miércoles, 8 de noviembre de 2017

Jaiei Sara

“Abraham expiró y murió en una buena edad, anciano y complacido, y fue reunido con su pueblo” (Bereshit 25:8).
El texto nos da tres calificativos de la muerte de nuestro patriarca. Las dos primeras son casi idénticas: en una buena edad y anciano. Lo que cuesta entender es el significado de complacido. ¿Complacido de qué? La Torá no nos lo explica sino que debemos interpretar el sugiente pasuk (versículo). “Sus hijos, Itzjak e Ishmael, lo enterraron en la cueva de Majpelá, en el campo de Efrón hijo de Tzojar el hitita, que limita con Mamré” (Bereshit 25:9).
En ningún momento nos indica el texto que haya habido una discusión o pelea entre estos dos hermanos en ese momento. ¿Será que Abraham había previsto esta pseudo unión de los hermanos y murió complacido de que así sería? ¿Por qué no nombra el texto la presencia de Zimrán, Iakshán, Medán, Midián, Ishbak y Shúaj, los hijos que tuvo con Keturá (algunos estudiosos dicen que era Hagar, la egipcia)?
Tal vez Abraham tuvo la esperanza de que estos dos hermanos puedan vivir juntos en paz. De haber sido así no existirían los conflictos actuales de Medio Oriente.
Pero a pesar de estar distanciados y seguramente enemistados, ¿qué es lo que hace que en el entierro de Abraham no se mencione pleito alguno? Ishmael tenía todo el derecho a reclamar ya que como vimos la semana pasada “Abraham se levantó muy de mañana. Tomó pan y un odre con agua, y se lo dio a Hagar, poniéndolo sobre el hombro de ella. La despidió con el muchacho” (Bereshit 21:14)
No hay mención a palabras entre los dos hermanos porque son las palabras las que inician las peleas. Si no hay palabras, por más tensión que haya entre ellos, no existía la posibilidad de un conflicto.
El respeto de ambos por su padre fue mucho más fuerte que los sentimientos adversos que sentían mutuamente.
Y qué contraste entre la muerte de Sara sufriendo por la Akedat Itzjak y la de Abraham muriendo complacido.
Y fueron enterrados juntos. Itzjak continuo su vida bendecido por su padre. Nada se dice de una bendición para Ishmael.
¿Fue justo para uno sí y para otro no? ¿No genera conflicto entre hermanos? Solemos quejarnos de las consecuencias sin fijarnos en las causas.
Recurrimos a Di-s cuando tenemos un problema para pedirle por una solución, por una consecuencia. Olvidamos agradecerle de antemano por todo lo que ha hecho por nosotros, muchas causas.
Hasta el día de nuestra partida de este mundo tenemos la oportunidad de ver las causas porque nuestro final es la consecuencia de las vidas (jaiei), como las de Sara, que decidimos llevar adelante. Está en nosotros que sea sufrido o complacido.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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