miércoles, 29 de julio de 2020

Vaetjanan 5780

“Sólo ustedes, los que permanecieron apegados a Dios su Señor, están todos vivos hoy” (Parashat Vaetjanan, Devarim 4:4).

El temor al peor enemigo del judaísmo se hace presente en estas palabras: la asimilación. Porque es un enemigo invisible que amenaza constantemente y muchas veces ciega nuestros ojos al punto de encerrarnos en nuestras costumbres y vivir en una burbuja dentro del mundo.

“Por consiguiente, no se corrompan y hagan una estatua que represente símbolo alguno. [No hagan] ninguna imagen masculina o femenina” (Parashat Vaetjanan, Devarim 4:16).

Una de las innovaciones del judaísmo fue la inmaterialidad del Creador. D´s no se ve ni se toca sino que se siente. La Shejiná (Presencia Divina) es impalpable. De esa manera se impedía tomar “prestados” de creencias preexistentes objetos que eran santificados como dioses con el fin de impedir que con el paso del tiempo se las adoren.

El judaísmo ha sobrevivido a los tiempos gracias a la premisa LeDor VaDor (de generación en generación). Nuestras costumbres y tradiciones se fueron pasando de padres a hijos desde Abraham Avinu. Es por eso que luego de afirmar nuestra fe en un D´s único: “Escucha, Israel, Dios es nuestro Señor, Dios es Uno” (Parashat Vaetjanan, Devarim 6:4), se nos dice “Enséñalas a tus hijos” (Parashat Vaetjanan, Devarim 6:7).

Sólo transmitiendo nuestras costumbres nos aseguramos que perduren en el tiempo. Si nos alejamos de las palabras de D´s no vamos a morir, lo que va a morir es el judaísmo. La asimilación es un hecho queramos o no reconocerlo. ¿Cuál es el límite entre adaptarnos a las costumbres de un lugar y dejar de lado todo lo nuestro? Es una línea tan delgada que sólo puede ser representada en nuestro corazón. Somos nosotros frente a D´s los que sabemos de qué lado de esa línea estamos.

No tememos como en el cristianismo interlocutores con D´s. Nosotros no vamos a confesarnos ante un sacerdote para que nos diga cuál es el castigo por violar la palabra divina. Nuestra confesión es directamente con D´s. Si lo hacemos estamos del lado que sólo nos adaptamos a las costumbres, sino directamente olvidamos a D´s.

No seamos tampoco ajenos a la realidad del mundo. No nos encerremos como hacen comunidades ultraortodoxas que por miedo no se relacionan. Abramos nuestras mentes. Conozcamos otras culturas. Aprendamos de ellas pero sin mover la brújula de nuestro judaísmo.

El Estado de Israel nos brinda protección y ayuda como judíos por fuera pero somos nosotros quienes tenemos que protegernos por dentro.

Conversemos con nuestros hijos no sólo de las amenazas externas como ser el odio y la intolerancia manifestados como antisemitismo y/o antisionismo. Hablémosle clara y concisamente de que el enemigo interno, la asimilación, puede hacer mucho más daño que una amenaza externa.

En el Shemá Israel nos cubrimos los ojos pero abrimos el corazón. Ese mismo corazón que nos mantiene del lado de esa línea que nunca deberíamos cruzar.

De generación en generación seguiremos transmitiendo nuestras costumbres. Que el famoso quinto hijo de la Hagadá de Pesaj sea sólo una suposición extrema y no una verdad irreversible.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein


martes, 21 de julio de 2020

Devarim 5780


Devarim, Palabras, el último libro de la Torá. Un libro que ya desde su narrativa nos hace preguntar si pertenece a la época en la que fueran escritos los otros cuatro libros. O, ¿acaso importa? Importaría para una persona agnóstica para defenestrar la materialidad divina de la narrativa. Para quienes somos creyentes es una constante tensión entra la posibilidad que haya sido redactado posteriormente a la muerte de Moshé o haya sido el propio Moshé el que lo hizo antes de morir.

En este relato vemos una transformación asombrosa. La persona que dijo “No tengo confianza en mí mismo cuando hablo” (Parashat Vaerá, Shemot 6:12), termina dando un discurso sin temores y con un mensaje directo.

Si tenemos fe en D´s Todopoderoso vamos a poder cumplir con lo que nos propongamos siempre dentro de los límites de la moral y la legalidad. Esto contrasta con el superhombre de Nietzche, quien se libera de toda doctrina y sustituye a dios por el mismo humano. El único punto de comparación de ambos conceptos es la capacidad de superarse constantemente.

La repetición de la mayoría de las mitzvot no es un hecho al azar. El Pueblo que la escucha, a excepción de unos pocos, no es el mismo que recibió la Torá en Ar Sinai. Y asimismo vamos a ver pequeñas modificaciones dentro de los Diez Mandamientos que nos van a enseñar que una ley no debe ser rígida sino adaptarse a los tiempos.

El judaísmo basó la Halajá en el temor de caer en la tentación de los dioses paganos. No hagas tal cosa porque podrías llegar a hacer esta otra y quebrantarías una mitzvá.

El miedo siempre nos invadió desde las raíces. Moshé narra el episodio de los espías haciendo hincapié en que murieron todos los que desafiaron a D´s. Ahora pregunto, ¿está mal hacerlo? ¿Repetimos como máquinas las mitzvot o comprendemos su significado? El segundo párrafo posterior al Shemá Israel nos dice “si no cumplieras con…”

Nos dan miedo en vez de darnos certezas. Si cumplimos las mitzvot vamos a ser seguramente mejores personas pero no vamos a ser las peores si no lo hacemos.

Moshé al principio tuvo miedo. Todos tenemos miedo antes de emprender un gran proyecto. D´s no nos habla como hace con Moshé sino que nos manda señales. Cuando tengas dudas busca a una persona en quien confíes y pregúntale qué le parece. La falta de confianza en uno mismo puede ser revertida con un consejo alentador o transformada en miedo al fracaso si permanecemos en silencio.

Escuchemos bien las palabras que nos dicen. No tengamos miedo de fracasar ni de caer en tentaciones extrañas. Si la semilla está bien sembrada el árbol crecerá derecho.

Vivamos cada día como si diéramos un discurso ante miles y miles de personas. Imaginemos sus reacciones. Sintamos su clamor ante cada palabra dicha. Todos tenemos una caminata en el desierto en nuestras espaldas que nos llevó a donde estamos.

Demos el paso que nos falta para entrar a nuestra Tierra Prometida.

Shabbat Shalom

Lucas Fisbein