lunes, 23 de junio de 2025

Koraj 5785

Esta parashá relata una de las crisis más significativas del pueblo de Israel en el desierto: la rebelión de Koraj contra Moshé y Aarón. No se trata simplemente de un conflicto personal o una disputa por el liderazgo, sino de un cuestionamiento profundo sobre la autoridad, su legitimidad, su propósito y su origen.

Koraj era un Leví, miembro de la tribu encargada del servicio sagrado. Junto con Datán, Aviram y 250 líderes de la comunidad, cuestiona abiertamente la autoridad de Moshé como guía del pueblo y de Aarón como Sumo Sacerdote. Su reclamo parece, a primera vista, razonable y hasta piadoso:

“Toda la congregación, todos ellos son santos, y el Eterno está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, se elevan ustedes por encima de la congregación del Eterno?” (Bamidbar 16:3)

Este discurso apela a la igualdad espiritual de todos los israelitas. Después de todo, D´s mismo había dicho que Israel sería “una nación de sacerdotes y un pueblo santo” (Shemot 19:6). Pero, aunque las palabras suenan justas, la intención de Koraj está lejos de serlo. No busca justicia ni equidad, sino poder. Es una crítica disfrazada de idealismo, pero movida por el orgullo, la envidia y el deseo de reconocimiento.

El Midrash y varios comentaristas clásicos nos enseñan que la diferencia entre Moshé y Koraj no está solo en el resultado de sus acciones, sino en el origen de su liderazgo. Moshé no pidió el cargo que recibió; más bien, lo aceptó a regañadientes, como se ve claramente en el episodio de la zarza ardiente. Su autoridad no fue autoproclamada ni producto de su ambición personal, sino que le fue asignada por D´s.

En cambio, Koraj no está motivado por el bien común ni por una visión elevada del pueblo, sino por un deseo de ocupar el lugar de Aarón. El Or HaJaim señala que el verdadero problema de Koraj fue que no aceptó los límites de su rol dentro del pueblo. No supo reconocer que cada quien tiene una misión única y que no todos están destinados a ocupar el mismo lugar.

Vivimos en una época donde se cuestiona —a veces con razón— la autoridad en muchos ámbitos: políticos, educativos, religiosos, familiares. El espíritu crítico es necesario para evitar abusos, pero también debemos preguntarnos desde qué lugar surge ese cuestionamiento: ¿desde la búsqueda de justicia o desde el deseo de ocupar el lugar del otro?

Koraj nos muestra que no todo liderazgo alternativo es mejor, y que no todo desafío a la autoridad está justificado. A veces, la rebelión no nace de una visión renovadora, sino del ego. La parashá nos invita a examinar no solo a quienes lideran, sino también a quienes siguen, a qué voces escuchamos, y qué tipo de autoridad promovemos o resistimos.

La respuesta de Moshé ante la rebelión también es aleccionadora: no responde con ira ni con imposición. Se postra, consulta con D´s y deja que la verdad se manifieste por sí sola. Esta actitud revela que su liderazgo no está basado en su fuerza, sino en su conexión con la misión divina.

El liderazgo auténtico —en la Torá y en la vida— no busca dominar, sino servir. No se sostiene en el carisma personal ni en la capacidad de convencer con palabras bonitas, sino en la coherencia, la humildad, la entrega y la fidelidad a una misión más grande que uno mismo.

Quiera D´s que este Shabat podamos hacer una pausa y reflexionar sobre los modelos de liderazgo que valoramos y seguimos, tanto en nuestras comunidades como en nuestra vida personal. Que sepamos reconocer la diferencia entre una crítica justa y una rebelión motivada por el ego. Que podamos fortalecer nuestras propias capacidades de liderazgo desde un lugar de humildad, servicio y compromiso con la verdad.

Y que, al igual que Moshé, sepamos responder a los desafíos con integridad, dejando que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras.

Shabat Shalom!

Lucas Fisbein

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