Yaakov retorna y debe
enfrentar la furia de su hermano. Para lograrlo idea una téctica militar
similar a la que Sun Tzu escribiría en El Arte de la Guerra mucho tiempo
después.
Yaakov divide su
campamento. Si Esav decidía atacar uno, el otro subsistiría. Además a todos sus
emisarios les dio la orden de decir que “su siervo” Yaakov estaba detrás.
Es entonces cuando
queda solo que tiene la lucha con el ángel y recibe el nombre de Israel. Con
ese nombre se cierra el ciclo espiritual. A partir de este momento Yaakov podía
decir que tenía todo.
Llega entonces el
momento de enfrentar a su hermano. Quien había “peleado con Dios” debía pasar
la prueba de “pelear contra su propia sangre”.
Esav le dice a
Yaakov: “Tengo mucho hermano mío. Que lo tuyo siga siendo tuyo”. Pero, ¿qué es
tener mucho? ¿Es tener suficientes cosas materiales para satisfacernos durante
el día? ¿es tener nuestra billetera llena para comprarnos todo lo que queremos?
¿es acaso la capacidad de poner obtener todo lo material que querramos? Libros,
amigos y posesiones se pueden comprar. Sabiduría, amistad y fe en Dios no son
mensurables en dinero.
Yaakov sabiamente responde
“Dios ha sido benevolente conmigo, y tengo todo”. Tener todo es semejante
a decir soy un ser rico espiritualmente porque materialmente estoy satisfecho.
Si tengo mucho voy
siempre a querer más. Si tengo todo, ¿qué más puedo pedir? Tengo lo que
necesito.
De acuerdo al Midrash
cuando los dos hermanos se besaron, Esav quiso morder a Yaakov y Dios convirtió
el cuello de Yaakov en mármol. Esav entonces se rompió los dientes.
Este Midrash nos
enseña que cuando intentamos sobreponer lo material a lo espiritual, porque
seamos sinceros, necesitamos de las dos cosas, nuestro mundo material tiende a
romperse como los dientes de Esav.
Tenemos que lograr un
equilibrio para ser como Yaakov. Él tenía todo lo que quería materialmente pero
estaba unos cuantos pasos más adelante que su hermano en reconocer lo que no se
compra con dinero: familia y amor a Dios, que para él eran los valores más
importantes.
Hagamos un balance de
nuestra vida y preguntémonos qué tenemos. Si tenemos mucho, pensemos qué nos
falta para poder decir que tenemos todo. Y si sentimos que tenemos todo
agradezcámosle a Dios por hacernos semajantes a Yaakov. Él fue el padre de las
Doce Tribus. Nosotros, de nuestro futuro.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
No hay comentarios:
Publicar un comentario