar temor cuando nuestros miedos nos acechan?

Al contrario, es aceptarlos y tratar de superarlos.

No es fácil ser las dos cosas a la vez, pero es un requisito para ser mejor persona.

A lo largo de nuestra historia hemos cometido errores y de algunos aprendimos y de otros no.

D´s siempre nos da una oportunidad de redimirnos y está en nosotros tomarla o rechazarla.

Si tenés que pedir disculpas hacelo ahora. No vaya a ser que “el guarda” toque el silbato, el tren arranque y te quedes mirando por puerta aquello que nunca más sucederá.

Debemos ser fuertes y valientes porque de esta manera no viajaremos nunca solos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 4 de septiembre de 2018

Nitzavim


¡Mira! Hoy he puesto delante de ti [una libre elección] entre la vida y el bien [por un lado], y la muerte y el mal [por el otro].” (Devarim 30:15)

¿Hay alguien que elegiría acaso el camino del mal? ¿Seríamos racionales eligiendo esa opción?

Para entender cuál es nuestra alternativa tenemos que definir qué es vida.

Vida no es simplemente un corazón que late e irriga sangre por todo nuestro cuerpo al compás del aire que ingresa a nuestros pulmones. Vida es tener sueños, metas, objetivos y humildad.

Si no comprendemos que nuestra vida terrenal es corta y tiene un tiempo definido, sencillamente estaremos eligiendo el camino de la muerte.

Tenemos un cuerpo físico que nace, crece y muere. Eso es inevitable. Pero también poseemos un cuerpo espiritual cuya vida comenzó con la Creación y perdurará por el resto de los días.

Y las actitudes positivas que tomamos frente a la vida es lo que alimenta nuestra parte espiritual. Quedarnos sentados viendo como nos pasa el tiempo es elegir la muerte.

Elegir la vida es seguir las mitzvot. En el Sinaí estuvimos todos, sea física o espiritualmente. Todos aceptamos el pacto con Di-s. El pacto de la vida.

Y este pacto también tiene sus aristas. Nuestro ser físico tiene deseos y necesidades que muchas veces pueden contrariar a nuestro ser espiritual. Sepamos entender que no sólo de Tefilá se alimenta nuestro cuerpo. Hay impulsos, sentimientos y contradicciones, que hacen que nuestro accionar muchas veces se vuelque hacia la elección de la muerte.

Elegir la vida es encontrar la armonía entre nuestros seres (físico y espiritual) de manera tal que el paso por este mundo no sea un obstáculo de nuestro desarrollo para el mundo venidero ni que una excesiva espiritualidad nos impida disfrutar de nuestro presente.

Y la elección entre la vida y la muerte es dirigida al Pueblo de Israel como un ser único. No se menciona explícitamente la palabra “Pueblo” sino que Di-s se refiere a nosotros en segunda persona. Nos da la idea de comunidad donde cada miembro es importante y si faltara uno la cosa sería distinta.

Kol Israel arevin ze laze.

Cada uno de nosotros somos responsables por los otros. Cada uno de nosotros es responsable porque el otro elija siempre la vida.

Elul fue un mes de introspección. De mirarnos hacia adentro y ver cómo actuamos hacia afuera. De preguntarnos qué hicimos y para qué. De pedir perdón y a la vez perdonar. De pensar qué elegir y con ello cómo actuar.

Tishrei comienza con los Iamim Noraim. Otro año más a punto de iniciarse, y al conocido saludo de Shaná Tová le agrego “que sigas eligiendo la vida”

Shabat Shalom

Lucas Fisbein