martes, 21 de enero de 2014

Mishpatim

Resulta interesante que luego de la revelación en el Sinai y la entrega de los Diez Mandamientos las primeras leyes que se nos presentan son las relativas a la relación con los esclavos.
¿Por qué sucede esto? Porque estaba muy fresca en la memoria del Pueblo de Israel la partida de Egipto y el recuerdo de tantos años de esclavitud y opresión. Entonces Dios para evitar la tentación de “estar del otro lado” nos da leyes precisas sobre cómo tratar a los esclavos. No sea cosa que quisiéramos vengarnos por todo lo que sufrimos siendo iguales a nuestros dominadores.
También nos dice Dios que debemos liberar al esclavo al cabo de siete años. Esto se debe también a no acostumbrar al esclavo a una vida sin libertad donde sus necesidades básicas son cubiertas. Recordemos al Pueblo de Israel quejándose ante Moshe antes de la apertura del Mar Rojo.
Sólo recién cuando aprendemos a tratar a un semejante estamos en condiciones de recibir las demás leyes.
Tenemos el primer ejemplo de daños y perjuicios con una frase tan sacada de contexto que merece ser explicada “Ojo por ojo, diente por diente, herida por herida y quemada por quemada” (Éxodo 21:24). Esto no implica que a quien le sacan un ojo o un diente tiene que ir y arrancarle la misma parte del cuerpo a quien se lo hizo.
Es un concepto más profundo. Significa que tenemos que resarcir en la misma proporción que el daño causado. Recordemos la época en que la Torá nos fue entregada y está escrita en un lenguaje y utilizando términos relativos a esa época. Imaginémonos que Dios nos hubiera transmitido “Si tu prójimo te choca el automóvil deberá indemnizarte con los gastos incurridos en el mecánico”. El Pueblo de Israel no hubiera entendido nada.
La Torá es nuestra guía y por eso debe ser entendida como tal. El lenguaje utilizado es el correspondiente a aquella época y está en nosotros traspolarlo a nuestro días.
No existen esclavos hebreos ni existe sacarle un ojo a alguien.
Pero si tenemos relaciones laborales que se asemejan a la esclavitud y muchas situaciones en las que los daños y perjuicios se solucionan pagando el monto correspondiente como si fuera “ojo por ojo”.
Así que por más que pensemos que algunas mitzvot son arcaicas, si fueron entregadas por Dios fue porque Él determinó que nos servirían para siempre. Nuestra obligación es traerlas e interpretarlas dentro de nuestro tiempo.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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