martes, 2 de diciembre de 2014

Vaishlaj

Yaakov retorna y debe enfrentar la furia de su hermano. Para lograrlo idea una téctica militar similar a la que Sun Tzu escribiría en El Arte de la Guerra mucho tiempo después.

Yaakov divide su campamento. Si Esav decidía atacar uno, el otro subsistiría. Además a todos sus emisarios les dio la orden de decir que “su siervo” Yaakov estaba detrás.

Es entonces cuando queda solo que tiene la lucha con el ángel y recibe el nombre de Israel. Con ese nombre se cierra el ciclo espiritual. A partir de este momento Yaakov podía decir que tenía todo.

Llega entonces el momento de enfrentar a su hermano. Quien había “peleado con Dios” debía pasar la prueba de “pelear contra su propia sangre”.

Esav le dice a Yaakov: “Tengo mucho hermano mío. Que lo tuyo siga siendo tuyo”. Pero, ¿qué es tener mucho? ¿Es tener suficientes cosas materiales para satisfacernos durante el día? ¿es tener nuestra billetera llena para comprarnos todo lo que queremos? ¿es acaso la capacidad de poner obtener todo lo material que querramos? Libros, amigos y posesiones se pueden comprar. Sabiduría, amistad y fe en Dios no son mensurables en dinero.

Yaakov sabiamente responde “Dios ha sido benevolente conmigo, y tengo todo”.  Tener todo es semejante a decir soy un ser rico espiritualmente porque materialmente estoy satisfecho.

Si tengo mucho voy siempre a querer más. Si tengo todo, ¿qué más puedo pedir? Tengo lo que necesito.

De acuerdo al Midrash cuando los dos hermanos se besaron, Esav quiso morder a Yaakov y Dios convirtió el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces se rompió los dientes.

Este Midrash nos enseña que cuando intentamos sobreponer lo material a lo espiritual, porque seamos sinceros, necesitamos de las dos cosas, nuestro mundo material tiende a romperse como los dientes de Esav.

Tenemos que lograr un equilibrio para ser como Yaakov. Él tenía todo lo que quería materialmente pero estaba unos cuantos pasos más adelante que su hermano en reconocer lo que no se compra con dinero: familia y amor a Dios, que para él eran los valores más importantes.

Hagamos un balance de nuestra vida y preguntémonos qué tenemos. Si tenemos mucho, pensemos qué nos falta para poder decir que tenemos todo. Y si sentimos que tenemos todo agradezcámosle a Dios por hacernos semajantes a Yaakov. Él fue el padre de las Doce Tribus. Nosotros, de nuestro futuro.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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