“Abraham expiró y
murió en una buena edad, anciano y complacido, y fue reunido con su pueblo”
(Bereshit 25:8).
El texto nos da tres
calificativos de la muerte de nuestro patriarca. Las dos primeras son casi
idénticas: en una buena edad y anciano. Lo que cuesta entender es el
significado de complacido. ¿Complacido de qué? La Torá no nos lo explica sino
que debemos interpretar el sugiente pasuk (versículo). “Sus hijos, Itzjak e
Ishmael, lo enterraron en la cueva de Majpelá, en el campo de Efrón hijo de
Tzojar el hitita, que limita con Mamré” (Bereshit 25:9).
En ningún momento nos
indica el texto que haya habido una discusión o pelea entre estos dos hermanos en
ese momento. ¿Será que Abraham había previsto esta pseudo unión de los hermanos
y murió complacido de que así sería? ¿Por qué no nombra el texto la presencia
de Zimrán, Iakshán, Medán, Midián, Ishbak y Shúaj, los hijos que tuvo
con Keturá (algunos estudiosos dicen que era Hagar, la egipcia)?
Tal
vez Abraham tuvo la esperanza de que estos dos hermanos puedan vivir juntos en
paz. De haber sido así no existirían los conflictos actuales de Medio Oriente.
Pero
a pesar de estar distanciados y seguramente enemistados, ¿qué es lo que hace
que en el entierro de Abraham no se mencione pleito alguno? Ishmael tenía todo
el derecho a reclamar ya que como vimos la semana pasada “Abraham se levantó muy
de mañana. Tomó pan y un odre con agua, y se lo dio a Hagar, poniéndolo sobre
el hombro de ella. La despidió con el muchacho” (Bereshit 21:14)
No
hay mención a palabras entre los dos hermanos porque son las palabras las que
inician las peleas. Si no hay palabras, por más tensión que haya entre ellos,
no existía la posibilidad de un conflicto.
El
respeto de ambos por su padre fue mucho más fuerte que los sentimientos
adversos que sentían mutuamente.
Y
qué contraste entre la muerte de Sara sufriendo por la Akedat Itzjak y la de
Abraham muriendo complacido.
Y
fueron enterrados juntos. Itzjak continuo su vida bendecido por su padre. Nada
se dice de una bendición para Ishmael.
¿Fue
justo para uno sí y para otro no? ¿No genera conflicto entre hermanos? Solemos
quejarnos de las consecuencias sin fijarnos en las causas.
Recurrimos
a Di-s cuando tenemos un problema para pedirle por una solución, por una
consecuencia. Olvidamos agradecerle de antemano por todo lo que ha hecho por
nosotros, muchas causas.
Hasta
el día de nuestra partida de este mundo tenemos la oportunidad de ver las
causas porque nuestro final es la consecuencia de las vidas (jaiei), como las
de Sara, que decidimos llevar adelante. Está en nosotros que sea sufrido o complacido.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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