Es interesante como se
presenta Dios ante Moshé cuando le pregunta su nombre. “Ihiyé Asher Ihiyé”. “Seré
el que seré”. Y entonces tenemos que entender que significa ser.
Nada mejor que Shakespeare
en su obra Hamlet cuando nos dice “Ser o no ser, esa es la cuestión”.
Ser significa aceptar a Dios
tal cual es: omnipresente. No lo vemos pero lo sentimos; si creemos en Él nunca
nos deja solos; si transitamos sus sendas nos guiará por el buen camino.
No ser significa ser
idólatra. Necesitar palpar algo tangible para reconocer la presencia divina.
Esa es la cuestión. Elegir
de qué lado de la “o” estamos.
Dios no se presenta con un
nombre propio. Dios le da a Moshé el concepto de su eternidad. “Seré el que
seré”. Por siempre “seré el que seré”.
Recordemos que en Mitzraim
el Faraón, que tenía nombre y era palpable, era considerado un dios.
Dios intenta hablarle a
Moshé usando palabras que fueran fáciles de entender y de transmitir. Si debía
liderar el éxodo siguiendo las instrucciones del Creador tenía que poder
transmitir lo que sentía.
Recién en Matán Torá, Dios
revela uno de sus nombres en el Primer Mandamiento. Sólo cuando el Pueblo de
Israel, el que estaba y el que será,
se unió espiritualmente, pudimos escucharlo.
Nosotros pasamos por este
mundo, Dios permanece por siempre. Mientras estamos acá recordemos la Su presencia
y santifiquemos su nombre. Un nombre que fue presentado “Ihiyé Asher Ihiyé”.
Recordemos que siempre ser
es mejor que no ser.
La cuestión es saberlo.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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