jueves, 19 de diciembre de 2019

Vaieshev 5780


Los sueños son manifestaciones de aspiraciones o deseos que están resguardados en nuestro subconsciente. Es imaginar algo que es improbable que suceda, que difiere notablemente de la realidad existente o que sólo existe en la mente, pero que pese a ello se persigue o se anhela.

Si esos sueños se cumplen en un futuro decimos que son proféticos. Ese es el don que Dios le dio a Iosef.

Por eso esta Parashá podría ser llamada la Parashá de los Sueños.

El primer sueño que Iosef les cuenta a sus hermanos es “Atábamos gavillas en el campo, cuando mi gavilla súbitamente se levantó erguida. Las gavillas de ustedes formaron un círculo alrededor de mi gavilla, y se inclinaron ante ella”. (Vaieshev 37:7). Sus hermanos, que ya sentían celos porque Yaakov “Le hizo [a Iosef] un largo abrigo de colores muy vivos.” (Vaieshev 37:3), empezaron a planear hacerle algún daño a su hermano.

El segundo sueño que tiene cuenta que “El sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí” (Vaieshev 37:9). En este relato estaba presente Yaakov que le dice ““¿Qué clase de sueño tuviste? ¿Quieres que yo, tu madre y tus hermanos vengamos y nos prosternemos sobre el suelo ante ti?””. (Vaieshev 37:10). Los sabios dicen que Yaakov se refería a Bilha, la sirvienta, ya que crió a Iosef como si fuera su hijo. Recordemos que Rajel había fallecido.

Imagínense la ira que generó este sueño y sumémosle que Yaakov le había pedido que le traiga un reporte de cómo les iba a sus hermanos.

Los hermanos idearon un plan para deshacerse del “soñador” y lo emboscaron. “Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío; no había agua en él” (Vaieshev 37:24).

La redundancia de que no había agua es para mostrar que no tenía posibilidades de sobrevivir. Si estaba vacío era obvio que no tenía agua.

Sólo Reuvén mostró cierto arrepentimiento: ”rasgó sus ropas en señal de pena.” (Vaieshev 37:29)

Iosef fue vendido y en última instancia llegó a Egipto. Ahí logró prestigio en la casa de Potifar, donde era esclavo y llegó a manejarle todo. O casi todo. No pudo manejar a la esposa de Potifar quien lo acusó de querer propasarse con ella.

Iosef es enviado a la prisión y comparte celda con el copero y el panadero del Faraón. Fiel a su costumbre Iosef les interpreta los sueños indicándole al copero que en tres días volvería a su trabajo y el panadero sería colgado. Y así sucedió.

Los sueños de Iosef fueron proféticos. Lo que soñamos nosotros por más voluntad que tengamos no lo son. No perdamos el tiempo pensando en nuestros sueños.

Vivamos nuestro presente con los ojos bien abiertos. 

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein

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