¿Cuánta gente va a las corridas de
Toros en España? ¿Cuánta gente va de caza por diversión? ¿Cuánta gente hubo
apostando en riñas de gallos? ¿Cuántos fuimos a disfrutar de los animales en el
Zoológico de Buenos Aires mientras ellos sufrían por la falta de cuidado?
A todos los que se encuentran en algún
grupo mencionado arriba le mostramos el texto de esta Parashá, Vaikrá, y lo más
probable es que se horroricen por los sacrificios de animales que se mencionan.
Con la destrucción del Templo los
sacrificios fueron dejados de lado.
No se dejó de ofrendar animales para
dar paso a la oración, sino que no tenemos un lugar sagrado donde ofrendar los
animales.
Ojalá pudiéramos ver el
restablecimiento del Beit Hamikdash y ver cómo sería entonces.
¿Nos tildarían de crueles? Seguramente.
¿Asesinos de animales? Seguramente. Y tendríamos miles de calificativos de aquellos
que olvidan que quien nos dio los animales es a quien se lo ofrecemos para expiar
nuestros pecados.
Las ofrendas a Di-s se dividían en
cuatro: la voluntaria, la de paz, la del pecado y la de culpa.
Para aquella época uno, y tal vez el de
mayor valor, de los bienes preciados era el alimento. Ofrecer un animal a Di-s
equivalía a tener menos cantidad de comida. Había que restringir las raciones a
futuro para poder cumplir.
Como Di-s es justo le exige a cada
persona de acuerdo a sus posibilidades. Quien podía ofrecía un animal, quien
podía menos un ave y quien estaba con muy pocos recursos bastaba con harina.
De la misma forma es como debemos
manejarnos en Comunidad. Quien más puede más debe aportar y quien tiene menos
recursos aportará lo que esté a su alcance. No sólo con dinero se mantiene una
kehilá.
En nuestros días recitamos la Amidá en
vez de las ofrendas. Sea para agradecer o para expiar, le estamos ofreciendo a Di-s
el bien más escaso que nos dio y el único que no sabemos en qué medida: el
tiempo.
Siempre es preferible usarlo para
agradecer. Di-s es benevolente con quienes reconocen su grandeza. Si lo usamos
para expiar recordemos para la próxima vez cuánto nos cuesta en tiempo el deño
que hemos causado.
Sacrificar animales para Di-s no es
algo malo ya que todo en el mundo a Él pertenece. Matarlos por deporte o
diversión, eso sí que es crimen.
Di-s nos dio una fecha de vencimiento
que desconocemos. Si llegamos a ese momento sin ser agradecidos con Él por el
tiempo brindado, ¿qué sentido tuvo nuestra existencia?
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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