Devarim, Palabras, el último libro de la Torá. Un libro que ya
desde su narrativa nos hace preguntar si pertenece a la época en la que fueran escritos
los otros cuatro libros. O, ¿acaso importa? Importaría para una persona
agnóstica para defenestrar la materialidad divina de la narrativa. Para quienes
somos creyentes es una constante tensión entra la posibilidad que haya sido
redactado posteriormente a la muerte de Moshé o haya sido el propio Moshé el
que lo hizo antes de morir.
En este relato vemos una transformación asombrosa. La persona que
dijo “No tengo confianza en mí mismo cuando hablo”
(Parashat Vaerá, Shemot 6:12), termina dando un discurso sin temores y con un
mensaje directo.
Si
tenemos fe en D´s Todopoderoso vamos a poder cumplir con lo que nos propongamos
siempre dentro de los límites de la moral y la legalidad. Esto contrasta con el
superhombre de Nietzche, quien se libera de toda doctrina y sustituye a dios
por el mismo humano. El único punto de comparación de ambos conceptos es la
capacidad de superarse constantemente.
La
repetición de la mayoría de las mitzvot no es un hecho al azar. El Pueblo que
la escucha, a excepción de unos pocos, no es el mismo que recibió la Torá en Ar
Sinai. Y asimismo vamos a ver pequeñas modificaciones dentro de los Diez
Mandamientos que nos van a enseñar que una ley no debe ser rígida sino adaptarse
a los tiempos.
El
judaísmo basó la Halajá en el temor de caer en la tentación de los dioses
paganos. No hagas tal cosa porque podrías llegar a hacer esta otra y
quebrantarías una mitzvá.
El
miedo siempre nos invadió desde las raíces. Moshé narra el episodio de los
espías haciendo hincapié en que murieron todos los que desafiaron a D´s. Ahora
pregunto, ¿está mal hacerlo? ¿Repetimos como máquinas las mitzvot o
comprendemos su significado? El segundo párrafo posterior al Shemá Israel nos
dice “si no cumplieras con…”
Nos
dan miedo en vez de darnos certezas. Si cumplimos las mitzvot vamos a ser
seguramente mejores personas pero no vamos a ser las peores si no lo hacemos.
Moshé
al principio tuvo miedo. Todos tenemos miedo antes de emprender un gran proyecto.
D´s no nos habla como hace con Moshé sino que nos manda señales. Cuando tengas
dudas busca a una persona en quien confíes y pregúntale qué le parece. La falta
de confianza en uno mismo puede ser revertida con un consejo alentador o
transformada en miedo al fracaso si permanecemos en silencio.
Escuchemos
bien las palabras que nos dicen. No tengamos miedo de fracasar ni de caer en tentaciones
extrañas. Si la semilla está bien sembrada el árbol crecerá derecho.
Vivamos
cada día como si diéramos un discurso ante miles y miles de personas. Imaginemos
sus reacciones. Sintamos su clamor ante cada palabra dicha. Todos tenemos una
caminata en el desierto en nuestras espaldas que nos llevó a donde estamos.
Demos
el paso que nos falta para entrar a nuestra Tierra Prometida.
Shabbat
Shalom
Lucas
Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario