miércoles, 10 de enero de 2018

Vaerá

Einstein afirmó que Dios no juega a los dados con el universo. ¿Qué significa esa frase? Que Dios hace todo de manera tal que aunque parezcan sucesos aislados y difíciles de comprender, siguen un plan secreto que Él ha ideado.

Asimismo y metafóricamente Adam Smith para temas económicos habla también de una mano invisible en su obra “La riqueza de las naciones”.

¿Qué tienen en común con esta Parashá? Muchísimo. Hubiera sido fácil obviar nueve plagas y utilizar sólo la última para doblegar la voluntad de Paró. Pero el plan de Dios era mostrarle a Paró su poder y hacerle entender un hombre no puede ser un dios como Paró para los egipcios. Di-s sólo quería que el Pueblo de Israel retornara a la tierra que había prometido a Abraham.

La primera carta la muestra cuando le dice a Moshé “Te haré como un dios para el faraón” (Shemot 6:1). A simple vista no parece algo complicado pero el secreto está en poner a Moshé a la misma altura que Paró. Ahora eran dos “dioses” los que estaban enfrentados.

Luego le hace sentir a Paró el liderazgo de Moshé con una frase que tiene un significado más profundo que el de un pedido: “Deja salir a Mi Pueblo”. ¿El Pueblo de quién? ¿De Di-s, de Moshé? Las palabras eran de Moshé, el pueblo de Di-s.

Ante la negativa de Paró empiezan las plagas. Primero el Nilo se convirtió en sangre. Si Paró se glorificaba ante el pueblo egipcio de ser el creador del rio, este fue un golpe duro. No bastó.

Siguieron las ranas. Imagínense el ruido del croar de millones de ranas. Ese ruido perfora la cabeza de cualquiera.  No bastó.

La tercera plaga fueron los piojos. Con esto Dios demuestra que lo más mínimo por Él creado puede hacer daño. Imaginémonos a los egipcios rascándose a dos manos por la pediculosis. Tampoco bastó.

Paró amagaba dejar el ir al Pueblo de Israel pero cuando la plaga cesaba endurecía su crueldad. Era un tire y afloje. Paró se creía un dios pero no era Di-s.

La cuarta plaga fueron las bestias salvajes. El miedo de cualquier persona es el toparse con una bestia a la vuelta de la esquina. Tampoco bastó.

La quinta fue la plaga del ganado. Caballos, asnos, ovejas y camellos. Todos los que estaban en el campo murieron. Los que estaban en los establos no perecieron. Dios es bondadoso a pesar de la maldad de Paró. Tampoco bastó.

La sexta plaga fue la de ampollas en la piel. Se asemeja al avergonzamiento y rechazo al verse lleno de póstulas en la piel. El Faraón seguí inmutable.

La séptima y última plaga mencionada en esta Parasha es el granizo. La roca que cae del cielo. La roca que puede destruir cualquier construcción. Construcciones ordenadas por el Faraón.

Di-s es mi roca y mi salvación (Salmo 62:2). Con el granizo Di-s descendía para golpear con fuerza pero aún era moderada. Quería torcer la mente de Paró. Paró, al igual que todos, gozaba del libre albedrío. Estaba en él darse cuenta que Di-s es todopoderoso.

Si sólo Paró hubiera escuchado el pedido de Moshé y dejado partir a nuestro pueblo, ¡nos hubiera bastado!

Shabat Shalom



Lucas Fisbein

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