miércoles, 30 de mayo de 2018

Behaalotjá

Uno de los aspectos más controversiales del ser humano es su capacidad para quejarse y desear lo que no tiene más allá de aprender a disfrutar de lo que ya posee.

El Pueblo de Israel tenía comida a través del maná. Habían dejado atrás la esclavitud en Egipto, eran libres y se dirigían a la Tierra Prometida, pero parece que eso no les bastaba.

¿Quién va a darnos algo de carne que comer?” (Bamidbar 11:4)

Teniendo garantizado el alimento el Pueblo se ponía en exquisito. No está mal aspirar a más siempre y cuando sepamos cómo hacerlo.

“Recordamos afectuosamente el pescado que podíamos comer en Egipto sin costo alguno, junto con los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajo.” (Bamidbar 11:5).

Sin costo. Claro. Parece que tanto tiempo en libertad les abrió la cabeza y los recuerdos se esfumaron. ¡¡¡Cuatrocientos años fueron esclavos!!! ¿Y vienen a decir que el pescado era sin costo?

Distinto hubiera sido que agradecieran a Di-s por la comida y preguntado si podían comer carne una vez.

El resultado hubiera sido el mismo. Al fin y al cabo, Di-s dice “Prepárense para mañana, puesto que entonces tendrán carne que comer.” (Bamidbar 11:18).

La forma en que uno se expresa tiene que estar de acuerdo a lo que quiere expresar y conseguir. Supongamos que estamos frente a un gran donante y sabemos que va a firmarnos un cheque por una suma considerable, lo más adecuado es explicarle que se hace con las donaciones y cómo vamos a distribuir lo que nos dé. En muchos casos, tanto dentro como fuera de los circuitos comunitarios, se piensa que quien tiene capacidad para donar está obligado a hacerlo.

Di-s tiene la capacidad de darnos enormes cantidades de alimentos. ¿Estaba obligado a darles carne? ¿Se lo pidieron de buena manera?

La respuesta de Di-s fue “La comerán (la carne) no durante un día, ni durante dos días, ni durante cinco días, ni durante diez días y ni durante veinte días” (Bamidbar 11:19).

El reproche al solicitar tiene como respuesta una acción a desgano.

Y esta forma de pedir, porque sabemos que la otra puede darlo, ¿no es equivalente a cuando vamos a las Tefilot (Servicios Religiosos) a pedir por algo? Le pedimos a Di-s como si fuera su obligación respondernos y cumplir nuestros deseos.

¿No es más fácil agradecer a diario lo que tenemos? ¿Tanto tiempo lleva decir “Gracias Di-s por lo que me diste”? Pensalo.

Las Tefilot son como el maná en aquellos días: le podemos dar el gusto que queremos.

Y como toda comida se disfruta mejor en Comunidad.

Trae tu parte y disfrutemos juntos del banquete.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 23 de mayo de 2018

Nasó


Cada vez que leo el texto de esta Parashá me pregunto por qué está escrito doce veces lo mismo si era más fácil decir “cada uno de los 12 príncipes trajo...” y enumeraríamos las donaciones.

La primera respuesta, tal vez la que sea más fácil de entender por su simpleza, es que en la Torá no sobra ni falta una palabra. Si está escrito así es porque Di-s le dio un sentido y así debe ser.

Otra interpretación sería como si cada uno trajo su ofrenda como si fuera única y la motivación para hacerlo sea distinta.

Y llevándolo a la actualidad podemos ver principalmente en los Iamin Noraim la cantidad de gente que asiste a las Tefilot y los motivos son tantos como personas haya. Hay quienes lo hacen porque siempre concurren; otros porque es un buen momento para juntarse en comunidad y ver conocidos; otros sólo para decir que van; otros porque creen que pueden lavar su consciencia en esos días por conductas repudiables durante el resto del año; etc. En fin, cada uno que concurre va motivado por algo y cree que su motivación es única.

En otras palabras, estamos ofrendando a Di-s el bien más escaso y limitado que nos dio: el tiempo.

Y debemos saber utilizarlo porque nunca sabemos que deparará el mañana. Las dos veces que tenemos que recitar el Shemá no son por un capricho. El de la mañana (al levantarnos) es para agradecer tener un día más para disfrutar y el de la noche (al acostarnos) para agradecer haber vivido un día más.

Di-s no nos dio las mitzvot para que las recitemos como loritos parlanchines y las realicemos como robots. Nos dio la Torá como una guía.

La Torá tiene la misma raíz en hebreo que la palabra luz (or). Y no es casualidad. Como la luz ayuda a brillar más en momentos claros e ilumina en momentos de oscuridad.

Y por sobre todas las cosas ser fieles a Di-s. Porque también se habla sobre la infidelidad esta semana.

Cada transgresión a una mitzvá es un acto de infidelidad a Di-s pero en este caso el acto secreto no es hacia Él sino hacia la Comunidad. Di-s sabe todo lo que hacemos, pero los hombres no.

Por eso decimos que la infidelidad es un acto objetivo y no subjetivo. La acción se puede juzgar por sí misma y no por una interpretación.

Recordémoslo siempre antes siquiera de pensar en ser infieles, ya sea, contra Di-s o contra nuestra pareja. Un alma queda incompleta y nuestro matrimonio, con Di-s o con la otra persona, queda destruido.

Seamos príncipes de nuestra tribu, de nuestros días, de nuestra comunidad. Seamos fieles con aquellos que amamos. Que nuestro amor sea como la Torá: que no sobre ni falte nada y por sobre todas las cosas que nos ayude a iluminar a quienes amamos.

Si no tienes un motivo para ofrendarle a Di-s tu tiempo, te espero este Shabat para ayudarte a encontrar uno.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 16 de mayo de 2018

Bamidbar


Comenzamos Bamidbar, el cuarto libro de la Torá. En español se lo conoce con el nombre de Números en referencia a que comienza con el pedido de Di-s a Moshé para que haga un censo.

Este censo tiene dos intenciones. En primer lugar, determinar el número de personas que había en ese momento y en segundo lugar demostrar que para Di-s no existía una persona más importante que otra. Si uno estaba en el orden primero o en el último del conteo era indistinto. A los ojos de Di-s somos todos iguales.

También al hacer el pedido Di-s le dice a Moshé: “Junto a ustedes [Moshé y Aaron] habrá [un] hombre de cada tribu, [y] él será la cabeza de su linaje paterno”- (Bamidbar 1:4).

De esta manera se está haciendo implícitamente una división y delegación de poderes. Al haber representantes, éstos pueden tratar los problema triviales y menores de cada tribu, dejando a Moshé los temas más importantes.

Así como Iltro sugirió quitarle presión a Moshé con la formación de un Sanedrín, esta designación dividía al Pueblo en comunas.

Es un buen ejemplo de cómo se puede gobernar con un estado pequeño pero fuerte en sus convicciones y en donde cada miembro sabe hasta dónde puede dentro de sus funciones.

Y con relación a la ubicación de cada Tribu en el campamento, la misma fue igual a como llevaron el ataúd de Yaakov.

Pero si acaso a alguna Tribu le hubiera molestado estar más a la derecha o más a la izquierda, ¿importa el lugar cuando lo importante es lo que está en el medio?

No existía campo, platea baja y platea alta como en un recital. Desde cualquier parte del campamento se podía ver el Tabernáculo y era como si todos estuvieran en primera fila.

En nuestros días tenemos sólo el recuerdo. Se perdieron el rastro de algunas tribus y el Tabernáculo quedó en el olvido.

Y si de números hablamos estamos terminando la Cuenta del Ómer. Nuestra espiritualidad está alistada para celebrar la entrega de la Torá. Desde el segundo día de Pesaj contamos 49 días para que nuestra alma sea purificada de toda bajeza.

Que este Shavuot que se acerca nos haga recordar la importancia de haber sido el pueblo elegido para recibir la Torá.

Agradezcámosle a Di-s estudiándola cada día. Hagamos números, ¿cuántos minutos diarios podría llevarnos?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 9 de mayo de 2018

Behar-Bejukotai


Cuando tu hermano empobrezca y pierda la aptitud de mantenerse en la comunidad, debes acudir en su ayuda. Ayúdale a sobrevivir, ya sea un prosélito o un [israelita] nativo.” (Vaikrá 25:35).

Tema actual si lo hay el del empobrecimiento y no hablando en términos de poder adquisitivo. Empobrecerse también es banalizar una situación trágica, tratar de desvirtuar lo que miles de documentos y testimonios así lo testifican.

La señora Esmeralda Mitre cayó en la pobreza al hablar de la cantidad de personas que fueron asesinadas en la Shoá. Merecía el repudio de toda la sociedad de la misma manera que sucedió cuando se habló de los desaparecidos durante la última dictadura argentina.

Para proteger a quien necesita ayuda, Di-s nos dice “No tomes de él [interés] anticipado ni interés acumulado. Teme a tu Dios, y que tú hermano viva junto a ti.” (Vaikrá 25:36).

El señor Ariel Cohen Sabban, a través de la DAIA, cumplió la primer mitzvá. Ayuda a esta señora a sobrevivir espiritualmente luego de haber caído en la pobreza.

Independientemente de la creencia religiosa que tenga nuestro hermano debemos ayudarlo. Las grandes religiones buscan, a su manera, que haya amor entre las personas. Quienes profesamos una podemos estar o no de acuerdo en cómo lo hace la otra, pero por sobre todas las cosas debemos mostrar respeto.

Como es de público conocimiento, la actriz denuncia que el ahora ex presidente de la DAIA quiso propasarse con ella.

En primer lugar, ¿él quiso sacar un rédito de la situación y como si fuera cobrar un interés hizo lo que hizo? ¿puede una persona que representa a la Comunidad contradecir los mandamientos de Di-s?

La primera pregunta la respondo con un sí. Desde el momento que se acerca al departamento sin compañía de nadie está buscando un provecho en la situación. Un rédito. Un interés.

La segunda pregunta es un no rotundo. Quien está a cargo tiene una gran responsabilidad. Para eso se lo elige.

Por otro lado, también tenemos que entender que Cohen Sabban ha caído en la pobreza. ¿Debemos dejarlo solo y que empobrezca hasta más no poder?

Hay que ayudarlo. No podemos sentenciar a muerte a una persona por un error que cometió o que fue inducido a cometer. La sociedad lo juzgó y la Comunidad también.

Debemos recordar que fuimos creados a imagen y semejanza de Di-s, es decir que no somos un clon de Él. Nos podemos equivocar y tenemos que pagar por nuestros errores.

La ayuda a un hermano debe ser siempre dentro de los límites éticos, legales y morales que establece nuestra sociedad. Si lo hacemos por fuera de ellos caemos en la tentación de olvidar cuales son nuestras obligaciones.

Ojalá nunca haya un hermano a quien socorrer. Que no haya pobreza y por sobre todas las cosas recordemos que, aunque pensemos que estamos solos, Di-s siempre nos está observando y sabe cuáles son nuestras intenciones.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 2 de mayo de 2018

Emor


Cuando tenemos la suerte de viajar a otro país y pasar un tiempo en el extranjero, ¿conocemos sus leyes? ¿se nos aplican leyes distintas que sus habitantes? La ley es igual para todos. Y en relación al Pueblo de Israel la Torá nos dice “Habrá una ley para ustedes, tanto para el prosélito como para el nativo, puesto que Yo soy Dios, Señor de [todos] ustedes” (Levítico 24:22).

Quien quiera habitar entre nosotros deberá atenerse al cumplimiento de nuestras mitzvot. Por ejemplo, cuantas veces vemos en nuestras sinagogas entrar a algún gentil sin la kipá en su cabeza. ¿El ser gentil lo exime de esa obligación? Absolutamente no. Muchas veces lo hacen por desconocimiento o ignorancia de las leyes respectivas a nuestros servicios religiosos. Puede pasar y no es una falta grave como cuando un yehudí entra a la sinagoga, se sienta como si nada y tal vez recuerda que tiene su kipá en el bolsillo.

Hay un principio del derecho que se encuentra en la mayoría de los Códigos Civiles y Comerciales de los países que nos dice “que la ley se presume conocida por todos”.

Si sos parte de Nuestro Pueblo y entrás al Beit HaKneset (sinagoga) sin kipá, olvidás apagar tu celular durante la Tefilá (no te estoy pidiendo durante todo el Shabat, sólo ese ratito) u olvidas mantener silencion en los momentos de la Amidá, tal vez la presunción mencionada anteriormente sea incorrecta.

De ser así investigá, estudiá e interiorizate de los pormenores de nuestras mitzvot. Hay ciertos movimientos que hacemos porque presumimos que los sabemos y aun así nos preguntan el por qué y desconocemos la respuesta.

Di-s nos dice “Cuídense en lo referente a Mis mandamientos y cúmplanlos” (Levítico 22:31).

La mejor forma de cumplirlos es conociéndolos y no suponer que los conocemos. Podemos estar de acuerdo o no con las mitzvot pero lo que no podemos dejar de hacer es conocerlos.

Esta semana se nos recuerdan los jaguim (festividades): Shabat, Pesaj, La Cuenta del Omer (este “jag” seguro que muchos no lo conocen, aunque presumimos que sí), Shavuot, Rosh HaShaná, Iom Kipur y Sucot.

La ley es igual para todos. Seamos nativos o extranjeros debemos cumplirla de la misma manera.

Así que la próxima vez que veamos a alguien infringiendo las leyes en nuestras kehilot acerquémonos con delicadeza y hagámoselo saber.

Debemos ser santos porque Di-s es santo. Él conoce las mitzvot. ¿y nosotros? ¿qué onda?

Shabat Shalom

Lucas Fisbein