Para Sigmund Freud los
sueños son formas de cumplimiento del deseo, es decir, tentativas del inconsciente
para resolver un conflicto de alguna clase, ya sea de algo reciente o algo
procedente de lo más hondo del pasado.
Esta descripción podría
ser aceptada por cualquier persona que no leyó esta Parashá. La Parashá de los
sueños de Yosef.
El primer sueños que Yosef
le cuenta a sus hermanos es sobre las gavillas que se inclinan ante la gavilla
de él. Sus hermanos ya sentían celos de él porque Yaakov le había regalado un
abrigo de colores muy vivos, mucho más vistoso que el de sus hermanos. A partir
de entonces, los otros once empezaron a planear hacerle algún daño a su hermano.
En el segundo sueño el
sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él.
Imagínense la ira que
generó este sueño y sumémosle que Yaakov le había pedido que traiga un reporte
de cómo le iba a sus hermanos.
Los hermanos idearon un
plan para deshacerse del “soñador” y lo emboscaron y lo arrojaron a un pozo vacío
sin agua. Acá lo que resulta llamativo es que el pozo estaba vacío
y no era necesario mencionar que no tenía agua. Parece una redundancia. Lo que
el texto nos quiere decir es que no había posibilidad de vivir. Sin agua no
podemos estar.
Yosef fue vendido y en
última instancia llegó a Egipto. Ahí logró prestigio en la casa de Potifar,
donde era esclavo y llegó a manejarle todo. O casi todo. Lo que no pudo manejar
fue a la esposa de Potifar quien acusó a Yosef de querer propasarse con ella.
Yosef es enviado a la
prisión y comparte celda con el copero y el panadero del Faraón. Yosef les interpreta los sueños indicándole al
copero que en tres días volvería a su trabajo y el panadero sería colgado.
Los sueños de Yosef fueron
proféticos. Los nuestros no lo son. No nos dejemos llevar por nuestros sueños.
Vivamos el presente con los ojos bien abiertos.
Shabat Shalom
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