jueves, 26 de diciembre de 2019

Miketz 5780


Hay una frase de Yaakov que me llamó la atención cuando leía la Parashá de esta semana. Son cuatro palabras, pero su significado es enorme. “Vivamos y no muramos” (Miketz 42:2).

Vivir es mucho más que respirar, tomar aire, oxigenar nuestro cuerpo, que el corazón lata, etc. Vivir es perseguir nuestros sueños, sentir, amar, reír, y tantas otras cosas hermosas que si no las hacemos estaríamos metafóricamente muertos.

¿Te pusiste a pensar si realmente vivís? D´s nos da la vida, pero las ganas de vivir son nuestras. Si nos quedamos criticando todo sin hacer nada al respecto lo único que hacemos es dejar pasar nuestra oportunidad de vivir.

¡Vivamos! Porque la vida es una sola. No sabemos lo que hay después. Dejemos un recuerdo que valga la pena para las generaciones futuras. No veamos como pasan las cosas, hagamos que las cosas pasen. Si somos meros espectadores estamos como muertos.

Cuando hacemos la vista gorda en la calle para no ayudar a un no vidente, cuando un amigo está mal y no lo llamamos, cuando no hacemos tzedaká, esos son síntomas de que estamos casi muertos.

Iosef también eligió vivir. Al momento de reconocer a sus hermanos no se menciona rencor. El perdonar es un acto de vida. El guardar los rencores nos carcome la mente y el corazón hasta apagarnos completamente y sumirnos en la más profunda oscuridad. Si no hay luz, no hay vida.

Los hermanos de Iosef no mencionan que él está muerto porque en realidad no lo saben. “y un hermano no está” (Miketz 42:13). Suponer en vez de buscar la verdad no es vivir. La suposición puede ser cierta o no, es relativo a nuestra mente. No supongamos. Es preferible parecer un ignorante durante un corto lapso de tiempo que serlo siempre por no preguntar.

El faraón al poner al mando a Iosef, entiendo que era más astuto para los asuntos económicos, también elige vivir. Reconocer que alguien sabe más que nosotros no es menospreciarnos. No todos somos iguales. Si juzgas una vaca por su capacidad para subir al árbol siempre va a ser inferior al mono.

En igualdad de condiciones todos tenemos la misma capacidad. Levantarse temprano e ir a trabajar es estar vivo. Quedarse sentado sin buscar trabajo y recibir un plan social dista mucho de lo que es elegir vivir.

Este Shabbat te pido que reflexiones sobre tu vida. ¿Estás viva/o realmente? Si lo estás, adelante sigue en tu camino. Caso contrario todavía estás a tiempo de cambiar.

No esperes que pase algo en la vida porque lo único que te va a pasar, sino, es la vida.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

jueves, 19 de diciembre de 2019

Vaieshev 5780


Los sueños son manifestaciones de aspiraciones o deseos que están resguardados en nuestro subconsciente. Es imaginar algo que es improbable que suceda, que difiere notablemente de la realidad existente o que sólo existe en la mente, pero que pese a ello se persigue o se anhela.

Si esos sueños se cumplen en un futuro decimos que son proféticos. Ese es el don que Dios le dio a Iosef.

Por eso esta Parashá podría ser llamada la Parashá de los Sueños.

El primer sueño que Iosef les cuenta a sus hermanos es “Atábamos gavillas en el campo, cuando mi gavilla súbitamente se levantó erguida. Las gavillas de ustedes formaron un círculo alrededor de mi gavilla, y se inclinaron ante ella”. (Vaieshev 37:7). Sus hermanos, que ya sentían celos porque Yaakov “Le hizo [a Iosef] un largo abrigo de colores muy vivos.” (Vaieshev 37:3), empezaron a planear hacerle algún daño a su hermano.

El segundo sueño que tiene cuenta que “El sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí” (Vaieshev 37:9). En este relato estaba presente Yaakov que le dice ““¿Qué clase de sueño tuviste? ¿Quieres que yo, tu madre y tus hermanos vengamos y nos prosternemos sobre el suelo ante ti?””. (Vaieshev 37:10). Los sabios dicen que Yaakov se refería a Bilha, la sirvienta, ya que crió a Iosef como si fuera su hijo. Recordemos que Rajel había fallecido.

Imagínense la ira que generó este sueño y sumémosle que Yaakov le había pedido que le traiga un reporte de cómo les iba a sus hermanos.

Los hermanos idearon un plan para deshacerse del “soñador” y lo emboscaron. “Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío; no había agua en él” (Vaieshev 37:24).

La redundancia de que no había agua es para mostrar que no tenía posibilidades de sobrevivir. Si estaba vacío era obvio que no tenía agua.

Sólo Reuvén mostró cierto arrepentimiento: ”rasgó sus ropas en señal de pena.” (Vaieshev 37:29)

Iosef fue vendido y en última instancia llegó a Egipto. Ahí logró prestigio en la casa de Potifar, donde era esclavo y llegó a manejarle todo. O casi todo. No pudo manejar a la esposa de Potifar quien lo acusó de querer propasarse con ella.

Iosef es enviado a la prisión y comparte celda con el copero y el panadero del Faraón. Fiel a su costumbre Iosef les interpreta los sueños indicándole al copero que en tres días volvería a su trabajo y el panadero sería colgado. Y así sucedió.

Los sueños de Iosef fueron proféticos. Lo que soñamos nosotros por más voluntad que tengamos no lo son. No perdamos el tiempo pensando en nuestros sueños.

Vivamos nuestro presente con los ojos bien abiertos. 

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

jueves, 12 de diciembre de 2019

Vaishlaj 5780


¿Qué son las palabras prometidas si después no cumplimos con el compromiso asumido? ¿De que sirve hablar si luego con nuestros actos hacemos todo lo contrario? Dios nos dio el poder la palabra para poder comunicarnos y dicha comunicación debe ser clara, concisa y no dejar lugar a dudas.

“El único modo en que podemos acceder es si son como nosotros y circuncidan a todo varón.” (Vaishlaj 34:15). “Podremos vivir junto con ustedes y [ambos] llegaremos a ser una sola nación.” (Vaishlaj 34:16).

Estas palabras son las que los hijos de Yaakov le dicen a Jamor luego de enterarse que Diná, su hermana, había sido violada por Shjem.

Dejando de lado el delito que se había cometido contra Diná, cuando uno da una palabra o promete algo debe ser muy cuidadoso. Ya desde el comienzo se predicó que la palabra es más fuerte que la espada, porque las mitzvot, antes de la entrega de la Torá escrita, se transmitió a través de la palabra, por medio de la instrucción verbal de las futuras generaciones.

“Al tercer día, cuando [la gente] estaba en agonía, dos de los hijos de Iaakov, Shimón y Leví, hermanos de Diná, tomaron sus espadas. Vinieron a la ciudad sin despertar sospecha y mataron a todo varón.” (Vaishlaj 34:25).

Estos dos hermanos faltaron a su palabra. Y no sólo eso, además incumplieron la mitzvá “No cometas asesinato” (Iltró 20:13).

Hicieron justicia por mano propia. Un tema tan candente en la actualidad que si hacemos una encuesta sobre el accionar de estos hermanos mucha gente estaría apoyando la acción tomada.

Pero volviendo al eje principal cuando una persona promete algo debe cumplirlo a pesar de saber que su promesa va en contra de sus principios. Esto aplica, lógicamente, cuando la promesa es voluntaria y no coaccionada. Las promesas pueden ser anuladas, hay casos específicos. Kol Nidré es uno de ellos pero, en primer lugar estamos pidiendo la anulación de las promesas que vamos a hacer en el próximo año y en segundo lugar, al momento de agregarse este rezo a nuestra liturgia, éramos coaccionados a renunciar a nuestra fe.

Para los que somos amantes de las series, ¿en cuántas escuchamos la frase “I give you my word (te doy mi palabra)”? Y esa palabra se toma como si fuera la ley misma.

Y parece mentira que sea dentro del mundo de la ficción donde la palabra toma el protagonismo que debería tener en la realidad. Si yo le digo a alguien “te doy mi palabra que…” seguramente no me creerían.

En una sociedad donde el respeto parece haber desaparecido; donde la moral y la ética son sólo palabras que se aprenden en la escuela; cuando prometer algo sabiendo que no se puede cumplir es una burla encubierta; donde vemos que nuestros líderes políticos se llenan la boca de palabras de esperanza sólo para conseguir un voto.

¿Dónde está el límite? ¿Cómo se puede volver a confiar en la palabra?

Con una normativa basada en las mitzvot podemos encarrilarnos. La Torá no es la verdad absoluta, pero es absolutamente verdadero que es nuestra guía.

Sé que es difícil, pero “dame tu palabra” de que por lo menos vas a intentar leerla.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

jueves, 5 de diciembre de 2019

Vaietzé 5780


“¿Por qué me has engañado?” (Vaietzé 29:25), es lo que Yaakov le increpa a Labán. Pero Labán es sólo el ideólogo de este engaño ya que quien lo lleva a cabo en realidad es Rajel. Rajel es quien le dice la contraseña a su hermana Lea para que Yaakov no se de cuenta de quien era en realidad.

Jurídicamente hablando tendríamos dos culpables. El autor intelectual y el autor material. ¿Cuál de los dos es más culpable? Los dos tienen el mismo grado de culpabilidad. El intelectual porque puede darse cuenta que su idea es errónea e impedir que se lleve a cabo y el material porque sabiendo lo que va a causar puede oponerse.

Para juzgar las acciones de nuestros seres queridos debemos ser lo más objetivos posibles y si llegamos a estar del otro lado, de los que son autores intelectuales de algo que sabemos que no es correcto pensar primero si actuar honradamente no es mejor que hacerlo de mala manera.

Si Labán le hubiera dicho de entrada a Yaakov “[Nunca] damos en matrimonio una hija menor antes que la primogénita.” (Vaietzé 29:26), seguramente hubiéramos tenido el mismo desenlace con Yaakov casado con las dos pero no con rabia hacia su suegro por la mentira.

¿Y por qué Yaakov no le echa en cara a Rajel el engaño? Porque cuando uno está enamorado tiende a ver el ideal de esa persona. La persona es perfecta y no comete errores. William Shakespeare, en su obra El Mercader de Venecia, cita la frase “El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen”.

Pero Rajel, como todas las personas que aparecen en la Torá, no es perfecta. Tiene sus defectos como cualquier ser humano común. Que la queramos ver perfecta por ser una de nuestras matriarcas nos lleva a un fanatismo que roza lo irracional. Que tratemos de explicar que intentó no humillar a su hermana Lea es simplificar una cuestión más de fondo. Ella también podría haberle explicado a Yaakov la costumbre de casarse primero la mayor y así sucesivamente.

Debemos entender que ocultar información, aun creyendo que el fin al que aspiramos es mayor, nunca es bueno. Debemos medir las consecuencias de nuestros actos. Pudo haber sido o no un castigo de Dios que ella haya sido la última en darle hijos a Yaakov.

Y pensemos y dudemos de lo que vamos a hacer. Porque por más que empecemos siempre podemos cambiar. Led Zeppelin, en su letra de “Escalera al Cielo” (¿se habrán inspirado en el sueño de Yaakov?), dice “Hay dos senderos que tú puedes ir, pero todavía hay un largo plazo para cambiar el camino en el que está”.

La vida es un sinfín de elecciones. Seamos objetivos al momento de tomarlas. Analicemos cada paso que damos y cada engaño que nos proponemos hacer. Puede que nos salga bien al principio, pero tarde o temprano, cuando “se corre el velo”, o “se consuma el hecho”, la realidad nos va a golpear con más fuerza de la que podemos soportar.

Que este Shabbat nos haga reflexionar acerca de nuestra matriarca. Si actúo bien o mal está en cada uno de nosotros. Porque siempre tenemos dos caminos y muchas veces por seguir aferrados al primero se nos torna casi imposible poder retomar por segundo.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein