miércoles, 14 de enero de 2015

Vaerá

La persuasión es una estrategia de resolución de problemas que confía en “peticiones” más que en la coacción.

En la Parashá anterior vemos como Dios persuade a Moshé ante su negativa de liderar al Pueblo de Israel por sus dificultades al hablar. Dios lo persuade: “¿Quién le dio boca al hombre? –replicó Dios–. ¿Quién hace a una persona muda o sorda? ¿Quién le da a una persona la vista o la hace ciega? ¿Acaso no soy Yo, Dios?”.

En la Parashá de esta semana Dios, a través de Moshé, intenta persuadir a Paró con una frase “Deja salir a mi Pueblo”.

Paró, quien se consideraba a sí mismo como un dios, se opuso rotundamente negando conocer siquiera la existencia de Dios.

Acá es donde Dios se propone endurecer el corazón del Faraón enviando las 10 plagas que culminarán con el Éxodo.

Para Dios hubiera sido más fácil destruir directamente todo Mitzraim y liberar al Pueblo de Israel. Pero lo hace de esta manera por dos motivos:

El primero es permitirle a Paró hacer uso del libre albedrío al dejarlo creer o no en Su existencia. Ya después de la plaga de los piojos los sabios egipcios reconocieron Su grandeza, “es el dedo de Dios”, pero aún Paró continuaba con su corazón endurecido.

El segundo fue mostrarse ante todo el Pueblo de Israel. Es a partir del Éxodo que deja de ser el Dios de Abraham para ser el Dios de Israel. Todos apreciaron su magnificencia.

Tratemos siempre de ser persuasivos porque la coacción trae más violencia. La persuasión, aunque genere reacciones adversas al principio, al final termina conduciéndonos hacia la libertad.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

miércoles, 7 de enero de 2015

Shemot

Es interesante como se presenta Dios ante Moshé cuando le pregunta su nombre. “Ihiyé Asher Ihiyé”. “Seré el que seré”. Y entonces tenemos que entender que significa ser.
Nada mejor que Shakespeare en su obra Hamlet cuando nos dice “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

Ser significa aceptar a Dios tal cual es: omnipresente. No lo vemos pero lo sentimos; si creemos en Él nunca nos deja solos; si transitamos sus sendas nos guiará por el buen camino.

No ser significa ser idólatra. Necesitar palpar algo tangible para reconocer la presencia divina.

Esa es la cuestión. Elegir de qué lado de la “o” estamos.

Dios no se presenta con un nombre propio. Dios le da a Moshé el concepto de su eternidad. “Seré el que seré”. Por siempre “seré el que seré”.

Recordemos que en Mitzraim el Faraón, que tenía nombre y era palpable, era considerado un dios.

Dios intenta hablarle a Moshé usando palabras que fueran fáciles de entender y de transmitir. Si debía liderar el éxodo siguiendo las instrucciones del Creador tenía que poder transmitir lo que sentía.

Recién en Matán Torá, Dios revela uno de sus nombres en el Primer Mandamiento. Sólo cuando el Pueblo de Israel, el que estaba y el que será, se unió espiritualmente, pudimos escucharlo.

Nosotros pasamos por este mundo, Dios permanece por siempre. Mientras estamos acá recordemos la Su presencia y santifiquemos su nombre. Un nombre que fue presentado “Ihiyé Asher Ihiyé”.

Recordemos que siempre ser es mejor que no ser.

La cuestión es saberlo.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein