A primera vista resulta llamativo que siendo la Parashá en
donde el Pueblo de Israel recibe a través de Moshé los Diez Mandamientos en el
Monte Sinaí, el nombre que se le asigna sea la del suegro de Moshé.
Para poder entender el por qué debemos primero comprender un
principio básico del judaísmo. Iltro era un sacerdote midianita que buscó
durante mucho tiempo respuestas de los dioses que adoraban otras religiones.
Cuando por fïn encontró las respuestas a través del Dios de Abraham decidió
convertirse voluntariamente al judaísmo. Nuestra religión no promueve la
conversión por la fuerza ni asesina a quienes no quieran hacerlo. Sólo un acto
de fe por "motus propio" es lo permite que un gentil sea aceptado
como miembro del Pueblo de Israel.
De ahí el nombre que sirve para que recordemos que no debemos
discriminar a aquellos que voluntariamente aceptan pertenecer a nuestro pueblo
aunque halájicamente no lo hayan sido de nacimiento.
Los Diez Mandamientos fueron entregados en dos tablas de
cinco mandamientos cada una. La primer se refiere a la relación del hombre con
Dios y los otros cinco a las relaciones entre los hombres.
El primer mandamiento “Yo
soy el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto” pareciera ser más una
afirmación que un mandamiento. Pero la
interpretación va más alla de las meras palabras dándonos a entender que hay un
Dios y fue Él quien nos redimió de la esclavitud. Sabiendo que hay un Dios podemos creer
firmemente en Él.
El segundo mandamiento “No tendrás otros dioses aparte de mí”
denota uno de los principios básicos que el judaísmo le enseño al mundo: el
monoteísmo. La aceptación universal de
que Dios es único. Por eso recitamos el Shemá al amanecer y al anocher. Al
amanecer para recordarlo durante todo el día y al anochecer para saber que
cuando estamos dormidos Él nos protege.
Además este mandamiento prohíbe expresamente la materialización
de Dios en cualquiera de sus expresiones posibles.
El tercer mandamiento “No digas el nombre de Dios en vano”
implica que a pesar de que Dios sabe todo lo que hacemos y sentimos, quiere que
nosotros mismos seamos fieles a nuestros actos. ¿Cuantas veces decimos “lo juro
por Dios”? Eso es una transgresión total a este mandamiento. Cuando decimos una
beraja estamos santificando el nombre de Dios. Cuando lo usamos, como mencioné
anteriormente, como un juramento estamos profanando su nombre.
El cuarto mandamiento “Recuerda el Shabat para Santificarlo”
va más allá de un día de descanso para dedicarse al aspecto religioso. Dios nos
ordena descansar un día porque es necesario para el cuerpo humano parar en
algún momento. Recordemos que recién salíamos de la esclavitud de Mitzraim y el
descanso no existía. Santificar el Shabat, más allá de dejar de hacer las
actividades que nos están prohibidas, es un acto de santificación a Dios. Él
nos creó y como creador conoce nuestras limitaciones. Una persona que no se
detiene un minuto difícilmente logre vivir suficiente tiempo. La vida es corta
pero con este día de descanso que nos impone Dios nos da la posibilidad de
prologarla un poco más.
El quinto mandamiento “Honra a tu padre y a tu madre” se
conecta por las cuatro precedentes porque nosotros somos consecuencia de la
unión de nuestros padres. Sin ellos no hubiéramos llegado. Es como una relación
con nuestros creadores. Por eso si no honramos a nuestros padres que son “tangibles”
como vamos a honrar a Dios que no lo vemos.
El sexto mandamiento “No asesinar” se refiere a preservar la
vida que Dios nos dio. En ningún momento nos dice Dios que no matemos. Si viene
una persona con intenciones de matarnos y nosotros en defensa propia lo matamos
no contradecimos este mandamiento. En cambio si nos subimos a una azotea con un
rifle y empezamos a dispararle a la gente, eso es asesinar.
El séptimo mandamiento “No cometer adulterio” preserva la
familia. Para el judaísmo la relaciones maritales no son pecado sino algo
imprescindible. Entonces, ¿para qué buscar afuera si lo consigo en casa? Pero
como el ser humano es edonista Dios prefirió recordarnos la santidad de la
familia mediante este mandamiento.
El octavo mandamiento “No robar” trae a colación que si algo
no nos pertenece es porque la voluntad de Dios así lo dispuso. Si tomamos algo
que no es nuestro estamos violando la voluntad divina.
El noveno mandamiento “No atestigües en falso” no tiene
muchas vueltas. Si uno fue testigo de cualquier cosa no puede tergiversar lo
hechos sino decir tal cual sucedieron.
El décimo mandamiento “No codiciar” no está enseñando a amar
lo que tenemos. Cuánta gente sufre por lo que no tiene sin aprender a disfrutar
de lo que posee.
Acá terminan los Diez Mandamientos y a mí me gusta hacer la
comparación con los diez dedos de la mano. Si nos cortan un dedo no podemos
tomar las cosas de la manera correcta. Si no cumplimos un Mandamiento…
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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