martes, 6 de noviembre de 2018

Toldot 5779


¿Era Esav tan malvado como parece a primera vista? ¿No era acaso una persona trabajadora que cazaba y traía el alimento para su padre? ¿Por qué entonces Esav aparece en nuestra historia como una persona nefasta que vendió su derecho a la primogenitura?

Vemos que desde el nacimiento Yaakov quiso tomar el lugar de Esav. “Entonces salió su hermano, y su mano agarraba el talón.” (Toldot 25:26).

Los jóvenes crecieron. Esav llegó a ser un diestro cazador, un hombre del campo. Yaakov era un hombre erudito que permanecía en las tiendas.” (Toldot 25:27).

Esav actuaba para satisfacer sus deseos per sé. Yaakov estudiaba para que las enseñanzas de D´s perduraran a través del tiempo.

“Yaakov cocía cierta vez un guiso cuando Esav vino exhausto, del campo, al hogar” (Toldot 25:29)

Esav tenía hambre y Yaakov tenía la solución. Esav quiso “aprovechar el momento” y sacar ventaja de su robustez. “¡Dame un bocado de esa cosa roja!“ (Toldot 25:30). Esa cosa roja. Ni respeto por lo que estaba haciendo su hermano y mucho menos por la comida.

Yaakov también busca sacar ventaja “Primero véndeme tu derecho de primogenitura” (Toldot 25:31)

Segunda vez que Yaakov quiere ser el primogénito.

Esav, que todavía no tomaba conciencia de lo que era ser primogénito, acepta el trato diciendo “¡He aquí que estoy a punto de morir!” (Toldot 25:32).

Esav buscaba saciar su parte física. No medía las consecuencias. No dejaba una enseñanza. Quería comer “esa cosa roja”. Se deja llevar por lo superficial, lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho el guiso. No le importaba el contenido. No le importaba lo espiritual.

Yaakov, en cambio, se destacaba su ser espiritual más que por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.

¿Fue justo que se aprovechara de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Esto es lo que le reprochamos a Esav. La calentura del momento versus la tibieza de la eternidad.

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro. Imaginemosnos que tuvéramos el DeLorean de Volver al Futuro y podamos viajar hacia adelante y ver los sucesos que vendrían por nuestras acciones actuales. ¿Cuántas cambiaríamos? ¿Con cuánta más frialdad actuaríamos?

Gandhi decía que somos esclavos de nuestras palabras. Yo agrego que somos prisioneros de nuestros actos.

Yaakov logra la primogenitura cuando engaña a su padre con ayuda de su madre. “Entonces Rivka tomó las mejores ropas de Esav, su hijo mayor, que tenía ella bajo su cuidado, y las puso sobre Yaakov, su hijo menor.” (Toldot 27:15).

Yaakov engaña a su padre, pero no así a Esav. Esav le había vendido la primogenitura a cambio del plato de comida. Pero sólo lo sabían ellos. No había testigos. No había ningún documento firmado. A los ojos de Itzjak, Esav era el primogénito.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “D´s de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

Y todo por un plato de comida.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos momentáneos afecten nuestro futuro.

Aprovechemos el momento. Carpe diem. Pero que ese momento deje una enseñanza.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime las ganas de quedarte en tu casa, ese sentimiento momentáneo de querer descansar un ratito más. Trae a tu familia a compartirlo en comunidad. No cambiemos nuestra primogenitura por el guiso rojo de la asimilación.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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