jueves, 27 de diciembre de 2018

Shemot 5779


Un nuevo rey, que no sabía de Iosef, tomó el poder en Egipto.” (Shemot 1:8). Más que no saber, no quería saber. De acuerdo a lo narrado en el libro de Bereshit, Egipto sobrevivió a la hambruna gracias a la habilidad político-económica de Iosef para acopiar en momentos de abundancia y aprovechar ese excedente en momentos de escasés.

Le anunció a su pueblo: “Los israelitas están volviéndose demasiado numerosos y fuertes para nosotros.” (Shemot 1:9).

El miedo al pueblo hebreo estuvo presente a lo largo de toda la historia. ¿Y por qué nos tienen miedo? Porque mantuvimos nuestras raíces intactas. Nuestros nombres perduraron a través de los tiempos.

Y el miedo cuando es fundamentado sin razón se transforma en pánico. Y cuando actuamos bajo esa sensación nuestras acciones son irracionales.

El faraón decretó matar a todos los bebés hombres recién nacidos. ¿Qué culpa tiene un pobre bebé del pánico que sufre el Faraón?

El Talmud nos dice que “Por el mérito de las mujeres tzidakaniot de esa generación, Am Israel (el pueblo de Israel) fue redimido de Egipto”. ¿Pero qué tiene de justo que Yojeved arrojara a su hijo a las aguas del Nilo?

Le dio la posibilidad de vivir. Le dio la posibilidad de ser. La posibilidad de ver las injusticias a las que el pueblo hebreo era sometido.

Y como una picardía del destino Yojeved tuvo su recompensa y amamantó a su pequeño hijo ya que la hija del faraón, que había recogido a Moshé de las aguas del Nilo, no podía hacerlo.

El mérito de Yojeved fue darle la oportunidad a Moshé de vivir, de la misma manera que Tzipora, su esposa, lo hiciera muchos años después.

De acuerdo al Midrash, un ángel quiso matar a Moshé por no haber circuncidado a su hijo. Ella lo hace rápidamente y evita que Moshé sea asesinado.

En un mundo donde la cosificación de las mujeres parece haberlas trasladado a un segundo plano, su mérito ahora es el de denunciar las injusticias a las que fueron y son sometidas.

Que hablen y digan fuerte sus nombres para que no vuelva a ocurrir que se olviden de ellas como pasó con Iosef.

D´s no creó a la mujer para ser sometida por el hombre sino para que transiten juntos el camino de vida.

Dejemos de lado las palabras patriarcado, matriarcado, machismo y feminismo. Centrémonos en humanidad.

Hagamos entre todos un mundo mejor. Donde nuestro mérito sea ser recordados por lo que hicimos y que nuestros nombres transciendan más allá de nuestras vidas.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 18 de diciembre de 2018

Vaiejí 5779


Salvo en Iom Kipur, después de pronunciar con los ojos cubiertos el Shemá Israel, decimos en voz baja la frase “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed” (Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre).

Esta frase no figura en la Torá escrita pero nuestros jajamin dictaminaron que se debe pronunciar en voz baja (Pninei Halajá Tefilá 15:7).

¿Y dónde sale esta frase? Antes de fallecer Yaakov todos los hijos se reunieron alrededor de él y les preguntó si entre ellos había un Ishmael o un Esav como había ocurrido con sus antecesores Abraham e Itzjak respectivamente. Todos repitieron al unísono el Shemá Israel. Ese momento Yaakov sin fuerzas para hablar logra pronunciar en voz baja: Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed”.

Yaakov antes de bendecir a sus hijos bendice a sus nietos. Es la primera interacción pura entre abuelos y nietos en la Torá. Primero bendice a sus nietos y luego a sus hijos. ¿Por qué? Porque el ser humano es la única criatura que conoce los sentimientos de filiación. Es hermoso tener hijos, pero más bello es tener nietos.

Podemos darle más importancia al relato diciendo que Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos que no se pelearon; que crecieron en una tierra extraña y aun así mantuvieron sus raíces; y que no se opusieron al cambio en el orden de la bendición.

José Hernández en clara alusión, y por qué no plagio, al Salmo 133, nos dice en su obra Martín Fierro “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”.

Todos queremos siempre que nuestros hijos no peleen para no ser “devorados por los de afuera” y que sean siempre felices.

Que seamos como Efraim y Menashé, no sólo con nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de Israel y si no es mucho pedir, también con toda la humanidad.

D´s es único, tanto para quien cree en Él como para quién no. Es decir, para toda la humanidad sin distinciones.

Esta semana terminamos de leer la “génesis” del pueblo judío. La semilla que empezó con Abraham germinó y dio sus frutos.

Que estos frutos puedan conservar su pureza en nuestros días a pesar de estar diseminados por todo el mundo. Que D´s nos haga como Efraim y Menashé.

Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 11 de diciembre de 2018

Vaigash 5779


"Es mejor que la persona se arroje a un horno ardiente", dice el Talmud, "a que avergüence a su prójimo en público". Es decir que aquel que avergüenza a una persona puede ser juzgado como si hubiese cometido un asesinato. Es por eso que Yosef al revelar su identidad a sus hermanos dice “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”. (Vaigash 45:3)

La gran mayoría en su lugar hubiera dicho “Yo soy el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años” o inclusive “Ustedes quisieron matarme”.

Las palabras de Yosef son intimidantes y enfatizan la preocupación por su padre. Si bien en varias oportunidades preguntó por Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A partir de este momento es Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado del riñón paterno 22 años atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente todo ese tiempo.

¿Pero por qué espero a este momento para revelar su identidad?

Porque Yosef probó a sus hermanos. “El (por Biyamin) que en cuya posesión se encontró el cáliz será mi esclavo.” (Miketz 44:17). Yehuda a raíz de eso dice “Cuando vea que el muchacho no está allí, ¡morirá!“ (Vaigash 44:31)

Por analogía de situaciones se dio cuenta que sus hermanos estaban arrepentidos.

Yehuda además agrega “¿Puesto que cómo puedo volver a mi padre si el muchacho no está conmigo? ¡No puedo soportar ver la perversa desgracia que sufriría mi padre!”” (Vaigash 44:35)

Tenía todos los motivos para hacerlo, pero Yosef no quiso avergonzarlos llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Al ver que había arrepentimiento, y por consiguiente ausencia de maldad, pronuncia las palabras de su revelación tendiéndoles la mano del perdón.

El tiempo las heridas cura y lo que más quería Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el momento justo. Se terminaría el sufrimiento de ambos.

Aunque hay una pregunta que dejo a ustedes para que piensen. Si tanto quería Yosef ver a su padre, ¿por qué se quedó en Egipto y no volvió para ver si estaba?

Cuando sus hijos le contaron a Yaakov, la Torá nos dice “¡Es demasiado! –dijo Israel–. ¡Mi hijo Yosef está vivo! ¡Debo ir y verlo antes de morir!” (Vaigash 45:28).

¿Por qué Israel y no Yaakov? Porque Israel es el padre de las 12 tribus. La misión de formar al Pueblo de Israel estaba cumplida. Yaakov era el padre de 13 hijos (Dina incluida). Israel era el padre de las 12 tribus.

Yosef fue un hombre medido. Un soñador e interpretador de sueños. Un economista como pocos en su época. Pero por sobre todas las cosas fue una persona justa al momento de reprochar a otro sus errores.
Si tenemos que reprochar algo a alguien, no lo hagamos en público. Que sea en privado y con las palabras menos hirientes porque mañana se puede dar vuelta la cosa y estar del otro lado.

Así como Yosef acopió el excedente de comida, guardemos nuestras palabras para otro momento. Mastiquemos la bronca para que cuando entre a nuestro estómago ya esté lo suficientemente deglutida para que su efecto sea nulo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 4 de diciembre de 2018

Miketz 5779


¿Cuántas veces escuchamos a la gente quejarse por los problemas cotidianos? ¿Cuánto tiempo perdemos quejándonos de los problemas en vez de buscarle soluciones? Si hay un problema es porque tiene solución, sino se llamaría de otra forma.

En la Parashá Miketz aprendemos lo importante que es ser proactivo. La proactividad es la actitud de una persona a tomar la iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras.

Yosef se encontraba prisionero en Egipto. Había sido vendido por sus hermanos, engañado por la esposa de Potifar y olvidado por dos años por el jefe de los coperos.

La suerte (o la ayuda de D´s, dependiendo del grado de fe que uno tenga) estuvo de su lado cuando el faraón tiene dos sueños que nadie pudo interpretar. El jefe de los coperos recordó que “Había un joven hebreo con nosotros, un esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y él los interpretó. Nos proporcionó una interpretación a cada uno de nosotros” (Miketz 41:12)

El faraón le cuenta los sueños de las vacas flacas y las vacas gordas, y las siete espigas delgadas y siete espigas gruesas.

Acá no sólo Yosef interpreta correctamente los sueños del faraón, sino que actúa proactivamente al decirle “Ahora el faraón debe buscar un hombre con perspicacia y sabiduría, y ponerlo a cargo de Egipto” (Miketz 41:33)

“Entonces el faraón debe tomar medidas adicionales, y nombrar funcionarios sobre la tierra. Tendrá que establecerse sobre Egipto un sistema de raciones durante los siete años de excedente” (Miketz 41:34)

Le estaba dando una lección de economía. Cuando estamos en un buen pasar y tenemos los suficientes recursos económicos para sobrellevar nuestro presente lo recomendable es ahorrar y guardar un poco de lo que tenemos para los momentos en los que necesitemos. En otras palabras, no derroches y guarda para cuando no tengas.

Yosef además de mostrarle el problema, los siete años de hambruna, le estaba dando la solución. Nadie se la pidió, pero Yosef tomó la iniciativa propia de hacerlo.

Yosef fue proactivo. ¿Lo somos nosotros?

¿Cuántas veces en nuestras kehilot nos quejamos por alguna cosa? ¿Somos acaso ajenos a nuestro entorno que no podemos comprometernos a solucionar lo que criticamos?

Ser proactivo no significa estar sugiriendo soluciones a todo momento. Implica saber cuándo y a quién darlas. Anticiparse a la solución cuando aún el problema pudo no haber comenzado.

Cuando el Segundo Templo fue profanado por los griegos y ya no quedaba aceite suficiente para una semana, hubo alguien que actúo proactivamente y decidió encender la Menorá.

Hubo un problema, todos los vieron, que fue la falta de aceite. Pero hubo uno que fue proactivo y sugirió que la luz de nuestra tradición siga encendida.

Tanto los Macabim como Yosef tuvieron problemas y los solucionaron proactivamente.

Si derrochamos nuestro tiempo y no lo ahorramos en Tefilá, estamos condenando a las generaciones venideras a una hambruna espiritual.

Este Shabat “ahorrate” unos minutos para compartirlo en Comunidad. D´s hará el milagro como en aquellos días.

Jag Urim Sameaj!

Shabat Shalom

Lucas Fisbein