Cuando Di-s nos da una
habilidad o un don no nos entrega el manual del usuario del mismo. Y ese regalo
divino no es sino un medio para llegar a un fin determinado. En otras palabras
y bajando el ejemplo a un nivel más básico cuando somos pequeños y empezamos a
dar nuestros primeros pasos nuestros padres suelen acompañarnos o bien dándonos
la mano o poniendo objetos para poder agarrarnos de ellos. Al principio solemos
caernos, pero luego aprendemos y seguimos. El medio es caminar y el fin en sí
es poder desplazarnos por nuestros propios medios.
Iosef tenía un don: interpretar
los sueños. Y como toda habilidad para llegar su madurez requiere de una curva
de aprendizaje. Los primeros intentos no resultaron sino en problemas con sus
hermanos. “Atábamos gavillas en el campo, cuando mi gavilla súbitamente se
levantó erguida. Las gavillas de ustedes formaron un círculo alrededor de mi
gavilla, y se inclinaron ante ella” (Bereshit 37:7).
No es el sueño en sí,
que veremos en otra Parashá que fue cumplido, sino la forma de contarlo lo que
generó el problema con sus hermanos. Muchas veces nuestras intenciones son
buenas pero la forma de transmitirlas son desacertadas. Y sólo tomando lo que
podemos controlar. “Por causa de sus sueños y sus palabras, lo odiaron todavía
más.” (Bereshit 37:8)
El entorno, también
puede ser desfavorable, y al contrario no tenemos forma de manejarlo. “Israel amaba a Iosef
más que a cualquiera de sus otros hijos, puesto que él era el hijo de su vejez.
Le hizo [a Iosef] un largo abrigo de colores muy vivos.” (Beresiht 37:3).
Iosef podía haber controlado
sus palabras, pero no podía hacer nada sobre la preferencia que Yaakov tenía
sobre él. ¿Estaba bien que Yaakov tuviera preferencia por uno de sus hijos? ¿Y
encima demostrarlo como si no fuera foco de conflicto entre ellos?
Todo esto generó
resentimientos y los hermanos de Iosef “Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El
pozo estaba vacío; no había agua en él.” (Bereshit 37:24). Si el pozo
estaba vacío, ¿por qué el texto nos dice además que no había agua? Parece
redundante pero nos quiere remarcar que no había posibilidad de que Iosef
sobreviviera. Y a la larga, como dicen, la sangre tira. “Iehudá les dijo a sus
hermanos: “¿Qué ganaremos si matamos a nuestro hermano y cubrimos su sangre?”
(Bereshit 37:26).
Iosef es vendido a los egipcios, tomado
como esclavo por Potifar y acusado por la esposa de éste por acoso sexual.
Iosef vuelve a estar encerrado y analiza los sueños de otros dos prisioneros.
Pero volviendo un poco
atrás, si Iosef hubiera sido más astuto y medido sus palabras al contar el
primer sueño, ¿hubiera aplacado los celos de sus hermanos? ¿hubiera cambiado la
historia?
La respuesta nunca la
sabremos. Te invito a soñarla en comunidad este Shabat.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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