La Parasha de esta semana
habla sobre el detalle de cómo
se utilizó lo recaudado para el Mishkan. Esto me trae a colación un pasuk de
Pirkei Avot que dice que hay cuatro tipos entre quienes hacen beneficiencia: el
que desea dar pero que otros no den; que otros den y él no; que él dé y que
otros también den y que él no dé y que los otros tampoco den.
Es lógico que la mayoría del Pueblo de Israel se
encontraba en el tercer grupo pero también había gente en el segundo grupo.
La rendición de cuentas va principalmente dirigida
para aquellos que no quisieron dar o que dieron a regañadientes. Si dieron oro,
plata o cobre y se les explica la manera en que fueron utilizados seguramente
la próxima vez que se lo soliciten lo harán con placer.
Moshé no necesitaba dar explicaciones pero sin embargo
lo hizo. Él quería que todos fuesen jasidim.
Si algo caracterizó al Pueblo de Israel a través de su
historia fue la solidaridad entre sus miembros.
Si Moshé no hubiera rendido cuentas podría haber
generado dudas sobre el destino de las donaciones y el origen de su riqueza.
Y si el hombre que nos liberó de la esclavitud y nos
condujo por el desierto demostró toda su humildad con este acto nosotros no
podemos ser menos y debemos emularlo.
Rendir cuentas no es generar dudas sobre lo que se
hace con lo recibido sino una forma de agradecer por lo donado.
Siempre rindamos cuentas aunque no nos lo pidan.
Estaremos siempre tranquilos con nuestra consciencia y enseñaremos que si algo
se dona con voluntad de hacerlo los resultados son siempre positivos.
Nuestro propio Mishkan nos espera. Cuando nos pidan
algo para su construcción no miremos hacia otro lado sino recordemos como
nuestros antepasados en el desierto brindaron sus riquezas para la continuidad
de nuestro pueblo.
Las futuras generaciones también podrían agradecernos
a nosotros.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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