José Hernández en clara
alusión, y por qué no plagio, al Mizmor 133, nos dice en su obra Martín Fierro “Los
hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera (…) porque si entre ellos pelean,
los devoran los de afuera”.
Efraim y Menashé fueron los
primeros hermanos en nuestra historia en no pelear. No se conocen conflictos
entre ellos como si los hubo entre Itzjak e Ishmael; Yaakov y Esav; y Yosef y
el resto.
A raíz de esas pelas fueron “devorados
por los de afuera”. En este caso representados por la asimilación y el no
cumplimiento de las mitzvot.
Efraim y Menashé nacieron en
una tierra extraña, con otra cultura y sin embargo mantuvieron firmes sus
raíces.
Si la semilla es buena, y
quien la cultiva sabe cómo hacerlo, el fruto saldrá a pesar de las adversidades.
También el ser humano es el único
ser que reconoce a más de una generación. Los animales no saben los que es
tener nietos. Nosotros sí. Nuestros nietos son la prolongación no sólo de
nuestras vidas sino la de nuestros hijos también.
Yaakov por eso bendice
también a sus nietos e invierte el orden entre ellos. No importaba. No había
conflicto.
Todos queremos siempre que
nuestros hijos no peleen para no ser “devorados por los de afuera” y que sean
siempre felices.
Que seamos como Efraim y
Menashé, no sólo con nuestros hermanos sanguíneos, sino con todo el Pueblo de
Israel y si no es mucho pedir, también con toda la humanidad.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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