¿Cuántas veces somos
designados para hacer algo y desaprovechamos la oportunidad? ¿Cuántas veces en
vez de abrir nuestras alas para volar echamos
a tierra nuestras aspiraciones?
Onán, hijo de Yehuda, tenía
una oportunidad para hacer algo. Cuando falleció su hermano Er, siguiendo la
tradición de aquella época, debía casarse con Tamar, viuda de Er, y concebir un
hijo para mantener vivo el nombre de su hermano.
Onán evitó por todos los
medios posibles que eso ocurriera. “Lo que hizo era malo a los ojos de D´s, y
también lo hizo morir a él” (Vaieshev 38:10).
Sin ahondar en detalles sobre
lo actuado por Onán, tomemos como premisa para nuestra vida, que, si somos
designados para hacer algo, y comenzamos a hacerlo, debemos terminar.
Si no nos sentimos capacitados
y/o cómodos para la tarea, lo mejor es decirlo al principio y conseguir otra
persona que lo haga. Nadie nos debería juzgar por lo que hacemos o dejamos de
hacer, sino más bien por lo que hacemos por la mitad.
En la película Karate Kid, el
señor Miyagi le dice a Daniel: “Ir por la carretera. Por la derecha, a salvo.
Por la izquierda, a salvo. Por el medio… te aplastan como a una uva”.
Y es un clarísimo ejemplo de
lo que se viene explicando. Si uno hace o no las cosas encomendadas está a
salvo de ser juzgado por la intención. Si uno lo hace por la mitad, seguro se
estrella.
Entendamos que D´s no nos va a
matar si no completamos nuestra tarea. En nuestros días el juzgamiento social y
la mediatización de la condena es equivalente a eso.
“Yehudá
le dijo a Onán: “Cásate con la mujer de tu hermano”” (Vaieshev 38:8). No
le preguntó si tenía ganas o si podía. Le dio una orden.
¿Por
qué Onán no se opuso? No encontramos en el texto palabra alguna sobre la
imposición. Por contraposición es una aceptación tácita.
Y
acá entra la condena porque no hizo lo que se suponía que debiera. Y es por eso
que ser como Onán no es bien visto.
La
responsabilidad de los actos encomendados es equivalente a la ley divina.
Cuando uno se compromete debe cumplir con lo prometido.
Muchas
veces por miedo al qué dirán nos embarcamos en situaciones en las cuales no nos
sentimos cómodos y fracasamos y nos frustramos por no saber decir que no.
Onán
no supo decir no. Aprendamos nosotros a utilizar esa palabra que no tiene un
significado negativo. Un no a tiempo puede evitarnos problemas a futuro.
La
vida está para vivirla a pleno y es muy corta para frustrárnosla empezando
cosas que no podremos terminar como se debe.
Reflexiones
sobre la palabra no. Muchas veces no es una forma de negar algo sino una manera
de empezar a querernos a nosotros un poquito más.
Aprovechemos
el Shabat para pensar qué podemos hacer para lograr un mundo mejor. Es posible…
siempre y cuando empecemos y terminemos de concretarlo.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein