martes, 14 de enero de 2014

Iltró

A primera vista resulta llamativo que siendo la Parashá en donde el Pueblo de Israel recibe a través de Moshé los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí, el nombre que se le asigna sea la del suegro de Moshé.

Para poder entender el por qué debemos primero comprender un principio básico del judaísmo. Iltro era un sacerdote midianita que buscó durante mucho tiempo respuestas de los dioses que adoraban otras religiones. Cuando por fïn encontró las respuestas a través del Dios de Abraham decidió convertirse voluntariamente al judaísmo. Nuestra religión no promueve la conversión por la fuerza ni asesina a quienes no quieran hacerlo. Sólo un acto de fe por "motus propio" es lo permite que un gentil sea aceptado como miembro del Pueblo de Israel.

De ahí el nombre que sirve para que recordemos que no debemos discriminar a aquellos que voluntariamente aceptan pertenecer a nuestro pueblo aunque halájicamente no lo hayan sido de nacimiento.

Los Diez Mandamientos fueron entregados en dos tablas de cinco mandamientos cada una. La primer se refiere a la relación del hombre con Dios y los otros cinco a las relaciones entre los hombres.

El primer mandamiento  “Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto” pareciera ser más una afirmación que un mandamiento.  Pero la interpretación va más alla de las meras palabras dándonos a entender que hay un Dios y fue Él quien nos redimió de la esclavitud.  Sabiendo que hay un Dios podemos creer firmemente en Él.

El segundo mandamiento “No tendrás otros dioses aparte de mí” denota uno de los principios básicos que el judaísmo le enseño al mundo: el monoteísmo.  La aceptación universal de que Dios es único. Por eso recitamos el Shemá al amanecer y al anocher. Al amanecer para recordarlo durante todo el día y al anochecer para saber que cuando estamos dormidos Él nos protege.

Además este mandamiento prohíbe expresamente la materialización de Dios en cualquiera de sus expresiones posibles.

El tercer mandamiento “No digas el nombre de Dios en vano” implica que a pesar de que Dios sabe todo lo que hacemos y sentimos, quiere que nosotros mismos seamos fieles a nuestros actos. ¿Cuantas veces decimos “lo juro por Dios”? Eso es una transgresión total a este mandamiento. Cuando decimos una beraja estamos santificando el nombre de Dios. Cuando lo usamos, como mencioné anteriormente, como un juramento estamos profanando su nombre.

El cuarto mandamiento “Recuerda el Shabat para Santificarlo” va más allá de un día de descanso para dedicarse al aspecto religioso. Dios nos ordena descansar un día porque es necesario para el cuerpo humano parar en algún momento. Recordemos que recién salíamos de la esclavitud de Mitzraim y el descanso no existía. Santificar el Shabat, más allá de dejar de hacer las actividades que nos están prohibidas, es un acto de santificación a Dios. Él nos creó y como creador conoce nuestras limitaciones. Una persona que no se detiene un minuto difícilmente logre vivir suficiente tiempo. La vida es corta pero con este día de descanso que nos impone Dios nos da la posibilidad de prologarla un poco más.

El quinto mandamiento “Honra a tu padre y a tu madre” se conecta por las cuatro precedentes porque nosotros somos consecuencia de la unión de nuestros padres. Sin ellos no hubiéramos llegado. Es como una relación con nuestros creadores. Por eso si no honramos a nuestros padres que son “tangibles” como vamos a honrar a Dios que no lo vemos.

El sexto mandamiento “No asesinar” se refiere a preservar la vida que Dios nos dio. En ningún momento nos dice Dios que no matemos. Si viene una persona con intenciones de matarnos y nosotros en defensa propia lo matamos no contradecimos este mandamiento. En cambio si nos subimos a una azotea con un rifle y empezamos a dispararle a la gente, eso es asesinar.

El séptimo mandamiento “No cometer adulterio” preserva la familia. Para el judaísmo la relaciones maritales no son pecado sino algo imprescindible. Entonces, ¿para qué buscar afuera si lo consigo en casa? Pero como el ser humano es edonista Dios prefirió recordarnos la santidad de la familia mediante este mandamiento.

El octavo mandamiento “No robar” trae a colación que si algo no nos pertenece es porque la voluntad de Dios así lo dispuso. Si tomamos algo que no es nuestro estamos violando la voluntad divina.

El noveno mandamiento “No atestigües en falso” no tiene muchas vueltas. Si uno fue testigo de cualquier cosa no puede tergiversar lo hechos sino decir tal cual sucedieron.

El décimo mandamiento “No codiciar” no está enseñando a amar lo que tenemos. Cuánta gente sufre por lo que no tiene sin aprender a disfrutar de lo que posee.

Acá terminan los Diez Mandamientos y a mí me gusta hacer la comparación con los diez dedos de la mano. Si nos cortan un dedo no podemos tomar las cosas de la manera correcta. Si no cumplimos un Mandamiento…

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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