Yaakov retorna y debe enfrentar la furia de su
hermano. Para lograrlo idea una téctica militar similar a la que Sun Tzu
escribiría en El Arte de la Guerra mucho tiempo después.
“Yaakov estuvo muy atemorizado
y afligido. Dividió a las personas que lo acompañaban en dos campamentos, junto
con las ovejas, el ganado y los camellos” (Bereshit 32:8). “Dijo: “Si
Esav viene y ataca un campamento, al menos el otro campamento sobrevivirá””.(Bereshit
32:9)
Es entonces cuando queda solo que tiene la lucha
con el ángel y recibe el nombre de Israel. Con ese nombre se cierra el ciclo
espiritual. El ángel “Entonces bendijo [a Yaakov]” (Bereshit 32:30). A partir de este momento Yaakov
podía decir que tenía todo.
Llega entonces el momento de enfrentar a su
hermano. Quien había “peleado con Di-s” debía pasar la prueba de “pelear contra
su propia sangre”.
Los dos hermanos se encuentran. Frente a frente. “Esav
corrió al encuentro de ellos. Abrazó [a Yaakov], y echándose sobre los hombros
de él, lo besó. [Ambos] lloraron”. (Bereshit 33:4). De acuerdo al Midrash Esav quiso
morder a Yaakov y Di-s convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces
se rompió los dientes. Si vemos el texto en hebreo hay unos puntos encima de
este pasuk simbolizando los dientes rotos de Esav.
Esav le dice a Yaakov: “Tengo mucho hermano mío.
Que lo tuyo siga siendo tuyo”. (Bereshit 33:9). Pero, ¿qué es tener mucho? ¿Es
tener suficientes cosas materiales para satisfacernos durante el día? ¿es tener
nuestra billetera llena para comprarnos todo lo que queremos? ¿es acaso la
capacidad de poder obtener todo lo material que querramos? Libros, amigos y
posesiones se pueden comprar. Sabiduría, amistad y fe en Di-s no son
mensurables en dinero.
Yaakov sabiamente responde “Di-s ha sido
benevolente conmigo, y tengo todo”. (Bereshit 33:11) Tener todo es
semejante a decir soy un ser rico espiritualmente porque materialmente estoy
satisfecho.
Si tengo mucho voy siempre a querer más. Si tengo
todo, ¿qué más puedo pedir? Tengo lo que necesito.
El Midrash anterior nos enseña que cuando
intentamos sobreponer lo material a lo espiritual, porque seamos sinceros,
necesitamos de las dos cosas, nuestro mundo material tiende a romperse como los
dientes de Esav.
Tenemos que lograr un equilibrio para ser como
Yaakov. Él tenía materialmente todo lo que quería, pero estaba unos cuantos
pasos más adelante que su hermano en reconocer lo que no se compra con dinero:
familia y amor a Di-s, que para él eran los valores más importantes.
Hagamos un balance de nuestra vida y preguntémonos
qué tenemos. Si tenemos mucho, pensemos qué nos falta para poder decir que
tenemos todo. Y si sentimos que tenemos todo agradezcámosle a Di- por hacernos
semajantes a Yaakov. Él fue el padre de las Doce Tribus. Nosotros, de nuestro
futuro.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein