jueves, 27 de diciembre de 2018

Shemot 5779


Un nuevo rey, que no sabía de Iosef, tomó el poder en Egipto.” (Shemot 1:8). Más que no saber, no quería saber. De acuerdo a lo narrado en el libro de Bereshit, Egipto sobrevivió a la hambruna gracias a la habilidad político-económica de Iosef para acopiar en momentos de abundancia y aprovechar ese excedente en momentos de escasés.

Le anunció a su pueblo: “Los israelitas están volviéndose demasiado numerosos y fuertes para nosotros.” (Shemot 1:9).

El miedo al pueblo hebreo estuvo presente a lo largo de toda la historia. ¿Y por qué nos tienen miedo? Porque mantuvimos nuestras raíces intactas. Nuestros nombres perduraron a través de los tiempos.

Y el miedo cuando es fundamentado sin razón se transforma en pánico. Y cuando actuamos bajo esa sensación nuestras acciones son irracionales.

El faraón decretó matar a todos los bebés hombres recién nacidos. ¿Qué culpa tiene un pobre bebé del pánico que sufre el Faraón?

El Talmud nos dice que “Por el mérito de las mujeres tzidakaniot de esa generación, Am Israel (el pueblo de Israel) fue redimido de Egipto”. ¿Pero qué tiene de justo que Yojeved arrojara a su hijo a las aguas del Nilo?

Le dio la posibilidad de vivir. Le dio la posibilidad de ser. La posibilidad de ver las injusticias a las que el pueblo hebreo era sometido.

Y como una picardía del destino Yojeved tuvo su recompensa y amamantó a su pequeño hijo ya que la hija del faraón, que había recogido a Moshé de las aguas del Nilo, no podía hacerlo.

El mérito de Yojeved fue darle la oportunidad a Moshé de vivir, de la misma manera que Tzipora, su esposa, lo hiciera muchos años después.

De acuerdo al Midrash, un ángel quiso matar a Moshé por no haber circuncidado a su hijo. Ella lo hace rápidamente y evita que Moshé sea asesinado.

En un mundo donde la cosificación de las mujeres parece haberlas trasladado a un segundo plano, su mérito ahora es el de denunciar las injusticias a las que fueron y son sometidas.

Que hablen y digan fuerte sus nombres para que no vuelva a ocurrir que se olviden de ellas como pasó con Iosef.

D´s no creó a la mujer para ser sometida por el hombre sino para que transiten juntos el camino de vida.

Dejemos de lado las palabras patriarcado, matriarcado, machismo y feminismo. Centrémonos en humanidad.

Hagamos entre todos un mundo mejor. Donde nuestro mérito sea ser recordados por lo que hicimos y que nuestros nombres transciendan más allá de nuestras vidas.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 18 de diciembre de 2018

Vaiejí 5779


Salvo en Iom Kipur, después de pronunciar con los ojos cubiertos el Shemá Israel, decimos en voz baja la frase “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed” (Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre).

Esta frase no figura en la Torá escrita pero nuestros jajamin dictaminaron que se debe pronunciar en voz baja (Pninei Halajá Tefilá 15:7).

¿Y dónde sale esta frase? Antes de fallecer Yaakov todos los hijos se reunieron alrededor de él y les preguntó si entre ellos había un Ishmael o un Esav como había ocurrido con sus antecesores Abraham e Itzjak respectivamente. Todos repitieron al unísono el Shemá Israel. Ese momento Yaakov sin fuerzas para hablar logra pronunciar en voz baja: Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed”.

Yaakov antes de bendecir a sus hijos bendice a sus nietos. Es la primera interacción pura entre abuelos y nietos en la Torá. Primero bendice a sus nietos y luego a sus hijos. ¿Por qué? Porque el ser humano es la única criatura que conoce los sentimientos de filiación. Es hermoso tener hijos, pero más bello es tener nietos.

Podemos darle más importancia al relato diciendo que Efraim y Menashé fueron los primeros hermanos que no se pelearon; que crecieron en una tierra extraña y aun así mantuvieron sus raíces; y que no se opusieron al cambio en el orden de la bendición.

José Hernández en clara alusión, y por qué no plagio, al Salmo 133, nos dice en su obra Martín Fierro “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”.

Todos queremos siempre que nuestros hijos no peleen para no ser “devorados por los de afuera” y que sean siempre felices.

Que seamos como Efraim y Menashé, no sólo con nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de Israel y si no es mucho pedir, también con toda la humanidad.

D´s es único, tanto para quien cree en Él como para quién no. Es decir, para toda la humanidad sin distinciones.

Esta semana terminamos de leer la “génesis” del pueblo judío. La semilla que empezó con Abraham germinó y dio sus frutos.

Que estos frutos puedan conservar su pureza en nuestros días a pesar de estar diseminados por todo el mundo. Que D´s nos haga como Efraim y Menashé.

Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 11 de diciembre de 2018

Vaigash 5779


"Es mejor que la persona se arroje a un horno ardiente", dice el Talmud, "a que avergüence a su prójimo en público". Es decir que aquel que avergüenza a una persona puede ser juzgado como si hubiese cometido un asesinato. Es por eso que Yosef al revelar su identidad a sus hermanos dice “Yo soy Yosef, ¿vive aún mi padre?”. (Vaigash 45:3)

La gran mayoría en su lugar hubiera dicho “Yo soy el que tiraron al pozo”, “Yo soy el que alejaron de mi padre por 22 años” o inclusive “Ustedes quisieron matarme”.

Las palabras de Yosef son intimidantes y enfatizan la preocupación por su padre. Si bien en varias oportunidades preguntó por Yaakov, quien lo hacía era el Virrey de Egipto. A partir de este momento es Yosef quien pregunta por su padre. El hijo separado del riñón paterno 22 años atrás y por quien su padre sufrió desconsoladamente todo ese tiempo.

¿Pero por qué espero a este momento para revelar su identidad?

Porque Yosef probó a sus hermanos. “El (por Biyamin) que en cuya posesión se encontró el cáliz será mi esclavo.” (Miketz 44:17). Yehuda a raíz de eso dice “Cuando vea que el muchacho no está allí, ¡morirá!“ (Vaigash 44:31)

Por analogía de situaciones se dio cuenta que sus hermanos estaban arrepentidos.

Yehuda además agrega “¿Puesto que cómo puedo volver a mi padre si el muchacho no está conmigo? ¡No puedo soportar ver la perversa desgracia que sufriría mi padre!”” (Vaigash 44:35)

Tenía todos los motivos para hacerlo, pero Yosef no quiso avergonzarlos llamándolos “malos hermanos”, “asesinos”, “traidores”. Al ver que había arrepentimiento, y por consiguiente ausencia de maldad, pronuncia las palabras de su revelación tendiéndoles la mano del perdón.

El tiempo las heridas cura y lo que más quería Yosef era reunirse con su padre. Ese fue el momento justo. Se terminaría el sufrimiento de ambos.

Aunque hay una pregunta que dejo a ustedes para que piensen. Si tanto quería Yosef ver a su padre, ¿por qué se quedó en Egipto y no volvió para ver si estaba?

Cuando sus hijos le contaron a Yaakov, la Torá nos dice “¡Es demasiado! –dijo Israel–. ¡Mi hijo Yosef está vivo! ¡Debo ir y verlo antes de morir!” (Vaigash 45:28).

¿Por qué Israel y no Yaakov? Porque Israel es el padre de las 12 tribus. La misión de formar al Pueblo de Israel estaba cumplida. Yaakov era el padre de 13 hijos (Dina incluida). Israel era el padre de las 12 tribus.

Yosef fue un hombre medido. Un soñador e interpretador de sueños. Un economista como pocos en su época. Pero por sobre todas las cosas fue una persona justa al momento de reprochar a otro sus errores.
Si tenemos que reprochar algo a alguien, no lo hagamos en público. Que sea en privado y con las palabras menos hirientes porque mañana se puede dar vuelta la cosa y estar del otro lado.

Así como Yosef acopió el excedente de comida, guardemos nuestras palabras para otro momento. Mastiquemos la bronca para que cuando entre a nuestro estómago ya esté lo suficientemente deglutida para que su efecto sea nulo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 4 de diciembre de 2018

Miketz 5779


¿Cuántas veces escuchamos a la gente quejarse por los problemas cotidianos? ¿Cuánto tiempo perdemos quejándonos de los problemas en vez de buscarle soluciones? Si hay un problema es porque tiene solución, sino se llamaría de otra forma.

En la Parashá Miketz aprendemos lo importante que es ser proactivo. La proactividad es la actitud de una persona a tomar la iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras.

Yosef se encontraba prisionero en Egipto. Había sido vendido por sus hermanos, engañado por la esposa de Potifar y olvidado por dos años por el jefe de los coperos.

La suerte (o la ayuda de D´s, dependiendo del grado de fe que uno tenga) estuvo de su lado cuando el faraón tiene dos sueños que nadie pudo interpretar. El jefe de los coperos recordó que “Había un joven hebreo con nosotros, un esclavo del capitán de la guardia. Le contamos nuestros sueños, y él los interpretó. Nos proporcionó una interpretación a cada uno de nosotros” (Miketz 41:12)

El faraón le cuenta los sueños de las vacas flacas y las vacas gordas, y las siete espigas delgadas y siete espigas gruesas.

Acá no sólo Yosef interpreta correctamente los sueños del faraón, sino que actúa proactivamente al decirle “Ahora el faraón debe buscar un hombre con perspicacia y sabiduría, y ponerlo a cargo de Egipto” (Miketz 41:33)

“Entonces el faraón debe tomar medidas adicionales, y nombrar funcionarios sobre la tierra. Tendrá que establecerse sobre Egipto un sistema de raciones durante los siete años de excedente” (Miketz 41:34)

Le estaba dando una lección de economía. Cuando estamos en un buen pasar y tenemos los suficientes recursos económicos para sobrellevar nuestro presente lo recomendable es ahorrar y guardar un poco de lo que tenemos para los momentos en los que necesitemos. En otras palabras, no derroches y guarda para cuando no tengas.

Yosef además de mostrarle el problema, los siete años de hambruna, le estaba dando la solución. Nadie se la pidió, pero Yosef tomó la iniciativa propia de hacerlo.

Yosef fue proactivo. ¿Lo somos nosotros?

¿Cuántas veces en nuestras kehilot nos quejamos por alguna cosa? ¿Somos acaso ajenos a nuestro entorno que no podemos comprometernos a solucionar lo que criticamos?

Ser proactivo no significa estar sugiriendo soluciones a todo momento. Implica saber cuándo y a quién darlas. Anticiparse a la solución cuando aún el problema pudo no haber comenzado.

Cuando el Segundo Templo fue profanado por los griegos y ya no quedaba aceite suficiente para una semana, hubo alguien que actúo proactivamente y decidió encender la Menorá.

Hubo un problema, todos los vieron, que fue la falta de aceite. Pero hubo uno que fue proactivo y sugirió que la luz de nuestra tradición siga encendida.

Tanto los Macabim como Yosef tuvieron problemas y los solucionaron proactivamente.

Si derrochamos nuestro tiempo y no lo ahorramos en Tefilá, estamos condenando a las generaciones venideras a una hambruna espiritual.

Este Shabat “ahorrate” unos minutos para compartirlo en Comunidad. D´s hará el milagro como en aquellos días.

Jag Urim Sameaj!

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 27 de noviembre de 2018

Vaieshev 5779


¿Cuántas veces somos designados para hacer algo y desaprovechamos la oportunidad? ¿Cuántas veces en vez de abrir nuestras alas para volar echamos a tierra nuestras aspiraciones?

Onán, hijo de Yehuda, tenía una oportunidad para hacer algo. Cuando falleció su hermano Er, siguiendo la tradición de aquella época, debía casarse con Tamar, viuda de Er, y concebir un hijo para mantener vivo el nombre de su hermano.

Onán evitó por todos los medios posibles que eso ocurriera. “Lo que hizo era malo a los ojos de D´s, y también lo hizo morir a él” (Vaieshev 38:10).

Sin ahondar en detalles sobre lo actuado por Onán, tomemos como premisa para nuestra vida, que, si somos designados para hacer algo, y comenzamos a hacerlo, debemos terminar.

Si no nos sentimos capacitados y/o cómodos para la tarea, lo mejor es decirlo al principio y conseguir otra persona que lo haga. Nadie nos debería juzgar por lo que hacemos o dejamos de hacer, sino más bien por lo que hacemos por la mitad.

En la película Karate Kid, el señor Miyagi le dice a Daniel: “Ir por la carretera. Por la derecha, a salvo. Por la izquierda, a salvo. Por el medio… te aplastan como a una uva”.

Y es un clarísimo ejemplo de lo que se viene explicando. Si uno hace o no las cosas encomendadas está a salvo de ser juzgado por la intención. Si uno lo hace por la mitad, seguro se estrella.

Entendamos que D´s no nos va a matar si no completamos nuestra tarea. En nuestros días el juzgamiento social y la mediatización de la condena es equivalente a eso.

“Yehudá le dijo a Onán: “Cásate con la mujer de tu hermano”” (Vaieshev 38:8). No le preguntó si tenía ganas o si podía. Le dio una orden.

¿Por qué Onán no se opuso? No encontramos en el texto palabra alguna sobre la imposición. Por contraposición es una aceptación tácita.

Y acá entra la condena porque no hizo lo que se suponía que debiera. Y es por eso que ser como Onán no es bien visto.

La responsabilidad de los actos encomendados es equivalente a la ley divina. Cuando uno se compromete debe cumplir con lo prometido.

Muchas veces por miedo al qué dirán nos embarcamos en situaciones en las cuales no nos sentimos cómodos y fracasamos y nos frustramos por no saber decir que no.

Onán no supo decir no. Aprendamos nosotros a utilizar esa palabra que no tiene un significado negativo. Un no a tiempo puede evitarnos problemas a futuro.

La vida está para vivirla a pleno y es muy corta para frustrárnosla empezando cosas que no podremos terminar como se debe.

Reflexiones sobre la palabra no. Muchas veces no es una forma de negar algo sino una manera de empezar a querernos a nosotros un poquito más.

Aprovechemos el Shabat para pensar qué podemos hacer para lograr un mundo mejor. Es posible… siempre y cuando empecemos y terminemos de concretarlo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 20 de noviembre de 2018

Vaishlaj 5779


“Esav corrió al encuentro de ellos. Abrazó [a Yaakov], y echándose sobre los hombros de él, lo besó. [Ambos] lloraron” (Vaishlaj 33:4).

De acuerdo al Midrash Esav quiso morder a Yaakov y D´s convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces se rompió los dientes. Si vemos el texto en hebreo hay unos puntos encima de este pasuk simbolizando los dientes rotos de Esav.

Cuando las acciones tienen a ser meras ilusiones a nuestras verdaderas intenciones, D´s va a poner los obstáculos necesarios para que no lo logremos.

¿Yaakov lloró porque se sentía mal por todo lo que le había hecho a su hermano? ¿Fue una forma de arrepentimiento? ¿Fue la emoción de verlo?

Podemos intentar responderlo de varias maneras y ninguna nos dejará con la certeza de saber que era la correcta.

Hasta tal vez era una estrategia de Yaakov para apaciguar la ira de su hermano. Recordemos que Yaakov no le roba la primogenitura a Esav sino que roba la bendición de Itzjak para el primogénito.

Yaakov era un estratega.

¿Nosotros somos estrategas? ¿Planificamos nuestras acciones para sacarle el mejor provecho? ¿Actuamos impulsivamente y luego nos arrepentimos? ¿O no planificamos nada por miedo a ser calificados de estructurados?

Yaakov atomiza el riesgo de que su hermano destruya todas sus posesiones. “Dividió a las personas que lo acompañaban en dos campamentos, junto con las ovejas, el ganado y los camellos” (Vaishlaj 32:8). “Dijo: “Si Esav viene y ataca un campamento, al menos el otro campamento sobrevivirá”” (Vaishlaj 32:9).

¿Frente a un problema como actuamos? ¿Nos detenemos a pensar cómo actuar o vamos directo al choque? Yaakov pensó y sobrevivió.

Muchas veces por actuar impulsivamente terminamos estrellándonos contra la pared de la realidad. Nos creemos capaces de todo sin recordar que sólo D´s tiene esa habilidad.

Y otras veces por pensar cómo actuar disfrazamos nuestras verdaderas intenciones.

¿Dónde está el límite? Se encuentra justo en el punto de equilibrio entre nuestra pasión y nuestro corazón. La pasión representa nuestra parte física y nuestros impulsos y el corazón nuestro ser espiritual y las mitzvot.

Encontremos ese equilibrio porque recién entonces podremos decir que tenemos mucho.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 13 de noviembre de 2018

Vaietzé 5779


Yo estoy contigo” (Vaietze 28:15) le dice D´s a Yaakov. Ese acompañamiento invisible permite a nuestro patriarca sobrellevar las dificultades que se le van presentando a lo largo del texto de esta semana

En primer lugar, su tío Labán lo trata con desprecio: “tan sólo porque seas mi pariente cercano, ¿significa ello que debes trabajar para mí por nada?” (Vaietze 29:15).

En segundo lugar, para poder casarse con Rajel, “Yaakov trabajó siete años” (Vaietze 29:20).

En tercer lugar, es engañado por Labán: “Al atardecer, tomó a su hija Lea y se la llevó a [Yaakov], quien consumó el matrimonio con ella. (Vaietze 29:23).

En este caso no fue sólo Labán quien engañó a Yaakov. De acuerdo al Midrash Yaakov y Rajel, por miedo a que Labán intentara hacer el cambio, habían ideado unas contraseñas para demostrar que eran ellos. Rajel, quien tuvo piedad en que su hermana Lea no sea humillada en público, le dice cuáles son las esas palabras y es por eso que la boda se lleva a cabo.

Labán para justificarse le dice “[Nunca] damos en matrimonio una hija menor antes que la primogénita.” (Vaietze 29:26). Esta es la explicación de por qué quienes son muy observantes casan a sus hijos en orden cronológico.

En cuarto lugar, Labán busca sacar otra vez provecho del amor de Yaakov hacia Rajel: “Entonces te daremos a la otra joven a cambio del trabajo que harás para mí durante otros siete años”. (Vaietze 29:27).

En quinto lugar, Rajel, luego de tanto sufrimiento, logró darle uh hijo: “Llamó al niño Iosef” (Vaietze 30:24).

Y en sexto lugar, Labán se creía dueño de todo “¡Las hijas son mis hijas! ¡Los hijos son mis hijos! ¡Los rebaños son mis rebaños! ¡Todo lo que ves es mío!” (Vaietze 31:43).

Ahora bien, Yaakov estando solo no podría haber soportado todo lo que pasó. El acompañamiento y la guía de D´s en cada una de estas situaciones fue fundamental para poder salir adelante.

Muchas veces nos preguntamos dónde se encuentra cuando lo necesitamos. ¿Por qué no nos muestra o nos da la respuesta en el momento indicado? Basta recordar que aún en el examen más fácil el maestro se mantiene en silencio.

Y en nuestras vidas vamos a tener situaciones en las cuales vamos a sufrir engaños, a trabajar en vano, a sentir que se quieren apropiar de nuestros logros, y nuestra primera reacción va a ser querer tirar la toalla. Si hacemos eso, que sea para agarrar un toallón.

No estamos solos en ningún momento. D´s nos acompaña y nos guía. Y si sentimos que nos dejó en banda, es simplemente porque quiere ver hasta dónde podemos llegar con nuestros propios medios. Y esos medios se diferencian de nuestros miedos sólo por la ubicación de una letra.

No tengamos miedos. D´s está con nosotros. Cuando un padre enseña a un hijo a caminar lo hace extendiendo sus brazos. Los hijos tienen miedos, pero el padre lo va guiando hasta que esos pasos se transforman en medios para caminar por la vida. El padre entonces se limita a observar como el hijo camina.

Así como Yaakov trabajó duro para lograr sus objetivos, trabajemos juntos para lograr un mundo mejor.

No estamos solos. D´s está con nosotros.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 6 de noviembre de 2018

Toldot 5779


¿Era Esav tan malvado como parece a primera vista? ¿No era acaso una persona trabajadora que cazaba y traía el alimento para su padre? ¿Por qué entonces Esav aparece en nuestra historia como una persona nefasta que vendió su derecho a la primogenitura?

Vemos que desde el nacimiento Yaakov quiso tomar el lugar de Esav. “Entonces salió su hermano, y su mano agarraba el talón.” (Toldot 25:26).

Los jóvenes crecieron. Esav llegó a ser un diestro cazador, un hombre del campo. Yaakov era un hombre erudito que permanecía en las tiendas.” (Toldot 25:27).

Esav actuaba para satisfacer sus deseos per sé. Yaakov estudiaba para que las enseñanzas de D´s perduraran a través del tiempo.

“Yaakov cocía cierta vez un guiso cuando Esav vino exhausto, del campo, al hogar” (Toldot 25:29)

Esav tenía hambre y Yaakov tenía la solución. Esav quiso “aprovechar el momento” y sacar ventaja de su robustez. “¡Dame un bocado de esa cosa roja!“ (Toldot 25:30). Esa cosa roja. Ni respeto por lo que estaba haciendo su hermano y mucho menos por la comida.

Yaakov también busca sacar ventaja “Primero véndeme tu derecho de primogenitura” (Toldot 25:31)

Segunda vez que Yaakov quiere ser el primogénito.

Esav, que todavía no tomaba conciencia de lo que era ser primogénito, acepta el trato diciendo “¡He aquí que estoy a punto de morir!” (Toldot 25:32).

Esav buscaba saciar su parte física. No medía las consecuencias. No dejaba una enseñanza. Quería comer “esa cosa roja”. Se deja llevar por lo superficial, lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho el guiso. No le importaba el contenido. No le importaba lo espiritual.

Yaakov, en cambio, se destacaba su ser espiritual más que por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.

¿Fue justo que se aprovechara de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Esto es lo que le reprochamos a Esav. La calentura del momento versus la tibieza de la eternidad.

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro. Imaginemosnos que tuvéramos el DeLorean de Volver al Futuro y podamos viajar hacia adelante y ver los sucesos que vendrían por nuestras acciones actuales. ¿Cuántas cambiaríamos? ¿Con cuánta más frialdad actuaríamos?

Gandhi decía que somos esclavos de nuestras palabras. Yo agrego que somos prisioneros de nuestros actos.

Yaakov logra la primogenitura cuando engaña a su padre con ayuda de su madre. “Entonces Rivka tomó las mejores ropas de Esav, su hijo mayor, que tenía ella bajo su cuidado, y las puso sobre Yaakov, su hijo menor.” (Toldot 27:15).

Yaakov engaña a su padre, pero no así a Esav. Esav le había vendido la primogenitura a cambio del plato de comida. Pero sólo lo sabían ellos. No había testigos. No había ningún documento firmado. A los ojos de Itzjak, Esav era el primogénito.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “D´s de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

Y todo por un plato de comida.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos momentáneos afecten nuestro futuro.

Aprovechemos el momento. Carpe diem. Pero que ese momento deje una enseñanza.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime las ganas de quedarte en tu casa, ese sentimiento momentáneo de querer descansar un ratito más. Trae a tu familia a compartirlo en comunidad. No cambiemos nuestra primogenitura por el guiso rojo de la asimilación.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 30 de octubre de 2018

Jaiei Sara 5779


Las Resoluciones 28 y 29 de la UNESCO declaran a la Tumba de los Patriarcas en Hebrón como parte integral del territorio palestino ocupado.

Quienes votaron a favor de estas resoluciones seguramente no leyeron el texto de esta semana.

Sara murió en Kiriat Arbá, también conocida como Hebrón” (Jaiei Sara 23:2)

Abraham para enterrar a su mujer en dicho lugar le habló a los hijos de Jet: “Véndanme una propiedad para un lugar de sepultura con ustedes de modo que pueda yo enterrar a mi muerto, [y no tenerla aquí] justo delante de mí” (Jaiei Sara 23:4)

Según la Real Academia Española vender significa “traspasar a alguien por el precio convenido la propiedad de lo que se posee”.

En primer lugar, Abraham le paga a Efrón 400 shekels de plata, un valor irrisorio y altamente desproporcionado en función a lo que valía.

En segundo lugar, y para que no queden dudas, Abraham “Pesó para Efrón la plata que había sido mencionada en presencia de los hijos de Jet” (Jaiei Sara 23:16). Y “Fue la compra de Avraham con todos los hijos de Jet que vinieron a la puerta de la ciudad como testigos presenciales” (Jaiei Sara 23:18)

También el precio, aunque exorbitante tiene una explicación. El número 400 puede descomponerse en 8 veces 50. 8 es el número que sigue a los días de la semana y 50 al número de años tras el cual hay que devolver la tierra a su propietario inicial. El numero 400 vienen a simbolizar lo que viene más allá de nuestro tiempo en esta vida.

Es decir, el derecho a la tierra más allá de todo tiempo. Un derecho eterno como propiedad del Pueblo de Israel.

Un derecho que, aunque un organismo internacional busque deslegitimar, la palabra de D´s está por encima de todo.

Sara fue enterrada ahí, terminando una vida mortal que se replicó en muchas. La Sara que vivió con Abraham, la Sara que río cuando le dijeron que quedaría embarazada, la Sara que proyectó su ejemplo en Rivka, la Sara que sufrió por la Akedat Itzjak pero por sobre todas las cosas la Sara que nos enseñó la bondad.

Nuestro paso por esta vida es limitado. Vivamos cada día como si fuera el último y agradezcámosle a D´s como si fuera el primero. Venimos a este mundo desprovistos de todo y nos vamos de la misma forma. Sólo quedamos como recuerdos, de las páginas que escribimos en nuestro libro de la vida.

Y aunque un puñado de mortales trate de tergiversarlas, recordemos siempre que nosotros también vivimos más de una vida.

D´s así lo quiere.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 22 de octubre de 2018

Vaierá 5779


Cada vez que leo sobre la Akedat Itzjak me pregunto si realmente estaba en la decisión de D´s que Abraham sacrificara a su hijo. Y akedat muchas veces es mal traducido como sacrificio cuando en realidad es atadura.

Y si bien nosotros no atamos a nuestros hijos ni los sacrificamos textualmente hablando, ¿cuántas veces con nuestras actitudes estamos privándoles de su futuro? ¿Cuán egoístas somos para no ver a través de sus ojos?

Vivimos en un mundo competitivo donde lo material domina nuestros impulsos y nos lleva a querer cada día más. ¿Para qué? ¿Acaso llevamos las riquezas bajo tierra? ¿O somos tan poco inteligentes que decimos que es para nuestros hijos? ¿Subestimamos así su capacidad para que logren sus objetivos?

Les damos todos los gustos, los llenamos de tecnología, tablets, computadoras, smartphones. Todo para que ellos estén ocupados en un mundo virtual porque en el real no les damos cabida.

“Itzjak le habló a Abraham. “Padre”” (Vaierá 22:7). Una sola palabra. Un llamado a su progenitor. Una búsqueda de respuestas ante una situación que lo incomodaba.

Ahora bien, ¿qué hacemos nosotros cuando nuestros hijos vienen a preguntarnos algo? ¿Dejamos de hacer lo que estamos haciendo y prestamos atención a lo que ellos nos demandan? No seamos hipócritas de decir sí de una sólo para quedar bien con el resto de la gente. Pongámonos una mano en el corazón y seamos sinceros. “Ahora no puedo”, “estoy ocupado”, y tantas otras frases son las que en la mayoría de los casos respondemos sin siquiera mirarlos.

“Heme aquí, hijo mío” (Vaierá 22:7).

Nada más que decir. Con esas palabras Abraham nos enseña cómo debemos ser con nuestros hijos. ¿Somos padres presentes? ¿Estamos para prestarle atención?

Si la respuesta es negativa, en cierta forma los estamos matando. Estamos matando su nexo con nosotros, estamos atándolos a una línea de conducta. Aunque no siempre sea visible nuestros hijos siguen nuestros ejemplos.

Abraham tuvo un ángel que lo detuvo. Nosotros no.

Sin darnos cuenta estamos sacrificando a nuestros hijos. La atadura es invisible, pero duele.

Porque una vez que el daño está hecho es irreversible.

Sin diálogo no se pueden forjar relaciones duraderas. Y ese diálogo tiene que ser presencial. La tecnología es buena, pero en exceso provoca mucho daño. Un abrazo no puede ser reemplazado por un emoji.

Cuando se rompe el vínculo es muy difícil que pueda recomponerse.

Entonces estemos cuando nos lo piden porque en el futuro cuando queramos estar seguramente será demasiado tarde.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein