miércoles, 19 de febrero de 2014

Vaiakel


Si bien está expresamente prohibido encender el fuego en cualquiera de nuestras moradas en el día de Shabat hay un fuego que debe permanecer encendido y su llama tener un poder infinitamente superior al de otros días.
Es el fuego de nuestra fé en Dios.

Durante seis días trabajamos arduamente, cumplimos nuestras rutinas pero en Shabat no está prohibido realizar melajot. ¿Por qué no podemos realizar actividades de creación o modificación de cosas?

En primer lugar Dios creó el mundo el seis días y el séptimo descansó. Por consiguiente para recordar y honrar la Creación debemos respetar el Shabat.

En segundo lugar recordemos que el Shabat es el momento en el cual nos acercamos a Dios sea mediante la lectura de la Torá, la cena de Shabat, el tiempo que uno puede pasar con la familia.

Ese es el fuego de nuestra fé en Dios.

Además recordemos que fue con fuego como se fundió el oro para construir el becerro de oro. Dos melajot prohibidas: hacer fuego y construir.

Dios ante la debilidad permanente del hombre en poder quebrar su fe en Él prohíbe expresamente estas actividades pero deja permitido el fuego interior de nuestra fé.

Dios nos dice “Veshamru benei Israel et haShabat” Nos pide que observemos el Shabat. Que interpretemos el significado del Shabat. Que nos reunamos para celebrarlo.

Esta parasha se llama Vaiakel que significar reunir.

Si nos pudiéramos reunir todos para santificar el Shabat el fuego interior de nuestra fe inquebrantable en Dios arderá con más fuerza.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 11 de febrero de 2014

Ki Tisá

Antoine de Saint-Exupéry escribió en El Principito que lo esencial es invisible a los ojos. Para el Pueblo de Israel luego de la experiencia en el Sinaí pareciera que no.

Habían sido liberados del Egipto luego de diez plagas, cruzado a través del Iam Suf liderados por Moshé y aún así necesitaban un objeto para adorar en nombre de Dios.

De acuerdo al Midrash, Datam y Aviran junto con los Erev Rav fueron quienes avivaron la llama del fuego de la desesperación en el seno de pueblo. Moshé había desaparecido más de cuarenta días (en realidad contaron mal) y el ser humano ante una necesidad imperiosa busca aferrarse a algo. Ese algo fue el becerro de oro.

¿Por qué Aaron, el Cohen Hagadol fue quien lo construyó? Para ganar tiempo. Sabía que Moshé regresaría y las cosas volverían a encausarse. Él nunca vio al becerro de oro como un Dios sino que cuando terminó de construirlo proclamó que habría fiesta para Dios.

El Pueblo al contrario se volcó hacia la idolatría cuando proclamo ante el becerro “Este Israel, es tu dios, que te sacó de Egipto”.

Moshé cuando desciende del monte con la tablas y ve semejante burla a los mandamientos de Dios rompe las Tablas porque un pueblo corrompido por la idolatría no era merecedor de las leyes divinas.

¿Pero por qué semejante ira ante tan pocos que fueron provocadores de este hecho? Hay un concepto que tenemos que tener siempre presente: “kol Israel arevim ze laze”. Cada uno de nosotros es responsable por el otro. Si el becerro fue construido significa que no fue prohibido por consiguiente consciente o inconscientemente, salvo la tribu de Levi, todos estuvieron de acuerdo.

Recordemos que Dios está en todos lados y en todo lugar. No lo vemos pero sentimos su presencia. Recordémoslo para no caer en la tentación de los miles de becerros de oro que nos rodean día a día.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

martes, 4 de febrero de 2014

Tetzavé

Llama la atención que luego de su nacimiento Moshé no sea mencionado únicamente en esta Parashá. Para que este extraño acontecimiento haya sucedido tuvieron que ocurrir dos hechos puntuales.

En primer instancia Moshé le dice a Dios que borre su nombre de la Torá si no perdona al pueblo por el pecado del becerro de oro.

Y en segundo lugar Moshé no era Cohen Hagadol sino su hermano y en una Parasha donde se mencionan las vestimentas del Sumo Sacerdote es entendible que su nombre no aparezca.
Moshé es “advertido” por Dios en esta Parasha y su nombre no aparece porque es reincidente en el desafío al Eterno.

El primer “desobedecimiento” se da cuando le pide a Dios que envie a otra persona para liberar al Pueblo de Israel. Con este acto le quita el futuro título de Cohen Hagadol.

Luego del pecado va más allá diciendo que no quiere aparecer en la Tora si el pueblo no es perdonado. En este caso ya es castigado sacándolo de esta Parasha.

Veremos más adelante que por desobedecer otra orden de Dios directamente no entra a la Tierra de Israel.

Por eso debemos ser cautos de los que Dios nos pide, por más difícil que sea, ya que si bien no seremos borrados de los libros de la Tora, podemos perdernos algún capítulo de libro de la vida.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein