miércoles, 7 de enero de 2015

Shemot

Es interesante como se presenta Dios ante Moshé cuando le pregunta su nombre. “Ihiyé Asher Ihiyé”. “Seré el que seré”. Y entonces tenemos que entender que significa ser.
Nada mejor que Shakespeare en su obra Hamlet cuando nos dice “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

Ser significa aceptar a Dios tal cual es: omnipresente. No lo vemos pero lo sentimos; si creemos en Él nunca nos deja solos; si transitamos sus sendas nos guiará por el buen camino.

No ser significa ser idólatra. Necesitar palpar algo tangible para reconocer la presencia divina.

Esa es la cuestión. Elegir de qué lado de la “o” estamos.

Dios no se presenta con un nombre propio. Dios le da a Moshé el concepto de su eternidad. “Seré el que seré”. Por siempre “seré el que seré”.

Recordemos que en Mitzraim el Faraón, que tenía nombre y era palpable, era considerado un dios.

Dios intenta hablarle a Moshé usando palabras que fueran fáciles de entender y de transmitir. Si debía liderar el éxodo siguiendo las instrucciones del Creador tenía que poder transmitir lo que sentía.

Recién en Matán Torá, Dios revela uno de sus nombres en el Primer Mandamiento. Sólo cuando el Pueblo de Israel, el que estaba y el que será, se unió espiritualmente, pudimos escucharlo.

Nosotros pasamos por este mundo, Dios permanece por siempre. Mientras estamos acá recordemos la Su presencia y santifiquemos su nombre. Un nombre que fue presentado “Ihiyé Asher Ihiyé”.

Recordemos que siempre ser es mejor que no ser.

La cuestión es saberlo.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

No hay comentarios:

Publicar un comentario