martes, 27 de febrero de 2018

Ki Tisá

Es más fácil echarle la culpa a otro que hacer un mea culpa por los errores cometidos. Conviene decir que fueron los egipcios que acompañaban al Pueblo de Israel los que incitaron a la construcción del Becerro de Oro a admitir que nuestros antepasados estuvieron de acuerdo con su construcción y aportaron los elementos necesarios para ello.
Pero también hay un detalle importante para tener en cuenta. El becerro no fue construido originalmente para reemplazar a Di-s. La idea original del Pueblo fue buscar un reemplazo para Moshé. El Pueblo le pide a Aaron: ”Haz un oráculo para liderarnos. No tenemos idea de qué le pasó a Moshé, el hombre que nos sacó de Egipto” (Shemot 32:1).

¿Por qué querían reemplazar a Moshé? Porque no sabían dónde se encontraba. Hacía casi 40 días que había ascendido al Monte Sinaí y nada se sabía de su paradero.

Aaron, el hermano de Moshé, fue el encargado de la construcción, aunque no con la idea de tener otro dios sino para calmar los ánimos. Pero de tener al becerro a idolatrarlo como un dios había mucho menos distancia que un paso. “[Algunos del pueblo empezaron a] decir: “Éste, Israel, es tu dios, que te sacó de Egipto” (Shemot 32:4).

Supongamos que fueron los erev rav (egipcios que escaparon con el Pueblo de Israel) quienes lo gritaron en primer lugar, ¿no tiene también culpa quien lo sigue? ¿O vamos a seguir sosteniendo nuestra santidad por la misma necesidad de tener que sentirnos santos? No seamos hipócritas y hagamos un mea culpa.

Obi Wan Kenobi le pegunta a Luke Skywaker, en el Episodio 4 de Star Wars “¿Quién es más loco? ¿El loco o el que sigue al loco?”.

Acá es lo mismo. El Pueblo era culpable por haber permitido la idolatría y más aún por haber provisto los instrumentos necesarios para que sea llevada a cabo. “Todo el pueblo se quitó sus pendientes y se los llevó a Aarón” (Shemot 32:3).

Habla de Todo el Pueblo. No dice, salvo si buscamos en el Midrash donde un hombre llamado Hur se opuso a esta situación y fue asesinado, que se haya evitado la construcción. Sólo se menciona que los Levitas


La Shejiná (presencia divina) es impalpable. Cuando Di-s quiso morar con nosotros construimos el Mishkán para que Él habite ahí. El Mishkán en sí no era Di-s.

El proceso de idolatría puede no ser instantáneo, pero lamentablemente si no amamos a Di-s muy difícilmente podamos escaparle.

La Torá nos habla de este incidente para recordarnos como castiga Di-s a quienes no cumplen sus mandamientos. “aproximadamente 3 000 personas fueron muertas ese día.” (Shemot 32:28). No es para decirnos “ocurrió una vez y no volverá a pasar”.

Todos los días ante nuestros ojos hay nuevos becerros de oro. Nuestra única opción para seguir por el camino de las mitzvot es hacernos cargo de nuestros errores, mirar hacia cualquier otro lado menos donde está ese becerro y recordar que no todo oro que brilla para nuestra alma es riqueza.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 20 de febrero de 2018

Tetzavé

Así como hemos leído anteriormente sobre el detalle para construir el Mishkán (el Tabernáculo), esta semana leemos sobre la ropa que debía llevar el Cohen Hagadol, el Sumo Sacerdote.

¿Qué hace que sea tan especial su apariencia? ¿No nos enseñan acaso que lo importante es cómo es uno como persona y no la ropa que viste?

Para respondernos imaginémonos a Aaron, el hermano de Moshé, ejerciendo su función sacerdotal vestido como Kurt Cobain (líder de la banda de grunge Nirvana). Sin desmerecer la moda podemos afirmar que estaría mal.

Di-s le ordena el Pueblo de Israel, a través de Moshé “Haz vestiduras sagradas que sean tanto majestuosas como bellas para tu hermano Aarón.” (Shemot 29:2).

¿Majestuosas? ¿No es ostentación? Para nada. Di-s no ostenta su gloria.

Di-s nos enseña que quien está en una situación de poder y/o tener la capacidad de influenciar sobre las masas debe mostrarse de una forma tal que pueda atrapar también con el campo visual.

La belleza de la ropa además no está destinada exclusivamente a la vista del Pueblo de Israel. “Hazlas como vestiduras sagradas para Aarón y sus hijos de modo que puedan ser sacerdotes para Mí.” (Shemot 28:4).

Di-s no nos quiere zaparrastrosos frente a Él. Nos quiere con nuestros mejores atuendos. “Serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Shemot 19:6).

Cada uno de nosotros somos nuestro propio Cohen Hagadol. Debemos vestirnos y arreglarnos para santificar el nombre de Di-s.

Moshé, que no fue nombrado Cohen Hagadol, no aparece mencionado por su nombre en esta Parashá. En primer lugar, porque dudó de la palabra de Di-s: “¿Quién soy yo para ir al faraón?” (Shemot 3:11). Y en segundo lugar porque pidió ser borrado si Di-s no perdonaba al Pueblo por el Pecado del Becerro de Oro: “Ahora, si Te place, por favor perdona su pecado. Si no, puedes borrarme del libro que has escrito”. (Shemot 32:32)

En otra Parashá Moshé desobedece una orden de Di-s y directamente se le prohíbe la entrada a la Tierra de Israel.

Por eso debemos ser cautos de los que Di-s nos pide, por más difícil que sea, y vestirnos de la mejor manera para estar frente a Él, ya sea en una Sinagoga o frente al Kotel, por poner unos ejemplos, ya que, si bien no seremos borrados del texto de la Torá, podemos perdernos algún capítulo del libro de nuestra vida.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

domingo, 11 de febrero de 2018

Trumá

"Toma Mi ofrenda de todo aquel cuyo corazón lo impulse a dar" (Shemot 25:2)

¿Cómo es que tomamos y no damos una ofrenda o donación? Todas nuestras posesiones son temporales. Quien decide qué, cuándo y cuánto es Di-s. De ahí que no damos algo nuestro sino que tomamos algo que Él oportunamente nos brindó y lo donamos para la causa.

Por eso lo primero que se nos pide es donar para el Tabernáculo. El lugar donde moraría la palabra de Di-s durante nuestra travesía por el desierto.

Si bien es muy fácil cumplir con la mitzvá de la tzedaka: firmamos un cheque, hacemos un depósito bancario o entregamos dinero a nuestras kehilot, lo difícil es sentirlo. En ese caso la estamos dando, no tomando.

Tomar una donación en nuestros días significa involucrarse, participar activamente y lograr un sentimiento de pertenencia.  

No temos que “tomar” ni un millón de dólares para ostentar lo que donamos. Di-s no enseña que cada cual puede donar de acuerdo a su poder adquisitivo. Por eso para el Mishkán hay una variedad de quince materiales que abarcaban desde el oro hasta especias.

Quien dona su tiempo como azkan (voluntario) está tomando una donación de lo más limitado que nos dio el Creador. Con todos los problemas y pesares económicos, es un acto de grandeza espiritual asimilable a los días en el desierto.

Esto me recuerda una frase en Pikei Avot atribuida a Hilel que dice: ¿Si yo no soy para mí, quién es para mí? ¿Y si yo soy para mí, qué soy yo? ¿Y si no es ahora, cuándo?.

En palabras de nuestra Parashá, ¿Si no tomo una donación, quién lo hará por mí? ¿y si yo puedo y no lo hago, qué clase de persona soy? ¿y si puedo ahora, por qué no lo hago?

El tiempo en nuestros días apremia. Las necesidades comunitarias son cada vez mayores.

Espero que tomes tu donación porque si no es ahora, ¿Cuándo?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

domingo, 4 de febrero de 2018

Mishpatim

Luego de la revelación en el Sinai y la entrega de los Diez Mandamientos, las primeras mitzvot (preceptos) que se nos indican son las relativas a la relación con los esclavos.

¿Qué hace que sea así? Estaba muy fresca en la memoria del Pueblo de Israel la partida de Egipto y el recuerdo de tantos años de esclavitud y opresión. Entonces Di-s para evitar la tentación de “estar en la vereda de enfrente” nos da leyes precisas sobre cómo tratar a los esclavos. No sea cosa que quisiéramos vengarnos por todo lo que sufrimos siendo iguales o peores que nuestros dominadores egipcios.

También nos dice Di-s que debemos liberar al esclavo al cabo de siete años. Esto se debe también a no acostumbrar al esclavo a una vida sin libertad donde sus necesidades básicas son cubiertas. Recordemos al Pueblo de Israel quejándose ante Moshe antes de la apertura del Iam Suf y a si vez la gran cantidad de años que sufrieron estando en Egipto.

Sólo recién cuando aprendemos a tratar a un semejante sobre quien ejercemos cierto domiño, estamos en condiciones de recibir las demás leyes.

Tenemos el primer ejemplo de daños y perjuicios con una frase tan sacada de contexto que merece ser explicada “Ojo por ojo, diente por diente, herida por herida y quemada por quemada” (Shemot 21:24). No implica que a quien le sacan un ojo o un diente tiene que ir y arrancarle la misma parte del cuerpo a quien se lo hizo.

Es un concepto más profundo. Significa que tenemos que resarcir en la misma proporción que el daño causado. Recordemos la época en que la Torá nos fue entregada y está escrita en un lenguaje y utilizando términos relativos a esa época. Imaginémonos que Di-s nos hubiera transmitido “Si tu prójimo te choca el automóvil deberá indemnizarte con los gastos incurridos en el mecánico”. El Pueblo de Israel no hubiera entendido nada.

También trae los conceptos de culpa y dolo con la explicación de las acciones de un buey. Si éste corneaba el dueño recibía un castigo pero si además el dueño sabía que el buey era corneador el castigo era aún mayor porque había negligencia y dolo por parte del dueño.

La Torá es nuestra guía y por eso debe ser entendida como tal. El lenguaje utilizado es el correspondiente a aquella época y está en nosotros traspolarlo a nuestro días.

No existen en la actualidad esclavos hebreos pero sí muchas relaciones laborales que se asemejan a la esclavitud. Jefes que creen que ayunando en Iom Kipur o dando una donación a su kehilá los eximen del respeto y cumplimiento del resto de las mitzvot.

Tampoco existe sacarle un ojo a alguien pero si muchas situaciones en las que los daños y perjuicios se solucionan pagando el monto correspondiente como si fuera “ojo por ojo”.

Entonces es ridículos pensar que las mitzvot son arcaicas. Fueron entregadas por Di-s porque Él determinó que nos servirían para siempre.

Nuestra obligación es traerlas e interpretarlas dentro de nuestro tiempo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein