¿Era Esav tan malvado como
parece a primera vista? ¿No era acaso una persona trabajadora que cazaba y
traía el alimento para su padre? ¿Por qué entonces Esav aparece en nuestra
historia como una persona nefasta que vendió su derecho a la primogenitura?
Vemos que desde el nacimiento Yaakov
quiso tomar el lugar de Esav. “Entonces salió su
hermano, y su mano agarraba el talón.” (Toldot 25:26).
“Los
jóvenes crecieron. Esav llegó a ser un diestro cazador, un hombre del campo. Yaakov
era un hombre erudito que permanecía en las tiendas.” (Toldot 25:27).
Esav actuaba
para satisfacer sus deseos per sé.
Yaakov estudiaba para que las enseñanzas de D´s perduraran a través del tiempo.
“Yaakov cocía
cierta vez un guiso cuando Esav vino exhausto, del campo, al hogar”
(Toldot 25:29)
Esav tenía hambre y Yaakov tenía la solución. Esav
quiso “aprovechar el momento” y sacar ventaja de su robustez. “¡Dame
un bocado de esa cosa roja!“ (Toldot 25:30). Esa cosa roja. Ni respeto por lo
que estaba haciendo su hermano y mucho menos por la comida.
Yaakov también busca sacar
ventaja “Primero véndeme tu derecho de primogenitura” (Toldot 25:31)
Segunda vez que Yaakov quiere ser el primogénito.
Esav, que todavía no tomaba conciencia de lo que
era ser primogénito, acepta el trato diciendo “¡He aquí que estoy a
punto de morir!” (Toldot
25:32).
Esav buscaba saciar su parte física. No medía las
consecuencias. No dejaba una enseñanza. Quería comer “esa cosa roja”. Se deja
llevar por lo superficial, lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho
el guiso. No le importaba el contenido. No le importaba lo espiritual.
Yaakov, en cambio, se destacaba su ser espiritual más
que por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.
¿Fue justo que se aprovechara de su hermano
ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es
justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un
impulso físico como ser el hambre?
Esto es lo que le reprochamos a Esav. La calentura
del momento versus la tibieza de la eternidad.
Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias
graves en el futuro. Imaginemosnos que tuvéramos el DeLorean de Volver al
Futuro y podamos viajar hacia adelante y ver los sucesos que vendrían por
nuestras acciones actuales. ¿Cuántas cambiaríamos? ¿Con cuánta más frialdad
actuaríamos?
Gandhi decía que somos esclavos de nuestras
palabras. Yo agrego que somos prisioneros de nuestros actos.
Yaakov logra la primogenitura cuando engaña a su
padre con ayuda de su madre. “Entonces Rivka tomó las mejores ropas de
Esav, su hijo mayor, que tenía ella bajo su cuidado, y las puso sobre Yaakov,
su hijo menor.” (Toldot 27:15).
Yaakov engaña a su padre, pero
no así a Esav. Esav le había vendido la primogenitura a cambio del plato de
comida. Pero sólo lo sabían ellos. No había testigos. No había ningún documento
firmado. A los ojos de Itzjak, Esav era el primogénito.
Miles de años después de este incidente nosotros
decimos “D´s de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.
Y todo por un plato de comida.
No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos
físicos momentáneos afecten nuestro futuro.
Aprovechemos el momento. Carpe diem. Pero que ese momento deje una enseñanza.
Cada viernes al acercarse Shabat, reprime las ganas
de quedarte en tu casa, ese sentimiento momentáneo de querer descansar un
ratito más. Trae a tu familia a compartirlo en comunidad. No cambiemos nuestra
primogenitura por el guiso rojo de la asimilación.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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