lunes, 27 de enero de 2014

Trumá

En esta Parashá están las instrucciones para construir el Mishkan que acompañó al Pueblo de Israel durante su travesía por el desierto.

Lo primero que indica Dios es “tomar una donación” en vez de “dar una donación”. Si bien se pueden interpretar de la misma forma, el verbo dar implica “tomar” lo que está a nuestro alcance y donarlo. Mientras que “tomar” significa fijarse en la necesidad y recién ahí seleccionar lo que se va a “dar”.

Este pequeño juego semántico trae  aparejado el concepto de tzedaká que me trae aparejado una frase del Talmud que dice que si bien el ternero desea beber, la madre desea alimentarlo aún más.

Dios por supuesto que no necesita la donación pues ha creado el mundo y todo le pertenece pero con el pedido de que tomemos una donación se pone al nivel del ternero para que nosotros tengamos realmente ganas de alimentar su santuario mediante la donación.

Además la idea de que el Pueblo desea donar genera una idea de pertenencia y fidelidad hacia el resultado de la donación.

Cada cual donaba lo que podía y como podía porque aún en nuestros días diez centavos no hacen más pobre a quien ya está sumido en la pobreza total y la satisfacción por haber contribuido a una causa tiene un valor espiritual que supera infinitamente al valor material del objeto entregado.

Por tal motivo Dios nos da quince materiales dentro de los cuales están el oro, la plata, especias y piedras preciosas. Todos podían contribuir de alguna manera.

Entonces recordemos siempre que a pesar que al tzedaká es una mitzvá, debemos realmente sentir placer al hacerlo y comprometernos. No vaya a pasarnos como a los líderes de las tribus y perdamos no sólo una letra, sino en nuestro caso, la oportunidad de sentirnos espiritualmente al mismo nivel que aquellos que tomaron la donación para el Mishkan.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 21 de enero de 2014

Mishpatim

Resulta interesante que luego de la revelación en el Sinai y la entrega de los Diez Mandamientos las primeras leyes que se nos presentan son las relativas a la relación con los esclavos.
¿Por qué sucede esto? Porque estaba muy fresca en la memoria del Pueblo de Israel la partida de Egipto y el recuerdo de tantos años de esclavitud y opresión. Entonces Dios para evitar la tentación de “estar del otro lado” nos da leyes precisas sobre cómo tratar a los esclavos. No sea cosa que quisiéramos vengarnos por todo lo que sufrimos siendo iguales a nuestros dominadores.
También nos dice Dios que debemos liberar al esclavo al cabo de siete años. Esto se debe también a no acostumbrar al esclavo a una vida sin libertad donde sus necesidades básicas son cubiertas. Recordemos al Pueblo de Israel quejándose ante Moshe antes de la apertura del Mar Rojo.
Sólo recién cuando aprendemos a tratar a un semejante estamos en condiciones de recibir las demás leyes.
Tenemos el primer ejemplo de daños y perjuicios con una frase tan sacada de contexto que merece ser explicada “Ojo por ojo, diente por diente, herida por herida y quemada por quemada” (Éxodo 21:24). Esto no implica que a quien le sacan un ojo o un diente tiene que ir y arrancarle la misma parte del cuerpo a quien se lo hizo.
Es un concepto más profundo. Significa que tenemos que resarcir en la misma proporción que el daño causado. Recordemos la época en que la Torá nos fue entregada y está escrita en un lenguaje y utilizando términos relativos a esa época. Imaginémonos que Dios nos hubiera transmitido “Si tu prójimo te choca el automóvil deberá indemnizarte con los gastos incurridos en el mecánico”. El Pueblo de Israel no hubiera entendido nada.
La Torá es nuestra guía y por eso debe ser entendida como tal. El lenguaje utilizado es el correspondiente a aquella época y está en nosotros traspolarlo a nuestro días.
No existen esclavos hebreos ni existe sacarle un ojo a alguien.
Pero si tenemos relaciones laborales que se asemejan a la esclavitud y muchas situaciones en las que los daños y perjuicios se solucionan pagando el monto correspondiente como si fuera “ojo por ojo”.
Así que por más que pensemos que algunas mitzvot son arcaicas, si fueron entregadas por Dios fue porque Él determinó que nos servirían para siempre. Nuestra obligación es traerlas e interpretarlas dentro de nuestro tiempo.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 14 de enero de 2014

Iltró

A primera vista resulta llamativo que siendo la Parashá en donde el Pueblo de Israel recibe a través de Moshé los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí, el nombre que se le asigna sea la del suegro de Moshé.

Para poder entender el por qué debemos primero comprender un principio básico del judaísmo. Iltro era un sacerdote midianita que buscó durante mucho tiempo respuestas de los dioses que adoraban otras religiones. Cuando por fïn encontró las respuestas a través del Dios de Abraham decidió convertirse voluntariamente al judaísmo. Nuestra religión no promueve la conversión por la fuerza ni asesina a quienes no quieran hacerlo. Sólo un acto de fe por "motus propio" es lo permite que un gentil sea aceptado como miembro del Pueblo de Israel.

De ahí el nombre que sirve para que recordemos que no debemos discriminar a aquellos que voluntariamente aceptan pertenecer a nuestro pueblo aunque halájicamente no lo hayan sido de nacimiento.

Los Diez Mandamientos fueron entregados en dos tablas de cinco mandamientos cada una. La primer se refiere a la relación del hombre con Dios y los otros cinco a las relaciones entre los hombres.

El primer mandamiento  “Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto” pareciera ser más una afirmación que un mandamiento.  Pero la interpretación va más alla de las meras palabras dándonos a entender que hay un Dios y fue Él quien nos redimió de la esclavitud.  Sabiendo que hay un Dios podemos creer firmemente en Él.

El segundo mandamiento “No tendrás otros dioses aparte de mí” denota uno de los principios básicos que el judaísmo le enseño al mundo: el monoteísmo.  La aceptación universal de que Dios es único. Por eso recitamos el Shemá al amanecer y al anocher. Al amanecer para recordarlo durante todo el día y al anochecer para saber que cuando estamos dormidos Él nos protege.

Además este mandamiento prohíbe expresamente la materialización de Dios en cualquiera de sus expresiones posibles.

El tercer mandamiento “No digas el nombre de Dios en vano” implica que a pesar de que Dios sabe todo lo que hacemos y sentimos, quiere que nosotros mismos seamos fieles a nuestros actos. ¿Cuantas veces decimos “lo juro por Dios”? Eso es una transgresión total a este mandamiento. Cuando decimos una beraja estamos santificando el nombre de Dios. Cuando lo usamos, como mencioné anteriormente, como un juramento estamos profanando su nombre.

El cuarto mandamiento “Recuerda el Shabat para Santificarlo” va más allá de un día de descanso para dedicarse al aspecto religioso. Dios nos ordena descansar un día porque es necesario para el cuerpo humano parar en algún momento. Recordemos que recién salíamos de la esclavitud de Mitzraim y el descanso no existía. Santificar el Shabat, más allá de dejar de hacer las actividades que nos están prohibidas, es un acto de santificación a Dios. Él nos creó y como creador conoce nuestras limitaciones. Una persona que no se detiene un minuto difícilmente logre vivir suficiente tiempo. La vida es corta pero con este día de descanso que nos impone Dios nos da la posibilidad de prologarla un poco más.

El quinto mandamiento “Honra a tu padre y a tu madre” se conecta por las cuatro precedentes porque nosotros somos consecuencia de la unión de nuestros padres. Sin ellos no hubiéramos llegado. Es como una relación con nuestros creadores. Por eso si no honramos a nuestros padres que son “tangibles” como vamos a honrar a Dios que no lo vemos.

El sexto mandamiento “No asesinar” se refiere a preservar la vida que Dios nos dio. En ningún momento nos dice Dios que no matemos. Si viene una persona con intenciones de matarnos y nosotros en defensa propia lo matamos no contradecimos este mandamiento. En cambio si nos subimos a una azotea con un rifle y empezamos a dispararle a la gente, eso es asesinar.

El séptimo mandamiento “No cometer adulterio” preserva la familia. Para el judaísmo la relaciones maritales no son pecado sino algo imprescindible. Entonces, ¿para qué buscar afuera si lo consigo en casa? Pero como el ser humano es edonista Dios prefirió recordarnos la santidad de la familia mediante este mandamiento.

El octavo mandamiento “No robar” trae a colación que si algo no nos pertenece es porque la voluntad de Dios así lo dispuso. Si tomamos algo que no es nuestro estamos violando la voluntad divina.

El noveno mandamiento “No atestigües en falso” no tiene muchas vueltas. Si uno fue testigo de cualquier cosa no puede tergiversar lo hechos sino decir tal cual sucedieron.

El décimo mandamiento “No codiciar” no está enseñando a amar lo que tenemos. Cuánta gente sufre por lo que no tiene sin aprender a disfrutar de lo que posee.

Acá terminan los Diez Mandamientos y a mí me gusta hacer la comparación con los diez dedos de la mano. Si nos cortan un dedo no podemos tomar las cosas de la manera correcta. Si no cumplimos un Mandamiento…

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 7 de enero de 2014

Beshalaj

A lo largo de nuestra historia Dios nos ha puesto a prueba constantemente que apreciemos el valor de lo que tenemos. Y no sólo en lo material sino espiritualmente también.

En esta Parashá tenemos al Pueblo de Israel partiendo de Egipto y al ver que Paró con sus tropas los perseguían, Datán y Avirám le reclamaron a Moshé el haberlos llevado al desierto para morir cuando en Mitzraim tenían tumbas suficientes.

Es contradictorio ver que después de haber visto el milagro de las diez plagas y que sólo atacaron al pueblo egipcio, nuestro pueblo dudara del plan de Dios.

Dios nos hizo a su imagen y semejanza. No nos hizo iguales. Por eso a cada paso que damos queremos dar uno más. No nos conformamos y vamos hacia adelante hasta que tenemos el primer fracaso. Cuando chocamos contra una situación adversa inmediatamente queremos estar como antes. No vemos la acción divina omnipresente en cada acto.

Luego Dios realiza el milagro de la apertura del Mar Rojo. Se elaboraron miles de teorías para intentar explicar de manera “lógica” este corredor seco, pero ¿acaso importa? Lo importante es que el Pueblo de Israel escapó definitivamente de las fauces de Paró. Cruzamos la frontera de Mitzraim hacia la libertad. Si el mar de abrió porque en cierta época del año bajan las aguas, si fue porque el viento sopló muy fuerte, eso no importa. El mundo fue creado por Dios. Todo lo que suceda tiene su sello.

Tal fue la alegría que Moshé y el Pueblo entonaron un cántico que fue el preludio del camino hacia la libertad. Libertad que se encontraba en la Tierra de Israel y fue hacia allí donde Moshé dirigió a nuestro Pueblo.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 1 de enero de 2014

En la Parashá anterior vimos siete plagas en Egipto. Ahora vienen las tres restantes.
La octava plaga fueron las langostas. Las langostas comieron todo el cultivo que quedó luego de la destrucción del granizo. Los Egipcios tenían grandes canales de riego que eran admirables y servían a la agricultura. Esto destruyó una parte importante de su poderío.
Paró continuó inmutable.
La novena plaga fue la oscuridad. Los Egipcios adoraban al sol y el no poder verlo debilitaría sus creencias. A esta altura todos le reclamaban a Paró que deje ir a los esclavos pero él seguía firme en su posición.
La décima plaga fue la muerte de cada primogénito que haya en Egipto, salvo los hijos de las familias del Pueblo de Israel. ¿Por qué salió entonces en el medio de la noche Paró buscando a Moshé y Aaron para decirle que se vayan, que el Pueblo era libre de irse?
Porque Paró también era primogénito. Pero no un descendiente de su dios, como él decía, sino que era de carne y hueso. De haber muerto Paró, el reinado de los faraones en Egipto hubiera sucumbido. El plan de Dios fue excelente. Hizo que Paró temiera de sí mismo.
Y por fin la esclavitud pasaba a ser parte del pasado. El Pueblo de Israel estaba listo para recibir sus primeras mitzvot.
Empezamos con el primer mes del año, seguimos con el cordero pascual. Los siete días que dura Pesaj serán de descanso y no se comerá jametz.
El Pueblo de Israel empezaba a transitar el camino de las mitzvot. El camino que los llevaría a la Tierra de Israel. Pero hubo contratiempos y revelaciones importantes. Lo que leeremos en la Torá a partir de ahora atestigua todo ello.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein