lunes, 24 de marzo de 2014

Tazriá

Entre tantas leyes sobre purificación que aparecen en esta Parashá hay un pasuk que parece quedar perdido en el medio y es de suma importancia. El del pacto de Abraham.

“Al octavo día, el prepucio será circuncidado”.

Mucha gente considera este acto como una mutilación. El Judaísmo lo considera un pacto con Dios.

¿Cuál es la diferencia?

Para que exista mutilación deben darse dos procesos a la vez: que un miembro se extirpado y que exista daño psicológico por el hecho.

Con el brit milá sólo se corta un pequeño pedazo de piel llamado prepucio para simbolizar el pacto. No hay daño psicológico. Por consiguiente no es mutilación.

También resulta sorprendente que sea recién al octavo día y no apenas nace cuando se procede a realizarlo.

La respuesta que dan nuestros sabios es que el recién nacido debe haber transitado por lo menos una vez el Shabat.

Recordemos el pacto de Abraham y la santificación del Shabat.

Por el primero salimos de la esclavitud de Egipto, por el segundo, seguimos siendo libres.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 18 de marzo de 2014

Shminí

Existen dos grandes distinciones alimentarias del Pueblo Judío. La primera es no mezclar carnes con lácteos. Se traduce de una ley rabínica. Para quien busca además una explicación lógica sobre esto se le puede responder que es por un tema digestivo.

La segunda es la prohibición expresa de comer cerdo. Además de que la Torá lo menciona, ¿cuál es la esencia para no hacerlo?

Empecemos viendo que para que un animal sea casher debe cumplir dos características a la vez. Primero debe tener la pezuña partida y segundo debe ser rumiante.

El cerdo exteriormente tiene las características de un animal casher pues tiene la pezuña partida pero no es rumiante, es decir que su interior contradice la ley divina.

Y ahí está la verdadera esencia al llevarlo a nuestras vidas. Debemos ser coherentes con nuestro aspecto exterior, el físico, y nuestro ser interior, el espiritual.

Esto me trae a colación el refrán que dice que aunque a la mona la vistamos de seda, mona queda. Nuestro ser espiritual es el que prevalece por sobre nuestro ser físico.

Si damos una imagen distinta a lo que realmente somos, nuestra esencia es taref.

No sirve solamente cumplir con las leyes de Dios para que otros vean que lo hacemos. Debemos hacerlo porque realmente lo sentimos.

Por eso tenemos que concordar nuestros actos para ser personas casher y no ser vistos como “cerdos” ante los ojos ajenos.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

lunes, 17 de marzo de 2014

Tzav

Al leer esta Parashá que se lee justo antes de Purim no deja de darme vueltas en la cabeza la idea del korban todá, la ofrenda de agradecimiento.
Según el Talmud una persona que estuvo presa o secuestrada debe llevarlo.
El Pueblo de Israel estuvo preso de un destino cuando el malvado Hamán quiso destruirlos.
Pero como ocurrió históricamente, no fue ni “suerte” ni “lotería”, sino el poder de Dios lo que permitió a nuestro pueblo sobrevivir.
Dios no nos sacó de la esclavitud de Egipto para dejarnos morir en manos de Hamán.
Como vimos en la Parashá anterior el tiempo que le dedicamos a la Tefilá también sirve como korban.
En este Purim que la lectura de la Meguilá Esther sea nuestro agradecimiento a Dios por haber sobrevivido y una forma de recordar que por más que Hamán haya muerto, su espíritu continúa haciendo de las suyas.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

Vaikra

Resulta interesante cuando leemos esta Parashá la pregunta si no resulta cruel o perverso asesinar un animal para expiar nuestros pecados.
Para responder esta pregunta debemos enfocarnos en dos aspectos muy importantes.
El primero es ¿acaso no matamos animales para comer? Lógicamente que esto no nos resulta cruel y además es algo necesario para vivir.
Inclusive hay quienes aplauden a los cazadores que lo hacen por deporte.
El segundo aspecto y a la vez tal vez es más importante para entender es situarnos en la época en los que se realizaban. Recordemos que los alimentos son bienes escasos y al ofrecer un animal a Dios uno lo que está haciendo es reducir su posibilidad de alimentarse. Ahí está el verdadero sacrificio. Uno expía quitándose el alimento de la boca, el motor de nuestro cuerpo.
Por eso Dios no nos exigía a todos por igual. Para quién podía tenía que entregar un animal de cuatro patas, sea vaca, cabra u oveja. Para quién, en términos modernos sería de clase media, un ave y para los más pobres un poco de harina.
Con la destrucción del Templo estos sacrificios fueron cambiados por la oración. ¿Y qué sacrificio hacemos con unos rezos? Estamos sacrificando parte del bien más escaso y preciado que nos dio Dios: el tiempo.
Recordémoslo antes de pecar. El tiempo que tenemos es limitado y el daño que podemos causar con una transgresión puede durar para siempre.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

Perkudei

La Parasha de esta semana habla sobre el detalle de cómo se utilizó lo recaudado para el Mishkan. Esto me trae a colación un pasuk de Pirkei Avot que dice que hay cuatro tipos entre quienes hacen beneficiencia: el que desea dar pero que otros no den; que otros den y él no; que él dé y que otros también den y que él no dé y que los otros tampoco den.

Es lógico que la mayoría del Pueblo de Israel se encontraba en el tercer grupo pero también había gente en el segundo grupo.

La rendición de cuentas va principalmente dirigida para aquellos que no quisieron dar o que dieron a regañadientes. Si dieron oro, plata o cobre y se les explica la manera en que fueron utilizados seguramente la próxima vez que se lo soliciten lo harán con placer.

Moshé no necesitaba dar explicaciones pero sin embargo lo hizo. Él quería que todos fuesen jasidim.

Si algo caracterizó al Pueblo de Israel a través de su historia fue la solidaridad entre sus miembros.

Si Moshé no hubiera rendido cuentas podría haber generado dudas sobre el destino de las donaciones y el origen de su riqueza.

Y si el hombre que nos liberó de la esclavitud y nos condujo por el desierto demostró toda su humildad con este acto nosotros no podemos ser menos y debemos emularlo.

Rendir cuentas no es generar dudas sobre lo que se hace con lo recibido sino una forma de agradecer por lo donado.

Siempre rindamos cuentas aunque no nos lo pidan. Estaremos siempre tranquilos con nuestra consciencia y enseñaremos que si algo se dona con voluntad de hacerlo los resultados son siempre positivos.

Nuestro propio Mishkan nos espera. Cuando nos pidan algo para su construcción no miremos hacia otro lado sino recordemos como nuestros antepasados en el desierto brindaron sus riquezas para la continuidad de nuestro pueblo.

Las futuras generaciones también podrían agradecernos a nosotros.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein