martes, 30 de enero de 2018

Iltró

Iltró, además de ser el suegro de Moshé, era un sacerdote midianita que “oyó acerca de todo lo que Di-s había hecho por Moshé y Su pueblo Israel cuando sacó a Israel de Egipto” (Shemot 18:1).

Y aun así aunque esta Parashá debería llamarse “Los Diez Mandamientos” lleva el nombre de este ex sacerdote porque su aporte también fue muy importante.

Con su reconocimiento de la grandeza de Di-s sentó la base de lo que sería el proceso de Guiur. Nadie es obligado a convertirse al judaísmo. Sólo el amor, la voluntad y el reconocimiento de Di-s serían suficientes para ser aceptados dentro de nuestro Pueblo.

Además, le enseña que quien es responsable ante Di-s por los actos de los hombres debe delegar en otros la responsabilidad de cuidar por los actos entre ellos. “Tú debes ser el representante de Dios para el pueblo, y traer [las] inquietudes [de ellos] a Dios.” (Shemot 18:19). “Que administren justicia para el pueblo de manera regular. Por supuesto, tendrán que traerte todo caso importante a ti, mas pueden juzgar los casos menores por su cuenta. Compartirán entonces la carga, facilitándote las cosas.” (Shemot 18:22).

Y no es poca cosa ya que le alivia en una gran medida la carga que llevaba Moshé. Él debía guiar al Pueblo hacia la Tierra Prometida. Si había cosas menores que lo distraían perdía fuerzas para dedicarse de lleno a su función de líder.

Después de dejarle estas enseñanzas “Moshé dejó que su suegro partiera, y éste se fue a su tierra natal.” (Shemot 18:27).

Y llegaron al Monte Sinai y, creyendo en Di-s, el Pueblo acepta firmar un “cheque en blanco”. “Todo el pueblo respondió como uno y dijo: “Todo lo que Dios ha hablado, nosotros haremos”. Moshé llevó la respuesta del pueblo de vuelta a Dios.” (Shemot 19:8)

Entonces Di-s le habla al Pueblo y nombre los Diez Mandamientos, que podemos discutir si son más o no, ya que la forma en que están expresados sugieran un número mayor.

Dos tablas, con cinco mandamientos cada una, las primeras con relación al hombre con Di-s y la segunda con relación al hombre con el hombre.

Sin la ayuda de Iltró, ¿hubiera podido Moshé liberarse de la carga y dedicarse a su misión? Recordemos que Moshé decía “Cada vez que tienen un problema, vienen a mí. Juzgo entre el hombre y su prójimo, y enseño las leyes y los decretos de Di-s”. (Shemot 18:16)

Así como Iltró decidió unirse a nuestro Pueblo hay muchos que también desean hacerlo. Es nuestro deber para con ellos, para con Di-s, y principalmente para con nosotros mismos, aceptarlos sin poner ningún reparo.

No son conversos, como algunos los llaman. Son yehudim. Punto. Como Moshé, como Iltró, como vos y como yo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 24 de enero de 2018

Beshalaj

Tres multinacionales, Adidas, Nike y Pepsi, y un claro mensaje: “hazlo porque puedes”. “Impossible is nothing”, “Just do it”, “Animarse a más”.

El Pueblo de Israel estaba frente al Iam Suf. Hacia adelante las aguas, hacia atrás las huestes de Paró que venían acercándose.

 “¿No habían suficientes tumbas en Egipto? ¿Por qué tuviste que sacarnos aquí para morir en el desierto?” (Shemot 14:11).

Habían presenciado diez plagas y salido de Egipto pero aun así se sentían desconfiados de Di-s. No entendían que eran libres y si bien las palabras de Moshé “Pueden estar viendo a los egipcios hoy, pero no los volverán a ver jamás.” (Shemot 14:13), tenían las aguas por delante.

Di-s le indica a Moshé “Levanta tu vara y extiende la mano sobre el mar. Partirás el mar, y los israelitas podrán cruzar al otro lado sobre tierra seca.” (Shemot 14:16)

El Pueblo estaba dubitativo. Había algunos que preferían morir en la esclavitud de Mitzraim que caminar hacia la liberta de la Tierra Prometida.

Najshón se “animó a más”. Aun cuando las aguas no habían empezado a descender emprendió su camino. Sumerge sus pies y nada. Sigue caminando y el agua le tapa las rodillas; nada. Su andar era pausado pero firme. “Sólo hazlo” se decía.

Cuando apenas quedaban sus fosas nasales al descubierto para respirar las aguas se abrieron.

“Nada es imposible” pensó y el pueblo de Israel pudo cruzar a través del Iam Suf hacia la tan preciada libertad.

Los israelitas caminaban en medio del mar sobre tierra seca. El agua estaba a su derecha y a su izquierda como [dos] murallas.” (Shemot 14:29)

Recién entonces “Los israelitas vieron el gran poder que Dios había desatado contra Egipto, y el pueblo sentía temor de Dios. Creyeron en Dios y en Su siervo Moshé.” (Shemot 14:31)

Y por eso cantaron y las mujeres también se sumaron al canto porque fue el primer momento en donde el Pueblo entero creyó en Di-s.

Recordemos que cuando sentimos la Shejiná (Presencia Divina), cualquier cosa que nos propongamos, dentro de los límites lógicos, puede ser lograda.

El Dr. Christian Barnard escribió que la batalla de la vida no la gana el hombre más fuerte ni el más ligero, sino el que cree poder hacerlo.

En la vida y en todos los aspectos tenemos que ser más como Najshón. Aunque sintamos que nos estamos ahogando, si creemos en el poder de Di-s, Él se encargará de abrirnos las aguas para poder llegar a nuestra Tierra Prometida.

Shabat Shalom



Lucas Fisbein

martes, 16 de enero de 2018

“Di-s vio que la luz era buena, y Di-s dividió entre la luz y la oscuridad” (Bereshit 1:4). Con la novena plaga le quita al pueblo egipcio la posibilidad de ver la luz. Además ocultaba al sol, desmitificando el poderío de Rá, el dios egipcio dador de vida y símbolo de la luz solar. Las plagas no eran casualidad ni capricho de Di-s, tenían siempre un fundamento.

El Pueblo de Israel estaba esclavizado en mundo muy distinto al que Di-s había creado. Volver a la oscuridad era una forma de replantearse la creación.

Pero aún a pesar de estar en las más oscuras de las tinieblas Paró mantenía endurecido su corazón.

Por eso la décima plaga es la demostración del Poder Creador de Di-s. Él nos da la vida, Él nos la puede quitar. Matar a los primogénitos significaba condicionar el futuro. Y como el único que decide sobre el futuro es Di-s, directamente Él ejecuta esta plaga.

Y a pesar de que hay muchos detractores que critican la crueldad de esta plaga olvidan el sufrimiento de miles de primogénitos pertenecientes al Pueblo de Israel que por generaciones fueron muriendo a causa de las atrocidades decretadas por el faraón.

Sólo entonces Di-s nos entrega la primera Mitzvá: “Este mes será el mes cabeza para ustedes. Será el primer mes del año” (Shemot 12:2)

Nosotros celebramos Rosh Hashaná en el séptimo mes. ¿No hubiera sido mejor que el primer mes sea el del comienzo del nuevo año?

La creación del mundo fue anterior a la del hombre pero sólo cuando empezamos a ser libres y transitar el camino de la Torá es cuando comenzamos a contar los meses.

Cada año recordamos la salida de Mitzraim comiendo alimentos que no contengan jametz. Lo hacemos como un recordatorio de lo rápido que tuvimos que dejar la esclavitud pero también como un impedimiento para que leuden nuestras ganas de volver a la esclavitud.

Iniciamos el camino de la libertad hacia la Tierra Prometida.

A pesar de todos los inconvenientes llegamos a destino.

Así como Dios nos acompañó en esta travesía, es como nos acompaña todos los días. Nuestra Tierra Prometida es nuestra felicidad. El desierto representa las dificultades que a diario se nos presentan.

No tardemos 40 años ya que muchas veces por querer ver tan adelante olvidamos que la felicidad está al alcance de nuestras manos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 10 de enero de 2018

Vaerá

Einstein afirmó que Dios no juega a los dados con el universo. ¿Qué significa esa frase? Que Dios hace todo de manera tal que aunque parezcan sucesos aislados y difíciles de comprender, siguen un plan secreto que Él ha ideado.

Asimismo y metafóricamente Adam Smith para temas económicos habla también de una mano invisible en su obra “La riqueza de las naciones”.

¿Qué tienen en común con esta Parashá? Muchísimo. Hubiera sido fácil obviar nueve plagas y utilizar sólo la última para doblegar la voluntad de Paró. Pero el plan de Dios era mostrarle a Paró su poder y hacerle entender un hombre no puede ser un dios como Paró para los egipcios. Di-s sólo quería que el Pueblo de Israel retornara a la tierra que había prometido a Abraham.

La primera carta la muestra cuando le dice a Moshé “Te haré como un dios para el faraón” (Shemot 6:1). A simple vista no parece algo complicado pero el secreto está en poner a Moshé a la misma altura que Paró. Ahora eran dos “dioses” los que estaban enfrentados.

Luego le hace sentir a Paró el liderazgo de Moshé con una frase que tiene un significado más profundo que el de un pedido: “Deja salir a Mi Pueblo”. ¿El Pueblo de quién? ¿De Di-s, de Moshé? Las palabras eran de Moshé, el pueblo de Di-s.

Ante la negativa de Paró empiezan las plagas. Primero el Nilo se convirtió en sangre. Si Paró se glorificaba ante el pueblo egipcio de ser el creador del rio, este fue un golpe duro. No bastó.

Siguieron las ranas. Imagínense el ruido del croar de millones de ranas. Ese ruido perfora la cabeza de cualquiera.  No bastó.

La tercera plaga fueron los piojos. Con esto Dios demuestra que lo más mínimo por Él creado puede hacer daño. Imaginémonos a los egipcios rascándose a dos manos por la pediculosis. Tampoco bastó.

Paró amagaba dejar el ir al Pueblo de Israel pero cuando la plaga cesaba endurecía su crueldad. Era un tire y afloje. Paró se creía un dios pero no era Di-s.

La cuarta plaga fueron las bestias salvajes. El miedo de cualquier persona es el toparse con una bestia a la vuelta de la esquina. Tampoco bastó.

La quinta fue la plaga del ganado. Caballos, asnos, ovejas y camellos. Todos los que estaban en el campo murieron. Los que estaban en los establos no perecieron. Dios es bondadoso a pesar de la maldad de Paró. Tampoco bastó.

La sexta plaga fue la de ampollas en la piel. Se asemeja al avergonzamiento y rechazo al verse lleno de póstulas en la piel. El Faraón seguí inmutable.

La séptima y última plaga mencionada en esta Parasha es el granizo. La roca que cae del cielo. La roca que puede destruir cualquier construcción. Construcciones ordenadas por el Faraón.

Di-s es mi roca y mi salvación (Salmo 62:2). Con el granizo Di-s descendía para golpear con fuerza pero aún era moderada. Quería torcer la mente de Paró. Paró, al igual que todos, gozaba del libre albedrío. Estaba en él darse cuenta que Di-s es todopoderoso.

Si sólo Paró hubiera escuchado el pedido de Moshé y dejado partir a nuestro pueblo, ¡nos hubiera bastado!

Shabat Shalom



Lucas Fisbein

miércoles, 3 de enero de 2018

Shemot

Shemot. Nombres. La identidad de una persona está dada por su nombre y si uno lo olvida también lo hace con la persona.

“Un nuevo rey, que no sabía de Iosef, tomó el poder en Egipto.” (Shemot 1:8).

No sabía porque su nombre había sido olvidado. Iosef había sido el gobernante de Egipto sólo encima de él estaba el faráon. ¿Cómo puede ser entonces que nadie recordarse a Iosef?

Muchas veces la manipulación de la opinión pública juega un rol determinante en la historia que escriben quienes la comandan. Borrar a Iosef de todo registro histórico era una alternativa viable para el faraón, de manera tal de hacer caer en el olvido a un judío que se había alzado con toda la gloria.

De Iosef sólo quedaba su legado, sus enseñanzas de cómo gobernar, pero no su nombre.
El faraón al esclavizar a nuestro pueblo y no “saber” de Iosef siempre ignoraba nuestra existencia. Sólo al ver que éramos muchos “Los israelitas están volviéndose demasiado numerosos y fuertes para nosotros” (Shemot 1:9) tuvo miedo y nos llamó israelitas, descendientes de Israel, Yaakov. Nos dio un nombre para identificarnos.

Por otro lado, tenemos a Di-s, que ante la pregunta de Moshé sobre su nombre, se presenta como “Seré El que Seré” (Shemot 3:14). ¿Por qué entonces si no sabemos el verdadero nombre de Di-s no lo olvidamos? En primer lugar porque la forma en que lo expresa nos da la idea de eternidad y en segundo lugar a Di-s lo sentimos, no lo vemos ni lo palpamos. Todo aquello que se siente y que llamamos de alguna manera, por así decirlo, nunca se olvida: amor, amistad, fidelidad.

El nombre nos da una identidad. Una identidad que permanece a lo largo del tiempo. Podemos cambiar de ropa, de manera de pensar, de ideología política, pero de identidad nunca. Nacemos con un nombre que se nos da dependiendo del sexo en el brit milá o en el simjat bat.

Es fácil que recuerden nuestro nombre cuando estamos presentes. Hagamos buenas acciones para no ser olvidados cuando no estemos.

Di-s es eterno. Ojalá nuestro recuerdo también dure para siempre.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein