martes, 26 de diciembre de 2017

Vaiejí

“Que Dios te haga como a Efraim y a Menashé” (Bereshit 20:48). Para quien tiene hijos varones está bendición es repetida prácticamente de memoria.

¿Por qué mencionamos a estos dos hermanos en lugar de decir el nombre de nuestros Patriarcas? ¿Qué hace que sean tan importantes para figurar en una de las bendiciones más bellas que tenemos?

Para entenderlo hay tres aspectos fundamentales:

En primer lugar, ellos fueron los primeros hermanos que menciona la Torá que no tuvieron conflictos entre ellos. Desde Cain y Abel, Esav y Yaakov, Yosef y sus hermanos, entre Efraim y Menashé pareciera que no hay peleas.

En segundo lugar, al vivir en Egipto estaban sumergidos dentro de esa cultura. Más allá de lo que podamos creer se mantuvieron fieles a las creencias que su padre, Yosef, les enseño. No se asimilaron.

Y, por último, recordemos que el ser humano es el único ser vivo que reconoce el vínculo más allá de sus hijos, es decir que el amor va más allá de una sola generación.

Entonces podemos comprender que Yaakov conoce a sus nietos (segunda generación), invierte sus manos para bendecirlos (porque no hay conflicto ni celos entre ellos) y los bendice (porque creen en Di-s).

Uno siempre es feliz cuando ve a sus hijos crecer pero que más bello hay que ver a los nietos seguir el camino de nuestras tradiciones. Sembramos semillas para que los frutos salgan buenos y a su vez puedan dar nuevas semillas. Que Di-s nos de siempre la posibilidad de ver madurar los frutos de esta segunda siembra.

El Rey David nos recita en el Salmo 133 “Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía”.

Y yo me pregunto, en este mundo lleno de odio al semejante, en donde peleamos más por nuestras diferencias en vez de intentar ahondar en nuestras coincidencias, en donde por pensar distinto podes correr la peor de las suertes, y el amor entre hermanos parece haber quedado en una utopía, ¿por qué no somos un poco más tolerantes?

Si dos hermanos pudieron sobrellevar todas las dificultades y se mantuvieron unidos y sin peleas en ambiente que les era hóstil, ¿por qué no podemos replicar su conducta?

Que seamos como Efraim y Menashé, no sólo con nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de Israel y, si no es mucho pedir, también con toda la humanidad.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 19 de diciembre de 2017

Vaigash

“¡Yo soy Iosef! ¿Todavía vive mi padre?”. (Bereshit 45:3).

Iosef mide sus palabras porque lo que busca no es echarle en cara a sus hermanos lo que le habían hecho. Lo que sugiere con estas palabras es que ellos se den cuenta del daño que habían causado. «Yo soy Iosef, si soy yo, al que tiraron a un pozo vacío, al que vendieron a los egipcios y lo dejaron librado a su suerte». O en un lenguaje más coloquial sería «Macho, me mandaste al matadero pero volví. Cero rencor brother».

No hay peor culpa que la que se echa uno mismo. Iosef que se había convertido prácticamente en el amo y señor de Egipto era lo suficientemente astuto para comprender cómo manejarse ante situaciones difíciles. No era sólo un interpretador de sueños sino también un interpretador de la realidad. Traslado con sólo decir su nombre el dedo acusador a la mano de sus hermanos.

¿Qué fue lo que hizo que Iosef interpretara este sentimiento de culpabilidad en sus hermanos? Cuando escucha de Iehudá decirle que su padre sufriría por la pérdida de Binyamin.

Si entendía que Yaakov iba a sufrir entonces Iehudá había recapacitado.

Y la pregunta de si Yaakov vivía es más una sorpresa que una averiguación en sí. Ya con las palabras de su hermano sabía que estaba vivo pero quería escucharlo nuevamente.

Yaakov en ningún momento reprende a sus hijos por lo que hicieron. Iosef tampoco lo hace. O por lo menos no es mencionado en la Torá. El Talmud (Sotá 10) nos enseña que “es preferible ser consumido por las llamas, antes que avergonzar a otra persona en público”.

Pero parece que todos le tenemos miedo al fuego. Nos olvidamos que al avergonzar a otro no estamos sino haciéndonos más mal que a quien recibe las palabras.

A veces las palabras sobran. A veces una mirada es más efectiva. Es preferible que nuestro fuego interno se apague a través de la oración y del agradecimiento a Di-s.

Nosotros no somos Iosef pero podemos decir a nuestros hermanos: “Heme aquí, ¿está vivo aquello que me legó mi padre?”

Tomate unos minutos este Shabat para meditarlo.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 12 de diciembre de 2017

Miketz

¿Cuántas veces hemos escuchado frases despectivas por ahorrar nuestro dinero? ¿Cuánto tiempo más debemos soportarlo y hasta a veces tener que dar explicaciones sobre algo que nos atañe sólo a nosotros?

¿Está mal ahorrar? ¿Está mal guardarnos algo de reserva para épocas que no sean tan prósperas? Para nada. Y lo vemos en el texto de esta semana.

Vienen siete años, durante los cuales habrá un gran excedente de comida por todo Egipto” (Bereshit 41:29) y “A éstos los seguirán siete años de hambruna, en que todos los excedentes de Egipto serán olvidados. La hambruna devastará la tierra.” (Bereshit 41:30).

“Que [los funcionarios] colecten todos los alimentos durante estos buenos años venideros, y que almacenen el grano bajo el control del faraón. El alimento se guardará en las ciudades bajo vigilancia” (Bereshit 41:35) y “Entonces el alimento puede tenerse en reserva para la tierra cuando los siete años de hambruna lleguen a Egipto. Entonces la tierra no será despoblada por la hambruna”. (Bereshit 41:36).

En otras palabras, en épocas de abundancia no debemos gastar todo lo que tenemos pues no sabemos cuánto va a durar. Usamos generalmente la frase: vacas gordas y vacas flacas para definir ambas situaciones y no son sino el sueño que tuvo el faraón y que desencadenaron en la liberación de Iosef.

Y volviendo a la pregunta inicial, está bien ahorrar siempre y cuando el ahorro a futuro no perjudique al presente. Iosef en ningún momento sugiere darle menos alimentos al pueblo para acopiar para el futuro. “Tendrá que establecerse sobre Egipto un sistema de raciones durante los siete años de excedente” (Bereshit 41:34).

El texto nos habla de excedente. Si hay es porque “excede” las necesidades presentes y se puede acopiar para épocas donde no sean tan fructíferas.

Y no sólo es en dinero el ahorro. Generalmente lo material es fácil de cuantificar, pero en el plano espiritual ¿cómo se ahorra?

Una forma de ahorro es el agradecimiento a Di-s anticipándonos a un pedido ya sea porque nos conceda algo, por Refúa Shlemá, o cualquier otra situación que nos lleva a acordarnos de Su Presencia.

Es más fácil y no cuesta mucho (mais barato como dirían nuestros detractores) ahorrar espiritualmente. En este caso no es necesario hacerlo sólo y y se necesitan sólo unos minutos al día.

Así que cuando nos acusen por ahorrar recordémosle que nosotros pensamos en el futuro. Y si ahorramos espiritualmente Di-s nos va a ayudar a hacerlo en el plano material.

Este Shabat “ahorrate” unos minutos para compartilo en Comunidad.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 5 de diciembre de 2017

Vaieshev

Cuando Di-s nos da una habilidad o un don no nos entrega el manual del usuario del mismo. Y ese regalo divino no es sino un medio para llegar a un fin determinado. En otras palabras y bajando el ejemplo a un nivel más básico cuando somos pequeños y empezamos a dar nuestros primeros pasos nuestros padres suelen acompañarnos o bien dándonos la mano o poniendo objetos para poder agarrarnos de ellos. Al principio solemos caernos, pero luego aprendemos y seguimos. El medio es caminar y el fin en sí es poder desplazarnos por nuestros propios medios.

Iosef tenía un don: interpretar los sueños. Y como toda habilidad para llegar su madurez requiere de una curva de aprendizaje. Los primeros intentos no resultaron sino en problemas con sus hermanos. “Atábamos gavillas en el campo, cuando mi gavilla súbitamente se levantó erguida. Las gavillas de ustedes formaron un círculo alrededor de mi gavilla, y se inclinaron ante ella” (Bereshit 37:7).

No es el sueño en sí, que veremos en otra Parashá que fue cumplido, sino la forma de contarlo lo que generó el problema con sus hermanos. Muchas veces nuestras intenciones son buenas pero la forma de transmitirlas son desacertadas. Y sólo tomando lo que podemos controlar. “Por causa de sus sueños y sus palabras, lo odiaron todavía más.” (Bereshit 37:8)

El entorno, también puede ser desfavorable, y al contrario no tenemos forma de manejarlo. “Israel amaba a Iosef más que a cualquiera de sus otros hijos, puesto que él era el hijo de su vejez. Le hizo [a Iosef] un largo abrigo de colores muy vivos.” (Beresiht 37:3).

Iosef podía haber controlado sus palabras, pero no podía hacer nada sobre la preferencia que Yaakov tenía sobre él. ¿Estaba bien que Yaakov tuviera preferencia por uno de sus hijos? ¿Y encima demostrarlo como si no fuera foco de conflicto entre ellos?

Todo esto generó resentimientos y los hermanos de Iosef “Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío; no había agua en él.” (Bereshit 37:24). Si el pozo estaba vacío, ¿por qué el texto nos dice además que no había agua? Parece redundante pero nos quiere remarcar que no había posibilidad de que Iosef sobreviviera. Y a la larga, como dicen, la sangre tira. “Iehudá les dijo a sus hermanos: “¿Qué ganaremos si matamos a nuestro hermano y cubrimos su sangre?” (Bereshit 37:26).

Iosef es vendido a los egipcios, tomado como esclavo por Potifar y acusado por la esposa de éste por acoso sexual. Iosef vuelve a estar encerrado y analiza los sueños de otros dos prisioneros.

Pero volviendo un poco atrás, si Iosef hubiera sido más astuto y medido sus palabras al contar el primer sueño, ¿hubiera aplacado los celos de sus hermanos? ¿hubiera cambiado la historia?

La respuesta nunca la sabremos. Te invito a soñarla en comunidad este Shabat.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Vaishlaj

Yaakov retorna y debe enfrentar la furia de su hermano. Para lograrlo idea una téctica militar similar a la que Sun Tzu escribiría en El Arte de la Guerra mucho tiempo después.

“Yaakov estuvo muy atemorizado y afligido. Dividió a las personas que lo acompañaban en dos campamentos, junto con las ovejas, el ganado y los camellos” (Bereshit 32:8). “Dijo: “Si Esav viene y ataca un campamento, al menos el otro campamento sobrevivirá””.(Bereshit 32:9)

Es entonces cuando queda solo que tiene la lucha con el ángel y recibe el nombre de Israel. Con ese nombre se cierra el ciclo espiritual. El ángel “Entonces bendijo [a Yaakov]” (Bereshit 32:30). A partir de este momento Yaakov podía decir que tenía todo.

Llega entonces el momento de enfrentar a su hermano. Quien había “peleado con Di-s” debía pasar la prueba de “pelear contra su propia sangre”.

Los dos hermanos se encuentran. Frente a frente. “Esav corrió al encuentro de ellos. Abrazó [a Yaakov], y echándose sobre los hombros de él, lo besó. [Ambos] lloraron”. (Bereshit 33:4). De acuerdo al Midrash Esav quiso morder a Yaakov y Di-s convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces se rompió los dientes. Si vemos el texto en hebreo hay unos puntos encima de este pasuk simbolizando los dientes rotos de Esav.

Esav le dice a Yaakov: “Tengo mucho hermano mío. Que lo tuyo siga siendo tuyo”. (Bereshit 33:9). Pero, ¿qué es tener mucho? ¿Es tener suficientes cosas materiales para satisfacernos durante el día? ¿es tener nuestra billetera llena para comprarnos todo lo que queremos? ¿es acaso la capacidad de poder obtener todo lo material que querramos? Libros, amigos y posesiones se pueden comprar. Sabiduría, amistad y fe en Di-s no son mensurables en dinero.

Yaakov sabiamente responde “Di-s ha sido benevolente conmigo, y tengo todo”. (Bereshit 33:11) Tener todo es semejante a decir soy un ser rico espiritualmente porque materialmente estoy satisfecho.

Si tengo mucho voy siempre a querer más. Si tengo todo, ¿qué más puedo pedir? Tengo lo que necesito.

El Midrash anterior nos enseña que cuando intentamos sobreponer lo material a lo espiritual, porque seamos sinceros, necesitamos de las dos cosas, nuestro mundo material tiende a romperse como los dientes de Esav.

Tenemos que lograr un equilibrio para ser como Yaakov. Él tenía materialmente todo lo que quería, pero estaba unos cuantos pasos más adelante que su hermano en reconocer lo que no se compra con dinero: familia y amor a Di-s, que para él eran los valores más importantes.

Hagamos un balance de nuestra vida y preguntémonos qué tenemos. Si tenemos mucho, pensemos qué nos falta para poder decir que tenemos todo. Y si sentimos que tenemos todo agradezcámosle a Di- por hacernos semajantes a Yaakov. Él fue el padre de las Doce Tribus. Nosotros, de nuestro futuro.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 21 de noviembre de 2017

Vaietzé

El amor de Yaakov por Rajel no tenía límites. Estaba perdidamente enamorado de ella. Y si bien la costumbre en aquellos días era que el hijo mayor se casara con una hija mayor el texto nos dice: “Yaakov se había enamorado de Rajel. “Trabajaré para ti siete años por Rajel, tu hija menor”, dijo”. (Bereshit 29:18).

“Yaakov trabajó siete años por Rajel. Pero la amaba tanto que pareció como no más que algunos días”. (Bereshit 29:20). Cuando uno ama lo que hace la noción del tiempo desaparece y los días parecen segundos. Para entenderlo mejor situémonos en una fiesta aburrida, el tiempo no pasa más y miramos el reloj para ver cuando termina. Si esa fiesta es divertida nos la pasamos bailando y disfrutando y cuando miramos la hora ya es el final.

Esto es seguramente lo que le pasó a Yaakov. Disfrutó tanto de saber que iba a casarse con Rajel que fue como si agarrara el Delorean de Volver al Futuro y saltara siete años en el tiempo.

Pero Labán, que lo único blanco que tenía era el nombre, iba a intentar de cualquier manera casar a Lea para seguir las costumbres de esa época. ““¡En nuestra tierra es algo que sencillamente no se hace! –respondió Laván–. [Nunca] damos en matrimonio una hija menor antes que la primogénita.” (Bereshit 29:26)

Y acá surge un interrogante ¿por mantener las costumbres y por el miedo al qué dirán vamos a dejar de lado la felicidad de nuestros hijos? ¿hasta cuándo fingir por costumbres para complacer al exterior sin mirar dentro de nuestras paredes?

Rajel sospechaba de las intenciones de su padre. Por eso es que idea un plan de contraseñas y palabras para que Yaakov reconozca que es ella quien está detrás del velo.
Pero a la vez y por miedo a que su hermana Lea sea “avergonzada” por no casarse antes que ella le dice las contraseñas para que se las diga a Yaakov en el momento indicado.

El matrimonio se lleva a cabo y tal como pensaba Rajel, Labán le exige que Lea tome su lugar. Yaakov se da cuenta recién cuando Lea ya era su esposa y en vez de enfurecerse y avergonzar tanto a su suegro como a su legítima esposa, promete trabajar siete años más para lograr su unión con Rajel.

Yaakov no podía quejarse mucho por el engaño que había sufrido. Recordemos que en la parasha anterior él había engañado a su padre para obtener la primogenitura sobre su hermano Esav.

La enseñanza de Rajel de no avergonzar en público a un ser querido es lo que permitió desarrollar el árbol de la vida de nuestro pueblo. La semilla la sembró Abraham, el tallo y las ramas Itzjak y los frutos de los cuales alimentamos nuestro espíritu vienen de Yaakov.

Yaakov trabajó otros siete años para quedarse con Rajel. Y al final logró su cometido. “De este modo, [Iaakov] también se casó con Rajel, y amó a Rajel más que a Lea. Trabajó para [Laván] otros siete años” (Bereshit 29:30).

Yaakov pudo obtener lo que deseaba que era Rajel. Tuvo que adaptarse a la tradición. Podemos discutir hasta el infinito si está bien o está mal.

¿Existen tradiciones que están bien y otras que están mal? ¿Cuáles tomar para uno y cuáles descartar? La respuesta es compleja y sencilla a la vez: si nos hacen bien las tomamos, si nos hacen mal, ¿para qué hacerlas?

Lo mejor en estos casos es modernizar las costumbres para no quedar arcaicos en el tiempo. Si la raíz está firme por más viento que intente derribar el árbol éste crecerá fuerte.
Marshall Meyer predicaba que “En una mano tienen que tener la Torá y, en la otra, el diario.

En el Kabalat Shabat seguimos nuestras costumbres y lo modernizamos agregándole melodías. ¿Nunca se te había ocurrido? Veni a disfrutarlo en Comunidad. Para la tradición estás cumpliendo las mitzvot (preceptos); para el diario de hoy estás celebrando un Shabat diferente.

¿Qué estás esperando?

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

jueves, 16 de noviembre de 2017

Toldot

Esav tenía hambre. “…vino exhausto, del campo, al hogar” (Bereshit 25:29). Ahí se encontraba su hermano Yaakov. No eran precisamente los mejores amigos que podría haber. Ya desde el mismo nacimiento existió rivalidad entre ellos: “Entonces salió su hermano, y su mano agarraba el talón de Esav” (Bereshit 25:26).

Al crecer las diferencias se fueron notando más: “Itzjak disfrutaba de comer la caza de Esav y lo prefería a él, mas Rivká lo prefería a Yaakov” (Bereshit 25:28).

A raíz de su deseo desesperado por la comida “… le dijo a Iaakov: “¡Dame un bocado de esa cosa roja! ¡Estoy hambriento!” (Bereshit 25:30).

¿No hubiera sido más fácil pedirlo? ¿Era necesaria la prepotencia? Si el resultado que se busca, poder comer y satisfacer el apetito, ¿por qué no hacerlo de una forma que el que da aquello que necesitamos sienta placer al realizar dicho acto?

Esav quiso sacar provecho de su condición física. Era cazador (Bereshit 25:27) con lo cual su presencia podría atemorizar a Yaakov. Yakoov ni lento ni perezoso también se dirige de mala manera tratando de sacar una ventaja: ““Primero véndeme tu derecho de primogenitura”, replicó Iaakov (Bereshit 25:31)

La prepotencia trae aparejada más prepotencia.

Esav entonces para saciar su deseo “vende” su primogenitura a Yaakov.

¿Fue justo entonces que Yaakov se aprovechara de Esav ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos de un momento determinado puedan afectar nuestro futuro.

Somos humanos y podemos equivocarnos pero que ese error sea por pensar algo de forma incorrecta, nunca por una calentura. Estamos viendo en la actualidad como actores de gran renombre hicieron trizas sus carreras por no saber controlar sus impulsos; vemos como familias se destruyen porque sus integrantes no saben pisar el freno y aceleran hacia affaires que no hacen más que destruir un matrimonio; observamos amigos insultarse por cuestiones políticas que van más allá de los sentimientos que sienten entre ellos.

Esav no fue patriarca porque no pudo contener sus impulsos físicos. Y no confundamos impulsos con deseos. El deseo es abstracto mientras que el impulso es material.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime tu impulso de quedarte sin santificar este día. Compártelo con tu familia en comunidad. Somos primogénitos del presente de nuestro pueblo.

En nosotros está seguir escribiendo la historia.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Jaiei Sara

“Abraham expiró y murió en una buena edad, anciano y complacido, y fue reunido con su pueblo” (Bereshit 25:8).
El texto nos da tres calificativos de la muerte de nuestro patriarca. Las dos primeras son casi idénticas: en una buena edad y anciano. Lo que cuesta entender es el significado de complacido. ¿Complacido de qué? La Torá no nos lo explica sino que debemos interpretar el sugiente pasuk (versículo). “Sus hijos, Itzjak e Ishmael, lo enterraron en la cueva de Majpelá, en el campo de Efrón hijo de Tzojar el hitita, que limita con Mamré” (Bereshit 25:9).
En ningún momento nos indica el texto que haya habido una discusión o pelea entre estos dos hermanos en ese momento. ¿Será que Abraham había previsto esta pseudo unión de los hermanos y murió complacido de que así sería? ¿Por qué no nombra el texto la presencia de Zimrán, Iakshán, Medán, Midián, Ishbak y Shúaj, los hijos que tuvo con Keturá (algunos estudiosos dicen que era Hagar, la egipcia)?
Tal vez Abraham tuvo la esperanza de que estos dos hermanos puedan vivir juntos en paz. De haber sido así no existirían los conflictos actuales de Medio Oriente.
Pero a pesar de estar distanciados y seguramente enemistados, ¿qué es lo que hace que en el entierro de Abraham no se mencione pleito alguno? Ishmael tenía todo el derecho a reclamar ya que como vimos la semana pasada “Abraham se levantó muy de mañana. Tomó pan y un odre con agua, y se lo dio a Hagar, poniéndolo sobre el hombro de ella. La despidió con el muchacho” (Bereshit 21:14)
No hay mención a palabras entre los dos hermanos porque son las palabras las que inician las peleas. Si no hay palabras, por más tensión que haya entre ellos, no existía la posibilidad de un conflicto.
El respeto de ambos por su padre fue mucho más fuerte que los sentimientos adversos que sentían mutuamente.
Y qué contraste entre la muerte de Sara sufriendo por la Akedat Itzjak y la de Abraham muriendo complacido.
Y fueron enterrados juntos. Itzjak continuo su vida bendecido por su padre. Nada se dice de una bendición para Ishmael.
¿Fue justo para uno sí y para otro no? ¿No genera conflicto entre hermanos? Solemos quejarnos de las consecuencias sin fijarnos en las causas.
Recurrimos a Di-s cuando tenemos un problema para pedirle por una solución, por una consecuencia. Olvidamos agradecerle de antemano por todo lo que ha hecho por nosotros, muchas causas.
Hasta el día de nuestra partida de este mundo tenemos la oportunidad de ver las causas porque nuestro final es la consecuencia de las vidas (jaiei), como las de Sara, que decidimos llevar adelante. Está en nosotros que sea sufrido o complacido.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Vaierá

Como sucede en las Parashot del Libro Bereshit hay demasiada enseñanza enmarcada dentro del comienzo de nuestra historia.
Una enseñanza importante que se repite a lo largo del texto de esta semana es la acción de “dar”.
El primer momento en donde Abraham es un dador es justo después de su Brit Milá. “Di-s se le apareció a [Abraham] en las planicies de Mamré mientras él estaba sentado a la entrada de la tienda en la parte más calurosa del día” (Bereshit 18:1). “[Abraham] alzó los ojos y vio a tres extraños de pie a una corta distancia de él. Cuando [los] vio desde la entrada de su tienda, corrió a saludarlos, inclinándose hasta el suelo”. (Bereshit 18:2).
Estaba en compañía de Di-s cuando tres forasteros se acercan a su tienda. Se levanta, a pesar de su dolor, y sale a saludarlos para darles alojamiento y comida. Es la primera vez que se menciona ajnasat orjim (hospitalidad) desde que el mundo fue creado.
Cuando estaba con Di-s Abraham estaba recibiendo compañía. Cuando salió en busca de los extraños la estaba dando.
El segundo momento en donde es dador es en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Podemos discutir si la cantidad de gente justa que pedía Abraham para no destruirlas era demasiada pero la idea es otra. ¿Qué tiene que ver el "dar"? Indirectamente no es Abraham el que da, sino que le pide a Di-s que "de" otra oportunidad.
Y el tercer momento fue la akedat Itzjak (la atadura de Itzjak). Pongámonos un momento en esa situación y pensemos si sacrificaríamos a nuestros hijos. La respuesta unánime sería no. Con este acto Abraham daba su vida a Di-s ya que nuestros hijos son la prolongación de nuestros días.
Uno siempre daría la vida por sus hijos pero siendo hijos de Di-s ¿la sacrificaríamos por nuestro Padre? Abraham sí.
Por eso si uno no siente placer en dar a veces es mejor pecar de egoísta porque quien lo recibe nota la falta de intensión.
Pero si actuamos como Abraham y somos dadores por naturaleza, la satisfacción será doble. En primer lugar, nos sentiremos felices de haber dado y en segundo, la persona que lo recibe será feliz porque se dará de nuestro accionar.
Debemos ser agradecidos al momento de dar ya que estamos en la situación de poder entregar algo nuestro y no en la desesperación de necesitar recibir.
Di-s nos dio la vida que es algo inmensurable. A nosotros ¿qué nos cuesta emularlo? Pensemos en la expresión de quien lo recibe. Pensemos en nuestra expresión. Ahora dejemos de pensar y empecemos a dar.
No es necesario que sea algo material ni que sea hacia otra persona. Te propongo que el próximo Shabat te des un poco de tu tiempo para acompañarnos en comunidad a santificar el día de descanso de quien nunca se cansa de dar.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 23 de octubre de 2017

Lej Lejá

Cuando entró a su negocio y vio todo revuelto y toda la mercadería destruida, Teraj pensó que también algo malo le pasó a su hijo Avram. Grande debe haber sido su sorpresa cuando lo vio tranquilo jugando con un ídolo tallado en madera, el único que no había sido destruido. Avram le dijo a su padre más o menos lo siguiente: “Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero en recibirla. El grande recibió insultos y entonces tomó un hacha y rompió todos los otros”. Lo anterior fue sacado de un Midrash y nos explica la manera de pensar de nuestro patriarca.
Avram comprendía, ya desde chico, que a Di-s no se lo palpa sino que se lo siente. Que es inmaterial a nuestros sentidos, pero material a nuestro corazón.
Y esto me recuerda una historia en donde un joven desconsolado por no poder encontrar a Di-s acude al rabino de su comunidad quejándose porque no puede conectarse con algo que no ve ni toca. El rabino le pide que cierre los ojos y luego le da una cachetada. Ante la queja el rabino le pregunta por qué se quejaba ante él si no pudo ver que fue él quien lo abofeteó y concluyó el rabino diciendo “Así es con Di-s. No sabemos dónde está ni cómo es, pero lo sentimos”.
Y Di-s entonces le pide a Avam dos sacrificios: uno espiritual y otro físico.
El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre…”.(Bereshit 12:1)
Sólo una persona con un nivel espiritual alto puede aceptar este cheque en blanco firmado por Di-s y dejar atrás toda una cultura, una familia y partir siguiendo la palabra de Di-s.
Pero no parte solo, “tomó a su mujer Sarai, a su sobrino Lot y todas las pertenencias de ellos, así como también a las personas que habían reunido, y salieron, dirigiéndose hacia Cnáan” (Bereshit 12:5)
Avram se preocupaba por sus semejantes. Kol Israel Arevin Ze La Ze.
Por eso Di-s le dice “Mira el firmamento y cuenta las estrellas. Ve si puedes contarlas”. [Di-s] entonces le dijo: “Así es cuán [numerosos] serán tus descendientes” (Bereshit 14:5).
Avram tuvo dos hijos y ya desde su concepción vemos la diferencia.
La gestación de Ishmael se dio por pedido de Sara “Di-s me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella.”  (Bereshit 16:2) y “Abram vino a ella (Hagar), y ella concibió” (Bereshit 16:4). Fue una gestación natural como la de cualquier ser humano.
Las leyes naturales son nuestra forma de interpretación lógica y racional de la voluntad divina. Si la concepción desde un punto de vista natural es la unión de un espermatozoide y un óvulo, desde el punto de vista de espiritual es cómo se crea vida a través de esa unión.
Estas leyes nos enseñan las consecuencias mientras que si buscamos entender la voluntad de Di-s nunca podremos responder el cómo. ¿Cómo a partir de esa unión de forma un embrión?
Itzjak fue concebido por la voluntad de Di-s. “Yo la bendeciré (a Sara), y haré que te dé un hijo” (Génesis 17:16).
Si bien todas las gestaciones son por voluntad de Dios en el caso de Ishmael se antepuso el hombre mientras que en el de Itzjak fue Dios antes quien tomó la decisión.
El segundo sacrificio, el físico, es el del Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro. Algunos desconocedores de nuestra tradición hablan horrorizados de que esta mitzvá es una mutilación de nuestro cuerpo. Nada más lejos de eso. Para que sea una mutilación deberíamos sentir la ausencia de un miembro y sufrir por ello toda la vida.
“Haré un pacto entre nosotros, y acrecentaré mucho tus números”. (Bereshit 17:2). “Ya no se te llamará Avram. Tu nombre será Abraham, puesto que te he establecido como el padre de una multitud de naciones.” (Bereshit 17:5)
“En todas las generaciones, todo varón será circuncidado cuando tenga ocho días de nacido. [Esto incluirá] a los nacidos en la casa, así como también [esclavos] comprados con dinero a un extraño, que no es tu descendiente.” (Bereshit 17:12)
Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que Dios nos rescató de la esclavitud de Egipto.
Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.
Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente Dios no le hubiera enseñado el Brit Milá.
Si algo hay que agradecerle a Abraham es haberse dado cuenta que Di-s es único. Cuando recitemos el Shemá, al cerrar y cubrirnos nuestros ojos, en la última parte recordemos que fue gracias a nuestro patriarca que llegamos a nuestros días.
Con todos los contratiempos, con todas las veces que dudamos de su existencia, Di-s siempre está para guiarnos. Aunque no lo podamos ver, aunque su presencia pase desapercibida, siempre está para nosotros. Él es único como nuestra vida misma.
Y gracias a que Abraham se dejó guiar por la voluntad divina llegamos a ser la gran nación que nunca pudo ser destruida.
Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 16 de octubre de 2017

Noaj

Noaj

Sin querer banalizar la desgraciada época que vivió la República Argentina durante la última dictadura cívico miliar entre 1976 y 1983 podemos decir que Noaj actúo en virtud de la “obediencia debida”.

¿Acaso no pudo haberse planteado la posibilidad de que sus actos no eran del todo correcto? ¿No tuvo el valor de enfrentarse a Di-s para pedirle que salve a la humanidad?

El mundo actual no es muy distinto del que existiera en la época de Noaj. “…era corrupto ante Di-s, y la tierra estaba colmada de crimen” (Génesis 6:11).

El nivel de corrupción era terrible y la pasividad de la gente no hacía más que legitimar un accionar contrario a las buenas leyes y al mandato divino. No sería disparatado pensar entonces que la frase “por algo será…” tan tristemente utilizada en los sucesos argentinos mencionados anteriormente fuera de uso común en esta época.

Di-s le dio al hombre el libre albedrío pero no le enseño cómo utilizarlo. Dejó librado a nuestro conocimiento (a partir del pecado de Adán y Eva) para que diferenciemos qué está bien y qué está mal. Entonces empezamos a actuar segú nuestra conveniencia y no según nuestra conciencia.

A raíz de esto nos fuimos corrompiendo con el correr del tiempo. No apagamos el celular en Shabat, nos olvidamos de hacer Kidush, entramos al Beit Hakneset (sinagoa) sin la kipá puesta y muchas veces no sentimos culpa por ello.

Entonces ¿seríamos capaces de construir nuestra propia arca dejando todo lo corrupto afuera y encerrando con nosotros las “especies” que sobrevivirían como relaciones afectivas, amistad, y otras tantas acciones en donde la interrelación entre dos personas sólo se da frente a frente?

Seguramente no. No podríamos separarnos de nuestro entorno. En la película Matrix, Morpheus le dice a Neo que “hay gente  tan desesperadamente dependiente del sistema, que lucharían para protegerlo”.

Noaj, sin embargo, no era dependiente del sistema. Noaj aceptó la palabra de Di-s sin emitir comentario alguno, fue sumiso ante Di-s. Noaj fue comunicado de la decisión de destruir el mundo y lo único que hizo fue construir un arca.

¿Existe algún relato en que Noaj intenta salvar a su semejante? ¿Le ruega Noaj a Di-s que no mande el diluvio?

Noaj estaba en su Matrix. Caminaba con Di-s (Génisis 9:6). Y dependía tanto de Él que olvidó que era humano y se convirtió en un programa de computación autoejecutable. Di-s le puso el software para construir el arca y eso es lo que hizo. Necesitaba ser guiado y programado para poder funcionar.

A pesar de ello, Noaj es mencionado como un tzadik (hombre justo). Pero lo era en aquella época y para aquella generación. En aquel entonces cumplir la palabra de Di-s era ser justo. En un mundo corrupto la persona con moral vale más.

¿Y cuál fue el aporte de Noaj a nuestra historia que hace que la Torá tenga una parashá (porción semanal) destinada a él? Que luego del Diluvio Di-s hizo un pacto con él. “He puesto Mi arco iris en las nubes, y será una señal del pacto entre Mí y la tierra” (Génesis 9:13).

Es decir que cada vez que veamos un arco iris recordemos que Di-s nos da otra oportunidad de seguir adelante. Qué Él está enojado con nosotros pero nos da otra chance de seguir adelante. Nos da la posibilidad de abandonar nuestra Matrix.

Esto demuestra que pesar de ser completamente condescendientes con Di-s, debemos formar nuestras opiniones porque si Él hubiera querido máquinas automáticas no nos habrá dado el libre albedrío. Por algo será que nos creó así.

No vaya a ser que por estar tan metidos y dependientes del mundo tan corrupto quedemos tapado por las aguas de nuestra dependencia.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein