“Un nuevo rey, que no sabía de Iosef, tomó el poder en Egipto.”
(Shemot 1:8). Más que no saber, no quería saber. De acuerdo a lo narrado en el
libro de Bereshit, Egipto sobrevivió a la hambruna gracias a la habilidad
político-económica de Iosef para acopiar en momentos de abundancia y aprovechar
ese excedente en momentos de escasés.
“Le anunció a su pueblo: “Los israelitas están volviéndose
demasiado numerosos y fuertes para nosotros.” (Shemot 1:9).
El
miedo al pueblo hebreo estuvo presente a lo largo de toda la historia. ¿Y por
qué nos tienen miedo? Porque mantuvimos nuestras raíces intactas. Nuestros
nombres perduraron a través de los tiempos.
Y
el miedo cuando es fundamentado sin razón se transforma en pánico. Y cuando
actuamos bajo esa sensación nuestras acciones son irracionales.
El
faraón decretó matar a todos los bebés hombres recién nacidos. ¿Qué
culpa tiene un pobre bebé del pánico que sufre el Faraón?
El
Talmud nos dice que “Por el mérito de las mujeres tzidakaniot de esa
generación, Am Israel (el pueblo de Israel) fue redimido de Egipto”. ¿Pero qué
tiene de justo que Yojeved arrojara a su hijo a las aguas del Nilo?
Le
dio la posibilidad de vivir. Le dio la posibilidad de ser. La posibilidad de
ver las injusticias a las que el pueblo hebreo era sometido.
Y
como una picardía del destino Yojeved tuvo su recompensa y amamantó a su
pequeño hijo ya que la hija del faraón, que había recogido a Moshé de las aguas
del Nilo, no podía hacerlo.
El
mérito de Yojeved fue darle la oportunidad a Moshé de vivir, de la misma manera
que Tzipora, su esposa, lo hiciera muchos años después.
De
acuerdo al Midrash, un ángel quiso matar a Moshé por no haber circuncidado a su
hijo. Ella lo hace rápidamente y evita que Moshé sea asesinado.
En
un mundo donde la cosificación de las mujeres parece haberlas trasladado a un
segundo plano, su mérito ahora es el de denunciar las injusticias a las que
fueron y son sometidas.
Que
hablen y digan fuerte sus nombres para que no vuelva a ocurrir que se olviden
de ellas como pasó con Iosef.
D´s
no creó a la mujer para ser sometida por el hombre sino para que transiten
juntos el camino de vida.
Dejemos
de lado las palabras patriarcado, matriarcado, machismo y feminismo.
Centrémonos en humanidad.
Hagamos
entre todos un mundo mejor. Donde nuestro mérito sea ser recordados por lo que
hicimos y que nuestros nombres transciendan más allá de nuestras vidas.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein