miércoles, 1 de enero de 2014

En la Parashá anterior vimos siete plagas en Egipto. Ahora vienen las tres restantes.
La octava plaga fueron las langostas. Las langostas comieron todo el cultivo que quedó luego de la destrucción del granizo. Los Egipcios tenían grandes canales de riego que eran admirables y servían a la agricultura. Esto destruyó una parte importante de su poderío.
Paró continuó inmutable.
La novena plaga fue la oscuridad. Los Egipcios adoraban al sol y el no poder verlo debilitaría sus creencias. A esta altura todos le reclamaban a Paró que deje ir a los esclavos pero él seguía firme en su posición.
La décima plaga fue la muerte de cada primogénito que haya en Egipto, salvo los hijos de las familias del Pueblo de Israel. ¿Por qué salió entonces en el medio de la noche Paró buscando a Moshé y Aaron para decirle que se vayan, que el Pueblo era libre de irse?
Porque Paró también era primogénito. Pero no un descendiente de su dios, como él decía, sino que era de carne y hueso. De haber muerto Paró, el reinado de los faraones en Egipto hubiera sucumbido. El plan de Dios fue excelente. Hizo que Paró temiera de sí mismo.
Y por fin la esclavitud pasaba a ser parte del pasado. El Pueblo de Israel estaba listo para recibir sus primeras mitzvot.
Empezamos con el primer mes del año, seguimos con el cordero pascual. Los siete días que dura Pesaj serán de descanso y no se comerá jametz.
El Pueblo de Israel empezaba a transitar el camino de las mitzvot. El camino que los llevaría a la Tierra de Israel. Pero hubo contratiempos y revelaciones importantes. Lo que leeremos en la Torá a partir de ahora atestigua todo ello.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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