martes, 5 de diciembre de 2017

Vaieshev

Cuando Di-s nos da una habilidad o un don no nos entrega el manual del usuario del mismo. Y ese regalo divino no es sino un medio para llegar a un fin determinado. En otras palabras y bajando el ejemplo a un nivel más básico cuando somos pequeños y empezamos a dar nuestros primeros pasos nuestros padres suelen acompañarnos o bien dándonos la mano o poniendo objetos para poder agarrarnos de ellos. Al principio solemos caernos, pero luego aprendemos y seguimos. El medio es caminar y el fin en sí es poder desplazarnos por nuestros propios medios.

Iosef tenía un don: interpretar los sueños. Y como toda habilidad para llegar su madurez requiere de una curva de aprendizaje. Los primeros intentos no resultaron sino en problemas con sus hermanos. “Atábamos gavillas en el campo, cuando mi gavilla súbitamente se levantó erguida. Las gavillas de ustedes formaron un círculo alrededor de mi gavilla, y se inclinaron ante ella” (Bereshit 37:7).

No es el sueño en sí, que veremos en otra Parashá que fue cumplido, sino la forma de contarlo lo que generó el problema con sus hermanos. Muchas veces nuestras intenciones son buenas pero la forma de transmitirlas son desacertadas. Y sólo tomando lo que podemos controlar. “Por causa de sus sueños y sus palabras, lo odiaron todavía más.” (Bereshit 37:8)

El entorno, también puede ser desfavorable, y al contrario no tenemos forma de manejarlo. “Israel amaba a Iosef más que a cualquiera de sus otros hijos, puesto que él era el hijo de su vejez. Le hizo [a Iosef] un largo abrigo de colores muy vivos.” (Beresiht 37:3).

Iosef podía haber controlado sus palabras, pero no podía hacer nada sobre la preferencia que Yaakov tenía sobre él. ¿Estaba bien que Yaakov tuviera preferencia por uno de sus hijos? ¿Y encima demostrarlo como si no fuera foco de conflicto entre ellos?

Todo esto generó resentimientos y los hermanos de Iosef “Lo tomaron y lo echaron en el pozo. El pozo estaba vacío; no había agua en él.” (Bereshit 37:24). Si el pozo estaba vacío, ¿por qué el texto nos dice además que no había agua? Parece redundante pero nos quiere remarcar que no había posibilidad de que Iosef sobreviviera. Y a la larga, como dicen, la sangre tira. “Iehudá les dijo a sus hermanos: “¿Qué ganaremos si matamos a nuestro hermano y cubrimos su sangre?” (Bereshit 37:26).

Iosef es vendido a los egipcios, tomado como esclavo por Potifar y acusado por la esposa de éste por acoso sexual. Iosef vuelve a estar encerrado y analiza los sueños de otros dos prisioneros.

Pero volviendo un poco atrás, si Iosef hubiera sido más astuto y medido sus palabras al contar el primer sueño, ¿hubiera aplacado los celos de sus hermanos? ¿hubiera cambiado la historia?

La respuesta nunca la sabremos. Te invito a soñarla en comunidad este Shabat.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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