Einstein
afirmó que Dios no juega a los dados con el universo. ¿Qué significa esa frase?
Que Dios hace todo de manera tal que aunque parezcan sucesos aislados y
difíciles de comprender, siguen un plan secreto que Él ha ideado.
Asimismo y
metafóricamente Adam Smith para temas económicos habla también de una mano
invisible en su obra “La riqueza de las naciones”.
¿Qué tienen
en común con esta Parashá? Muchísimo. Hubiera sido fácil obviar nueve plagas y
utilizar sólo la última para doblegar la voluntad de Paró. Pero el plan de Dios
era mostrarle a Paró su poder y hacerle entender un hombre no puede ser un dios
como Paró para los egipcios. Di-s sólo quería que el Pueblo de Israel retornara
a la tierra que había prometido a Abraham.
La primera
carta la muestra cuando le dice a Moshé “Te haré como un dios para el faraón”
(Shemot 6:1). A simple vista no parece algo complicado pero el secreto está en
poner a Moshé a la misma altura que Paró. Ahora eran dos “dioses” los que
estaban enfrentados.
Luego le
hace sentir a Paró el liderazgo de Moshé con una frase que tiene un significado
más profundo que el de un pedido: “Deja salir a Mi Pueblo”. ¿El Pueblo de
quién? ¿De Di-s, de Moshé? Las palabras eran de Moshé, el pueblo de Di-s.
Ante la
negativa de Paró empiezan las plagas. Primero el Nilo se convirtió en sangre. Si
Paró se glorificaba ante el pueblo egipcio de ser el creador del rio, este fue
un golpe duro. No bastó.
Siguieron
las ranas. Imagínense el ruido del croar de millones de ranas. Ese ruido
perfora la cabeza de cualquiera. No bastó.
La tercera
plaga fueron los piojos. Con esto Dios demuestra que lo más mínimo por Él
creado puede hacer daño. Imaginémonos a los egipcios rascándose a dos manos por
la pediculosis. Tampoco bastó.
Paró
amagaba dejar el ir al Pueblo de Israel pero cuando la plaga cesaba endurecía
su crueldad. Era un tire y afloje. Paró se creía un dios pero no era Di-s.
La cuarta
plaga fueron las bestias salvajes. El miedo de cualquier persona es el toparse
con una bestia a la vuelta de la esquina. Tampoco bastó.
La quinta
fue la plaga del ganado. Caballos, asnos, ovejas y camellos. Todos los que
estaban en el campo murieron. Los que estaban en los establos no perecieron.
Dios es bondadoso a pesar de la maldad de Paró. Tampoco bastó.
La sexta
plaga fue la de ampollas en la piel. Se asemeja al avergonzamiento y rechazo al
verse lleno de póstulas en la piel. El Faraón seguí inmutable.
La séptima
y última plaga mencionada en esta Parasha es el granizo. La roca que cae del
cielo. La roca que puede destruir cualquier construcción. Construcciones
ordenadas por el Faraón.
Di-s es mi
roca y mi salvación (Salmo 62:2). Con el granizo Di-s descendía para golpear
con fuerza pero aún era moderada. Quería torcer la mente de Paró. Paró, al
igual que todos, gozaba del libre albedrío. Estaba en él darse cuenta que Di-s
es todopoderoso.
Si sólo
Paró hubiera escuchado el pedido de Moshé y dejado partir a nuestro pueblo,
¡nos hubiera bastado!
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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