¿Qué
son las palabras prometidas si después no cumplimos con el compromiso asumido? ¿De
que sirve hablar si luego con nuestros actos hacemos todo lo contrario? Dios
nos dio el poder la palabra para poder comunicarnos y dicha comunicación debe
ser clara, concisa y no dejar lugar a dudas.
“El
único modo en que podemos acceder es si son como nosotros y circuncidan a todo
varón.” (Vaishlaj 34:15). “Podremos vivir junto con ustedes y [ambos]
llegaremos a ser una sola nación.” (Vaishlaj 34:16).
Estas
palabras son las que los hijos de Yaakov le dicen a Jamor luego de enterarse
que Diná, su hermana, había sido violada por Shjem.
Dejando
de lado el delito que se había cometido contra Diná, cuando uno da una palabra o
promete algo debe ser muy cuidadoso. Ya desde el comienzo se predicó que la
palabra es más fuerte que la espada, porque las mitzvot, antes de la entrega
de la Torá escrita, se transmitió a través de la palabra, por medio de la
instrucción verbal de las futuras generaciones.
“Al
tercer día, cuando [la gente] estaba en agonía, dos de los hijos de Iaakov,
Shimón y Leví, hermanos de Diná, tomaron sus espadas. Vinieron a la ciudad sin
despertar sospecha y mataron a todo varón.” (Vaishlaj 34:25).
Estos
dos hermanos faltaron a su palabra. Y no sólo eso, además incumplieron la
mitzvá “No cometas asesinato” (Iltró 20:13).
Hicieron
justicia por mano propia. Un tema tan candente en la actualidad que si hacemos
una encuesta sobre el accionar de estos hermanos mucha gente estaría apoyando
la acción tomada.
Pero
volviendo al eje principal cuando una persona promete algo debe cumplirlo a
pesar de saber que su promesa va en contra de sus principios. Esto aplica, lógicamente,
cuando la promesa es voluntaria y no coaccionada. Las promesas pueden ser anuladas,
hay casos específicos. Kol Nidré es uno de ellos pero, en primer lugar estamos
pidiendo la anulación de las promesas que vamos a hacer en el próximo año y en
segundo lugar, al momento de agregarse este rezo a nuestra liturgia, éramos
coaccionados a renunciar a nuestra fe.
Para
los que somos amantes de las series, ¿en cuántas escuchamos la frase “I give
you my word (te doy mi palabra)”? Y esa palabra se toma como si fuera la ley
misma.
Y
parece mentira que sea dentro del mundo de la ficción donde la palabra toma el
protagonismo que debería tener en la realidad. Si yo le digo a alguien “te doy
mi palabra que…” seguramente no me creerían.
En
una sociedad donde el respeto parece haber desaparecido; donde la moral y la
ética son sólo palabras que se aprenden en la escuela; cuando prometer algo
sabiendo que no se puede cumplir es una burla encubierta; donde vemos que nuestros
líderes políticos se llenan la boca de palabras de esperanza sólo para
conseguir un voto.
¿Dónde
está el límite? ¿Cómo se puede volver a confiar en la palabra?
Con
una normativa basada en las mitzvot podemos encarrilarnos. La Torá no es la
verdad absoluta, pero es absolutamente verdadero que es nuestra guía.
Sé
que es difícil, pero “dame tu palabra” de que por lo menos vas a intentar
leerla.
Shabbat
Shalom
Lucas
Fisbein
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