martes, 27 de marzo de 2018

Pesaj 5778


¿Qué es Pesaj? ¿Qué lo hace tan importante inclusive más que la Creación misma de nuestro mundo? En las bendiciones posteriores al Shemá Israel recitamos “Yo el Señor vuestro Di-s, que os saqué de la tierra de Mitzraim, para ser vuestro Di-s: Yo el Señor vuestro Di-s.

No figura “Yo soy Di-s creador del mundo y dador de tu vida”. En casi todos los rezos figura Di-s que nos liberó de la esclavitud y sacó de Mirztraim.

La importancia de este jag (festividad) se encuentra en Di-s mismo. Hasta ese momento Di-s se comunicaba o mostraba sus acciones a determinadas personas. Era el dios de Abraham, Itzjak y Yaacob. A partir de sus demostraciones de grandeza el pueblo lo empieza a concebir como Di-s. El Di-s del Pueblo de Israel.

Las pruebas que tuvo que superar nuestro Pueblo probablemente sean consideradas excesivas. Cuatrocientos años de esclavitud acabarían con cualquier civilización oprimida. Pero nosotros no cedimos. Nos sometieron a trabajos forzados, los hicimos; nos quisieron asimilar a la cultura egipcia, lo rechazamos; quisieron matar a todos los niños por miedo a que haya un liberador, y Moshé sobrevivió.

Y Moshé fue criado como un “príncipe egipcio” y sin embargo el fuego interior de sus orígenes se mantuvo siempre encendido. “ [Un día] vio que un egipcio mató a uno de sus hermanos hebreos “ (Shemot 2:11). “[Moshé] miró hacia todos lados a su alrededor, y cuando vio que nadie estaba [observando], mató al egipcio y ocultó su cuerpo en la arena.” (Shemot 2:12).

Di-s le mostró a Moshé que era él quien estaba destinado a liderar el Éxodo.

No son las palabras sino los actos los que definen a una persona. Moshé era tartamudo y eso no impidió que cumpliera sus funciones. No eran las palabras que salían de su boca sino el mensaje que transmitía. La Torá no nos dice “Moshé dijo” sino “Vaiomer Adonai el Moshé”, “y habló Di-s a Moshé”. Moshé repetía los mandamientos de Di-s porque creía firmemente en lo que le era transmitido.

Y asimismo la humildad es otro de los pilares que aprendemos de este jag. Moshé no pudo entrar a la Tierra Prometida por no cumplir una ley impartida por Di-s. Era hablarle y no golpear la roca. Era tan simple como eso. Pero Moshé no escuchó bien, se adelantó a las palabras siguientes o simplemente quiso ser arrogante.

Nos puede parecer que golpear dos veces una piedra no sea tan grave, pero para quien lidera a una Nación, aún un parpadeo puede ser tomado como síntoma de ceguera.
Pesaj es el jag que resume la historia del Pueblo de Israel a través del tiempo: opresión, esperanza, miseria, fe en Di-s y libertad.

Pesaj es el jag de la liberación. El momento en que el Pueblo de Israel creyó en Di-s. De acuerdo al Midrash, Di-s le preguntó a todos los pueblos si querían la Torá y sólo el nuestro dijo que sí. ¿Eso fue antes o después de liberarnos? ¿Acaso importa? No. Lo importante es que salimos de Mitzaraim y todos los años en nuestro Séder lo recordamos porque sólo la memoria mantiene vivo un recuerdo.

La libertad es la condición humana más importante y aun así no la entendemos. Sólo de nuestras palabras seguimos siendo esclavos y esa esclavitud sólo se suaviza midiendo lo que decimos.

En el Séder hablamos de cuatro hijos: uno es sabio, uno es malvado, uno es simple, y el último no sabe cómo preguntar. En la actualidad tenemos que agregar un quinto: el que no sabe qué es Pesaj, ni lo celebra, ni le importa.

Ese quinto hijo continúa siendo esclavo.

Está en nosotros enseñarle el camino de la libertad. Aquel camino que Di-s nos enseñó sacándonos de Mitzraim, haciéndonos cruzar el Yam Suf, llevándonos al Monte Sinaí y depositando a todo un Pueblo en la Tierra Prometida.

¿Fueron bastantes cosas, no? Aunque si Di-s solamente nos hubiera sacado de Egipto… nos hubiera bastado.

Jag ha'Pesaj Kasher Ve'sameaj

Lucas Fisbein

miércoles, 21 de marzo de 2018

Tzav


En el texto de esta semana leemos que “(El sacerdote) Quitará las cenizas de las ofrendas quemadas consumidas por el fuego que estén sobre el altar, y las pondrá cerca del altar” (Vaikrá 6:3).

A simple vista parece una mitzvá más de las 613 que aparecen en la Torá, pero analizando un poco el significado, como tenemos que hacer con todas, vemos que se le pide al Cohen, es decir a Aaron, que realice esta acción.

¿Y por qué se le pide a la persona de mayor nivel espiritual que haga esta tarea?

Di-s nos está demostrando que todas las acciones son importantes para Él. Que una persona que tiene un nivel cultural elevado realice tareas que supuestamente, y bajo una estructura estratificada de nuestra sociedad moderna, estarían encomendadas a otro tipo de personas, nos enseña que no se nos tienen que caer los anillos por tener que hacer determinadas tareas.

Mucha gente en la actualidad dona sumas abultadas a las kehilot y con eso creen que cumplieron con sus deberes morales. En cierto sentido puede ser, pero debemos recordar que el dinero es un medio y no un fin per se. El fin es contribuir al mejoramiento continuo y muchas veces no es necesario el dinero sino remangase, ponerse una túnica distinta y contribuir de otras maneras.

A veces creemos que por no estar a la altura de otros nuestras acciones son menos.

De algo podemos estar seguros. La única acción que Di-s condena es la de quedarnos sin hacer nada. Siempre podemos contribuir, siempre podemos recoger las cenizas como Aaron.

Y más en estos tiempos donde el fuego de nuestra fé se ve influenciado por factores externos que intentan, a propósito, o no, asimilarnos a otras culturas, es cuando debemos cargar las cenizas para reavivar el fuego.

En el horizonte aparece Pesaj. Una fecha importante que nos enseña y recuerda lo que es la libertad. Y el Pueblo cuando huyó de Egipto no lo hizo portando grandes riquezas y, aun así, cada uno contribuyó para que seamos un pueblo rico.

Y no tenemos que creer que no tener dinero para aportar a nuestras kehilot nos aleja del mundo comunitario. Hay un recurso económico y a la vez reconfortante: la Tefilá. Si bien el tiempo no puede medirse en dinero, a pesar que algunos servicios profesionales lo cuantifiquen, estamos ofreciendo el bien inmaterial más escaso que poseemos.

Todo lo que hagas siempre será mejor a todo lo que no hagas. Podés ser Cohen Hagadol y a la vez recoger las cenizas del altar. Interiormente podés ser lo que quieras pero son tus actos los que determinan lo que en realidad sos.

Es el momento de hacer porque tal vez cuando te quieras acordar, en vez de ser quien levanta las cenizas, seas tú quien sea levantado.

Pensalo bien la próxima vez que quieras quedarte quieto.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

jueves, 15 de marzo de 2018

Vaikrá


¿Cuánta gente va a las corridas de Toros en España? ¿Cuánta gente va de caza por diversión? ¿Cuánta gente hubo apostando en riñas de gallos? ¿Cuántos fuimos a disfrutar de los animales en el Zoológico de Buenos Aires mientras ellos sufrían por la falta de cuidado?

A todos los que se encuentran en algún grupo mencionado arriba le mostramos el texto de esta Parashá, Vaikrá, y lo más probable es que se horroricen por los sacrificios de animales que se mencionan.

Con la destrucción del Templo los sacrificios fueron dejados de lado.

No se dejó de ofrendar animales para dar paso a la oración, sino que no tenemos un lugar sagrado donde ofrendar los animales.

Ojalá pudiéramos ver el restablecimiento del Beit Hamikdash y ver cómo sería entonces.

¿Nos tildarían de crueles? Seguramente. ¿Asesinos de animales? Seguramente. Y tendríamos miles de calificativos de aquellos que olvidan que quien nos dio los animales es a quien se lo ofrecemos para expiar nuestros pecados.

Las ofrendas a Di-s se dividían en cuatro: la voluntaria, la de paz, la del pecado y la de culpa.

Para aquella época uno, y tal vez el de mayor valor, de los bienes preciados era el alimento. Ofrecer un animal a Di-s equivalía a tener menos cantidad de comida. Había que restringir las raciones a futuro para poder cumplir.

Como Di-s es justo le exige a cada persona de acuerdo a sus posibilidades. Quien podía ofrecía un animal, quien podía menos un ave y quien estaba con muy pocos recursos bastaba con harina.

De la misma forma es como debemos manejarnos en Comunidad. Quien más puede más debe aportar y quien tiene menos recursos aportará lo que esté a su alcance. No sólo con dinero se mantiene una kehilá.


En nuestros días recitamos la Amidá en vez de las ofrendas. Sea para agradecer o para expiar, le estamos ofreciendo a Di-s el bien más escaso que nos dio y el único que no sabemos en qué medida: el tiempo.

Siempre es preferible usarlo para agradecer. Di-s es benevolente con quienes reconocen su grandeza. Si lo usamos para expiar recordemos para la próxima vez cuánto nos cuesta en tiempo el deño que hemos causado.

Sacrificar animales para Di-s no es algo malo ya que todo en el mundo a Él pertenece. Matarlos por deporte o diversión, eso sí que es crimen.

Di-s nos dio una fecha de vencimiento que desconocemos. Si llegamos a ese momento sin ser agradecidos con Él por el tiempo brindado, ¿qué sentido tuvo nuestra existencia?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

domingo, 4 de marzo de 2018

Vaiakel-Perkudei


No enciendan ningún fuego en el Shabat, sin importar dónde vivan” (Shemot 35:3). Sin embargo ese día encendemos con más fuerza el fuego interior que simboliza nuestra fe en Di-s.

Puedes hacer trabajo durante los seis días de la semana, mas el sábado debe mantenerse sagrado como Shabat de Shabatot para Di-s” (Shemot 35:2). Recordemos que nuestro mundo fue creado en seis días y en el séptimo Di-s descansó. Pero no es que dejó de hacer cosas ese día sino que se limitó a observar lo que había creado.

Shabat es un día para ser y dejar de hacer.

Además es el día en el cual nos acercamos a Di-s sea mediante la lectura de la Torá, la seudá (cena) de Shabat o el tiempo que uno puede pasar con la familia.

Celulares, televisión, computadoras, y muchos más elementos deberían salir de nuestras vidas en Shabat para permitirnos por un día poder ser simplemente como Di-s nos creó: humanos

La primer Parasha se llama Vaiakel que significar reunir. Si nos pudiéramos reunir todos para santificar el Shabat, el fuego interior de nuestra fe arderá con más fuerza.

La segunda Parasha es Perkudei y nos relata el detalle de cómo se utilizó lo recaudado para el Mishkan (Tabernáculo). Esto me recuerda un pasuk (versículo) de Pirkei Avot que dice: “Hay cuatro clases de personas caritativas: el que desea dar pero que otros no den; que otros den y él no; que él dé y que otros también den y que él no dé y que los otros tampoco den” (Pirkei Avot 5:13). En un sola palabra los podemos resumir a cada grupo en: envidioso, injusto, virtuoso y malvado.

Sabemos por el relato de la Torá que la mayoría del Pueblo de Israel se encontraba en el tercer grupo pero también había gente en el segundo grupo.

La rendición de cuentas que hace Moshé, va principalmente dirigida para aquellos que no quisieron dar o que dieron a regañadientes. Si dieron oro, plata o cobre, y se les explica la manera en que fueron utilizados, seguramente la próxima vez que se lo soliciten lo harán con placer.

Si algo caracterizó al Pueblo de Israel a través de su historia fue la solidaridad entre sus miembros. Kol Israel arevim ze laze (cada judío es responsable uno del otro).

Moshé no necesitaba dar explicaciones pero sin embargo lo hizo para evitar generar dudas sobre el destino de las donaciones y el origen de la riqueza que él como persona pudiera tener.

Y si el hombre que nos liberó de la esclavitud y nos condujo por el desierto demostró toda su humildad con este acto, nosotros no podemos ser menos y debemos emularlo.

Rendir cuentas no es generar dudas sobre lo que se hace con lo recibido sino una forma de agradecer por lo donado.

Siempre rindamos cuentas aunque no se nos pida. Estaremos siempre tranquilos con nuestra consciencia y enseñaremos que si algo se dona con voluntad de hacerlo los resultados son siempre positivos.

Nuestro propio Mishkan nos espera. Cuando nos pidan algo para su construcción no seamos envidiosos ni injustos ni malvados. Si nuestros antepasados en el desierto brindaron sus escasas riquezas para la continuidad de nuestro pueblo, qué podemos esperar de nosotros mismos que seguramente estamos en una mejor posición que ellos.

Nos aseguramos de esta manera que nuestro fue interior arda con toda su fuerza.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein