Resulta interesante que luego de la revelación en el Sinai y la
entrega de los Diez Mandamientos las primeras leyes que se nos presentan son las
relativas a la relación con los esclavos.
¿Por qué sucede esto? Porque estaba muy fresca en la memoria del
Pueblo de Israel la partida de Egipto y el recuerdo de tantos años de esclavitud
y opresión. Entonces Dios para evitar la tentación de “estar del otro lado” nos
da leyes precisas sobre cómo tratar a los esclavos. No sea cosa que quisiéramos
vengarnos por todo lo que sufrimos siendo iguales a nuestros
dominadores.
También nos dice Dios que debemos liberar al esclavo al cabo de siete
años. Esto se debe también a no acostumbrar al esclavo a una vida sin libertad
donde sus necesidades básicas son cubiertas. Recordemos al Pueblo de Israel
quejándose ante Moshe antes de la apertura del Mar Rojo.
Sólo recién cuando aprendemos a tratar a un semejante estamos en
condiciones de recibir las demás leyes.
Tenemos el primer ejemplo de daños y perjuicios con una frase tan
sacada de contexto que merece ser explicada “Ojo por ojo, diente por diente,
herida por herida y quemada por quemada” (Éxodo
21:24). Esto no implica que a quien le sacan un ojo o un diente
tiene que ir y arrancarle la misma parte del cuerpo a quien se lo
hizo.
Es
un concepto más profundo. Significa que tenemos que resarcir en la misma
proporción que el daño causado. Recordemos la época en que la Torá nos fue
entregada y está escrita en un lenguaje y utilizando términos relativos a esa
época. Imaginémonos que Dios nos hubiera transmitido “Si tu prójimo te choca el
automóvil deberá indemnizarte con los gastos incurridos en el mecánico”. El
Pueblo de Israel no hubiera entendido nada.
La
Torá es nuestra guía y por eso debe ser entendida como tal. El lenguaje
utilizado es el correspondiente a aquella época y está en nosotros traspolarlo a
nuestro días.
No
existen esclavos hebreos ni existe sacarle un ojo a alguien.
Pero si tenemos relaciones laborales que se asemejan a la esclavitud
y muchas situaciones en las que los daños y perjuicios se solucionan pagando el
monto correspondiente como si fuera “ojo por ojo”.
Así que por más que pensemos que algunas mitzvot son arcaicas, si
fueron entregadas por Dios fue porque Él determinó que nos servirían para
siempre. Nuestra obligación es traerlas e interpretarlas dentro de nuestro
tiempo.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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