lunes, 30 de junio de 2025

Jukat 5785

En Parashat Jukat (Bamidbar 19:1 – 22:1), uno de los episodios más llamativos es cuando el pueblo de Israel, ya cercano a la Tierra Prometida, solicita pasar por el territorio de Edom. Moshé envía mensajeros con una petición respetuosa: “Déjanos pasar por tu tierra. No pasaremos por campos ni viñedos, no beberemos agua de pozos; iremos por el camino del rey” (Bamidbar 20:17).

Sin embargo, el rey de Edom responde con dureza: "No pasarás", y amenaza con salir a su encuentro con la espada. Israel, en lugar de forzar el paso, decide rodear el territorio. Más adelante, ocurre algo similar con los reyes amorreos como Sijón, quien también niega el paso y acaba enfrentándose en batalla contra Israel, con un resultado muy diferente.

Estos episodios nos dejan varias enseñanzas profundas:

  1. La importancia de permitir el paso: En la vida, muchas veces se nos pide simplemente permitir el paso: abrir una puerta, dar una oportunidad, escuchar una necesidad. Edom pudo haber sido parte del trayecto hacia la bendición, pero eligió cerrarse por orgullo, miedo o rivalidad histórica. A veces, el miedo al otro nos ciega y nos hace perder la oportunidad de ser parte de algo más grande.
  2. El respeto de Israel ante la negativa: Moshé y el pueblo muestran respeto, no imponen su fuerza, y buscan el camino alternativo. Esto enseña que incluso cuando uno tiene poder o razón, hay momentos en los que el camino correcto es no forzar, sino actuar con dignidad.
  3. La diferencia entre negar el paso y amenazar la paz: Mientras Edom niega el paso y se mantiene defensivo, Sijón sale a pelear. La diferencia en sus destinos también marca una lección: la historia juzga distinto a quienes simplemente no ayudan, y a quienes activamente se oponen al bien.

Todos tenemos momentos en los que podemos ser como Edom o como Israel. Podemos ser los que niegan el paso —por ego, miedo o indiferencia— o los que, con humildad, buscan caminos de paz. La Torá nos invita a reflexionar: ¿estoy siendo un puente o un muro para los demás?

En un mundo donde cada persona está en su propio "camino al destino", no subestimemos el poder que tiene un simple “sí” al que pide pasar. A veces, permitir el paso a otro no solo cambia su destino, sino también el nuestro.

Quiera D´s que este Shabat aprendamos a ser caminos, no obstáculos; que seamos puertas abiertas al diálogo, al entendimiento y al crecimiento mutuo. Que podamos reconocer cuándo alguien nos pide simplemente pasar, y que tengamos la generosidad de permitirlo, sabiendo que quizás ese paso es también parte de nuestro propio destino.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

lunes, 23 de junio de 2025

Koraj 5785

Esta parashá relata una de las crisis más significativas del pueblo de Israel en el desierto: la rebelión de Koraj contra Moshé y Aarón. No se trata simplemente de un conflicto personal o una disputa por el liderazgo, sino de un cuestionamiento profundo sobre la autoridad, su legitimidad, su propósito y su origen.

Koraj era un Leví, miembro de la tribu encargada del servicio sagrado. Junto con Datán, Aviram y 250 líderes de la comunidad, cuestiona abiertamente la autoridad de Moshé como guía del pueblo y de Aarón como Sumo Sacerdote. Su reclamo parece, a primera vista, razonable y hasta piadoso:

“Toda la congregación, todos ellos son santos, y el Eterno está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, se elevan ustedes por encima de la congregación del Eterno?” (Bamidbar 16:3)

Este discurso apela a la igualdad espiritual de todos los israelitas. Después de todo, D´s mismo había dicho que Israel sería “una nación de sacerdotes y un pueblo santo” (Shemot 19:6). Pero, aunque las palabras suenan justas, la intención de Koraj está lejos de serlo. No busca justicia ni equidad, sino poder. Es una crítica disfrazada de idealismo, pero movida por el orgullo, la envidia y el deseo de reconocimiento.

El Midrash y varios comentaristas clásicos nos enseñan que la diferencia entre Moshé y Koraj no está solo en el resultado de sus acciones, sino en el origen de su liderazgo. Moshé no pidió el cargo que recibió; más bien, lo aceptó a regañadientes, como se ve claramente en el episodio de la zarza ardiente. Su autoridad no fue autoproclamada ni producto de su ambición personal, sino que le fue asignada por D´s.

En cambio, Koraj no está motivado por el bien común ni por una visión elevada del pueblo, sino por un deseo de ocupar el lugar de Aarón. El Or HaJaim señala que el verdadero problema de Koraj fue que no aceptó los límites de su rol dentro del pueblo. No supo reconocer que cada quien tiene una misión única y que no todos están destinados a ocupar el mismo lugar.

Vivimos en una época donde se cuestiona —a veces con razón— la autoridad en muchos ámbitos: políticos, educativos, religiosos, familiares. El espíritu crítico es necesario para evitar abusos, pero también debemos preguntarnos desde qué lugar surge ese cuestionamiento: ¿desde la búsqueda de justicia o desde el deseo de ocupar el lugar del otro?

Koraj nos muestra que no todo liderazgo alternativo es mejor, y que no todo desafío a la autoridad está justificado. A veces, la rebelión no nace de una visión renovadora, sino del ego. La parashá nos invita a examinar no solo a quienes lideran, sino también a quienes siguen, a qué voces escuchamos, y qué tipo de autoridad promovemos o resistimos.

La respuesta de Moshé ante la rebelión también es aleccionadora: no responde con ira ni con imposición. Se postra, consulta con D´s y deja que la verdad se manifieste por sí sola. Esta actitud revela que su liderazgo no está basado en su fuerza, sino en su conexión con la misión divina.

El liderazgo auténtico —en la Torá y en la vida— no busca dominar, sino servir. No se sostiene en el carisma personal ni en la capacidad de convencer con palabras bonitas, sino en la coherencia, la humildad, la entrega y la fidelidad a una misión más grande que uno mismo.

Quiera D´s que este Shabat podamos hacer una pausa y reflexionar sobre los modelos de liderazgo que valoramos y seguimos, tanto en nuestras comunidades como en nuestra vida personal. Que sepamos reconocer la diferencia entre una crítica justa y una rebelión motivada por el ego. Que podamos fortalecer nuestras propias capacidades de liderazgo desde un lugar de humildad, servicio y compromiso con la verdad.

Y que, al igual que Moshé, sepamos responder a los desafíos con integridad, dejando que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

martes, 17 de junio de 2025

Shlaj 5785

En uno de los pasukim más desgarradores de la Torá, los espías regresan de explorar la Tierra Prometida con un informe demoledor. No solo describen una tierra fértil y poderosa, sino también a sus habitantes como gigantes, imposibles de vencer. Y entonces llega una frase que lo dice todo:

“Mientras estábamos allí, vimos a los titanes. Eran hijos del gigante, que descendían de los titanes [originales]. ¡Nos sentimos como minúsculos saltamontes! ¡Eso es todo lo que éramos a los ojos de ellos!”. (Bamidbar 13:33)

Este versículo revela más que un simple reporte militar: expone una crisis de identidad.

Los espías no fueron derrotados por los enemigos, sino por la forma en que se vieron a sí mismos.

Los sabios se detienen especialmente en la segunda mitad del versículo: “Y así les parecíamos también a ellos.”

¿Acaso los espías sabían cómo los percibían los gigantes? ¿Tuvieron una conversación con ellos?

La respuesta es no. Esta afirmación no surge de la realidad externa, sino de una proyección interna. Ellos se sentían pequeños, y asumieron que los demás también los veían así.

Este mecanismo psicológico sigue vigente: lo que creemos que los demás piensan de nosotros, muchas veces no es más que un reflejo de nuestras propias inseguridades. No es una verdad objetiva, es una construcción subjetiva que termina condicionando nuestras acciones.

La generación del desierto había salido de la esclavitud, pero aún llevaba dentro una mentalidad de esclavos. El miedo, la desconfianza, el trauma del sometimiento, todo eso pesaba más que la promesa divina.
No se trataba solo de entrar a la tierra: se trataba de estar a la altura del sueño. Y para eso, hacía falta algo más que coraje militar —hacía falta dignidad interna.

El pueblo no fracasó por falta de fuerza, sino por falta de fe en sí mismo. Cuando uno se ve como un saltamontes, el mundo entero se vuelve montaña.

Este texto milenario sigue siendo brutalmente actual.
En un mundo que constantemente nos compara, nos mide, nos exige, ¿cómo nos estamos viendo?


¿Nos vemos como capaces, valiosos, portadores de una misión?
¿O seguimos creyendo que los otros son siempre más grandes, más sabios, más dignos?

Este versículo no es solo una advertencia; es una invitación. A mirarnos con más compasión. A reconocernos como protagonistas, no como espectadores.
A recordar que no estamos solos: que lo divino no solo promete, sino que camina con nosotros.

La parashá Shlaj nos enseña que los mayores obstáculos no están en la tierra que se conquista, sino en la mirada que proyectamos sobre nosotros mismos.

Quiera D´s que a partir de este Shabat dejemos de vernos como "saltamontes", y podamos empezar a caminar con la estatura de quienes saben que tienen un propósito.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

martes, 10 de junio de 2025

Behalotja 5785

La experiencia de Moshé en la parashá Behaalotjá constituye un ejemplo sumamente poderoso y relevante para cualquier líder comunitario contemporáneo, ya sea en ámbitos sociales, religiosos o incluso laborales. Esta narrativa no solo nos muestra las dificultades inherentes al liderazgo, sino que también nos ofrece lecciones valiosas sobre cómo enfrentar el desgaste, la presión y las demandas de quienes dependen de un guía o referente.

Moshé enfrenta un agotamiento profundo porque asume la carga completa del pueblo él solo. Durante el trayecto por el desierto, las quejas constantes y las necesidades del pueblo se vuelven un peso insoportable para él. En las comunidades actuales, los líderes a menudo se encuentran en una situación similar: sienten que deben responder a todas las problemáticas, satisfacer todas las expectativas y solucionar cada conflicto sin margen para delegar o tomar un respiro. Esta acumulación de responsabilidades puede llevar al estrés crónico, al síndrome de burnout y, en muchos casos, incluso a la renuncia o al colapso personal. Es un llamado de atención para los líderes modernos: nadie puede sostener una comunidad o equipo de manera efectiva si asume toda la carga sobre sus hombros.

Esta realidad subraya la importancia fundamental de delegar funciones y construir equipos de apoyo sólidos y confiables. El liderazgo no debe ser entendido como un ejercicio de control absoluto o como una tarea que recae exclusivamente en una persona. Por el contrario, es un proceso dinámico que requiere colaboración, distribución de responsabilidades y confianza mutua. Un líder exitoso sabe cuándo y cómo compartir las tareas para que el grupo en su conjunto pueda avanzar de manera más eficiente y saludable. La parashá nos recuerda que el líder no es un superhéroe, sino un ser humano con límites que necesita apoyo para cumplir su misión.

Además, aunque Moshé se siente agotado y sobrepasado, también demuestra una gran sensibilidad al reconocer que las quejas del pueblo no son simples caprichos o quejas sin fundamento. Más bien, estas expresan necesidades profundas y genuinas, aunque a veces manifestadas de manera errática o frustrada. Este reconocimiento es una enseñanza crucial para cualquier líder comunitario: es imprescindible escuchar activamente, prestar atención a los sentimientos y preocupaciones del grupo, y validar esas emociones. Solo así se puede construir un vínculo de confianza y buscar soluciones reales y sostenibles, en lugar de imponer decisiones autoritarias que ignoren el contexto y la voz de la comunidad.

La crisis de liderazgo que vive Moshé es también un acto de profunda honestidad y autoconciencia. Reconocer que no puede cargar solo con toda la responsabilidad no disminuye su autoridad ni su capacidad de liderazgo; al contrario, le permite crecer y fortalecer su misión. Este reconocimiento de límites es una señal de madurez, no de debilidad. La humildad y la autoconciencia son virtudes esenciales para un liderazgo auténtico y efectivo. Saber cuándo pedir ayuda, cuándo compartir responsabilidades y cuándo permitir que otros aporten su energía y talentos no solo protege al líder del desgaste, sino que también fortalece a toda la comunidad.

En respuesta a la súplica de Moshé, D´s le indica que debe compartir su espíritu con setenta ancianos, creando así un liderazgo colectivo que distribuye la carga y multiplica la capacidad de guía. Este modelo de liderazgo compartido es especialmente valioso para las comunidades modernas. Formar consejos, comités o equipos que reflejen diversidad, cooperación y corresponsabilidad no solo asegura una gestión más eficiente, sino que también fomenta la inclusión y la representatividad. Esto ayuda a que la comunidad se sienta partícipe y comprometida, en lugar de depender exclusivamente de un solo individuo.

En definitiva, la historia de Moshé en Behaalotjá nos ofrece un marco ético y práctico para repensar el liderazgo en cualquier contexto actual. Nos invita a construir liderazgos basados en la colaboración, la escucha empática, la humildad y la distribución justa de responsabilidades, elementos esenciales para el bienestar y la sostenibilidad de cualquier grupo humano.

Quiera D´s que este Shabat nos bendiga con la sabiduría y la fortaleza necesarias para construir juntos espacios de liderazgo colectivo, donde cada voz sea escuchada y cada esfuerzo valorado, y que así podamos avanzar unidos hacia un futuro más justo y solidario.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

martes, 3 de junio de 2025

Nasó 5785

El texto de esta semana nos dice: “Cuando un hombre o una mujer cometan algún pecado contra su prójimo, siendo infieles así a Dios, y se hagan culpables” (Bamidbar 5:6); “deberán confesar el pecado que cometieron” (Bamidbar 5:7).

¿Qué significa, en primera instancia, pecar contra el prójimo? Significa fallar en el cumplimiento de los preceptos que rigen la relación entre los seres humanos. La Torá nos enseña que el daño al otro no es solo una falta ética, sino una infidelidad espiritual, una traición también a D´s.

No es casualidad que, a continuación, se mencione el pecado de la infidelidad. Aunque el texto alude a una mujer casada, el concepto puede aplicarse a cualquier tipo de relación basada en el amor y la confianza. Vivimos en una época donde existen múltiples formas de pareja, muchas de ellas distintas a las que la Torá define como tradicionales. Si bien en la Parashá Ajarei Mot (Vaikrá 18:22) se prohíben explícitamente las relaciones sexuales entre hombres, en ningún lugar se prohíbe el amor entre personas del mismo sexo.

¿Ser gay o lesbiana es un crimen? No. Lo verdaderamente inaceptable es discriminar a alguien por su identidad o su amor. Muchas personas aparentan ser inclusivas, pero internamente desprecian al otro. Esa hipocresía es pecado. Eso sí es falsedad. Eso es prestar falso testimonio.

Volviendo al tema de la fidelidad: ¿Qué es ser infiel? Es mantener una relación secreta, paralela a la oficial, cuya revelación dañaría el vínculo original. Ser infiel es ocultar, engañar, romper un pacto.

Aquí se abren dos dimensiones importantes. Por un lado, la tradición enseña que las almas de una pareja son dos mitades que se separan al nacer y se reencuentran al enamorarse. La infidelidad une mitades que no fueron creadas para unirse, creando una falsa alma, una unión que no proviene de D´s.

Por otro lado, el adulterio muestra una caída moral. Quien actúa en secreto sabe, en el fondo, que su acto no es correcto. La clandestinidad es señal de conciencia moral.

Esta visión también puede extenderse a nuestra relación con D´s. Desde una perspectiva espiritual, Él es como un compañero fiel, y cada vez que fallamos en cumplir una mitzvá, actuamos como una parte infiel de esa pareja sagrada. Sin embargo, el pecado no se oculta a D´s, que todo lo sabe, sino a la comunidad y a nosotros mismos. Ese autoengaño es una traición silenciosa.

Por eso decimos que la infidelidad no es solo un asunto subjetivo. Es un acto objetivo, con consecuencias reales. La acción puede ser juzgada por lo que es, no solo por lo que sentimos o interpretamos.

Y así como el pecado es objetivo, también lo es el juicio que proviene de D´s y del ser humano. Puede variar el castigo, pero no el hecho.

Recordémoslo siempre: al ser infiel, un alma queda incompleta y nuestra conexión con D´s se debilita.

No es coincidencia que, justo después de tratar este tema, D´s le instruya a Moshé sobre la Birkat Kohanim —la bendición sacerdotal—. La fidelidad nos hace merecedores de la bendición.

Por eso, cada Shabat, colocamos nuestras manos sobre nuestros hijos y pronunciamos sobre ellos esta bendición. Ellos representan lo más puro, lo más fiel que tenemos.

Este Shabat, al finalizar la Tefilá de Arvit, no olvides bendecir a tus hijos. Tenerlos ya es una bendición.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein