Así como hemos leído
anteriormente sobre el detalle para construir el Mishkán (el Tabernáculo), esta
semana leemos sobre la ropa que debía llevar el Cohen Hagadol, el Sumo
Sacerdote.
¿Qué hace que sea tan
especial su apariencia? ¿No nos enseñan acaso que lo importante es cómo es uno
como persona y no la ropa que viste?
Para respondernos imaginémonos
a Aaron, el hermano de Moshé, ejerciendo su función sacerdotal vestido como
Kurt Cobain (líder de la banda de grunge Nirvana). Sin desmerecer la moda
podemos afirmar que estaría mal.
Di-s le ordena el
Pueblo de Israel, a través de Moshé “Haz vestiduras sagradas que sean tanto
majestuosas como bellas para tu hermano Aarón.” (Shemot 29:2).
¿Majestuosas? ¿No es
ostentación? Para nada. Di-s no ostenta su gloria.
Di-s nos enseña que
quien está en una situación de poder y/o tener la capacidad de influenciar
sobre las masas debe mostrarse de una forma tal que pueda atrapar también con
el campo visual.
La belleza de la ropa
además no está destinada exclusivamente a la vista del Pueblo de Israel. “Hazlas como vestiduras sagradas
para Aarón y sus hijos de modo que puedan ser sacerdotes para Mí.”
(Shemot 28:4).
Di-s no nos quiere
zaparrastrosos frente a Él. Nos quiere con nuestros mejores atuendos. “Serán
para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Shemot 19:6).
Cada uno de nosotros
somos nuestro propio Cohen Hagadol. Debemos vestirnos y arreglarnos para
santificar el nombre de Di-s.
Moshé, que no fue
nombrado Cohen Hagadol, no aparece mencionado por su nombre en esta Parashá. En
primer lugar, porque dudó de la palabra de Di-s: “¿Quién soy yo para ir al faraón?” (Shemot 3:11).
Y en segundo lugar porque pidió ser borrado si Di-s no perdonaba al Pueblo por
el Pecado del Becerro de Oro: “Ahora, si Te place, por favor perdona su pecado.
Si no, puedes borrarme del libro que has escrito”. (Shemot 32:32)
En otra Parashá Moshé
desobedece una orden de Di-s y directamente se le prohíbe la entrada a la Tierra
de Israel.
Por eso debemos ser
cautos de los que Di-s nos pide, por más difícil que sea, y vestirnos de la
mejor manera para estar frente a Él, ya sea en una Sinagoga o frente al Kotel, por
poner unos ejemplos, ya que, si bien no seremos borrados del texto de la Torá,
podemos perdernos algún capítulo del libro de nuestra vida.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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