martes, 30 de octubre de 2018

Jaiei Sara 5779


Las Resoluciones 28 y 29 de la UNESCO declaran a la Tumba de los Patriarcas en Hebrón como parte integral del territorio palestino ocupado.

Quienes votaron a favor de estas resoluciones seguramente no leyeron el texto de esta semana.

Sara murió en Kiriat Arbá, también conocida como Hebrón” (Jaiei Sara 23:2)

Abraham para enterrar a su mujer en dicho lugar le habló a los hijos de Jet: “Véndanme una propiedad para un lugar de sepultura con ustedes de modo que pueda yo enterrar a mi muerto, [y no tenerla aquí] justo delante de mí” (Jaiei Sara 23:4)

Según la Real Academia Española vender significa “traspasar a alguien por el precio convenido la propiedad de lo que se posee”.

En primer lugar, Abraham le paga a Efrón 400 shekels de plata, un valor irrisorio y altamente desproporcionado en función a lo que valía.

En segundo lugar, y para que no queden dudas, Abraham “Pesó para Efrón la plata que había sido mencionada en presencia de los hijos de Jet” (Jaiei Sara 23:16). Y “Fue la compra de Avraham con todos los hijos de Jet que vinieron a la puerta de la ciudad como testigos presenciales” (Jaiei Sara 23:18)

También el precio, aunque exorbitante tiene una explicación. El número 400 puede descomponerse en 8 veces 50. 8 es el número que sigue a los días de la semana y 50 al número de años tras el cual hay que devolver la tierra a su propietario inicial. El numero 400 vienen a simbolizar lo que viene más allá de nuestro tiempo en esta vida.

Es decir, el derecho a la tierra más allá de todo tiempo. Un derecho eterno como propiedad del Pueblo de Israel.

Un derecho que, aunque un organismo internacional busque deslegitimar, la palabra de D´s está por encima de todo.

Sara fue enterrada ahí, terminando una vida mortal que se replicó en muchas. La Sara que vivió con Abraham, la Sara que río cuando le dijeron que quedaría embarazada, la Sara que proyectó su ejemplo en Rivka, la Sara que sufrió por la Akedat Itzjak pero por sobre todas las cosas la Sara que nos enseñó la bondad.

Nuestro paso por esta vida es limitado. Vivamos cada día como si fuera el último y agradezcámosle a D´s como si fuera el primero. Venimos a este mundo desprovistos de todo y nos vamos de la misma forma. Sólo quedamos como recuerdos, de las páginas que escribimos en nuestro libro de la vida.

Y aunque un puñado de mortales trate de tergiversarlas, recordemos siempre que nosotros también vivimos más de una vida.

D´s así lo quiere.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 22 de octubre de 2018

Vaierá 5779


Cada vez que leo sobre la Akedat Itzjak me pregunto si realmente estaba en la decisión de D´s que Abraham sacrificara a su hijo. Y akedat muchas veces es mal traducido como sacrificio cuando en realidad es atadura.

Y si bien nosotros no atamos a nuestros hijos ni los sacrificamos textualmente hablando, ¿cuántas veces con nuestras actitudes estamos privándoles de su futuro? ¿Cuán egoístas somos para no ver a través de sus ojos?

Vivimos en un mundo competitivo donde lo material domina nuestros impulsos y nos lleva a querer cada día más. ¿Para qué? ¿Acaso llevamos las riquezas bajo tierra? ¿O somos tan poco inteligentes que decimos que es para nuestros hijos? ¿Subestimamos así su capacidad para que logren sus objetivos?

Les damos todos los gustos, los llenamos de tecnología, tablets, computadoras, smartphones. Todo para que ellos estén ocupados en un mundo virtual porque en el real no les damos cabida.

“Itzjak le habló a Abraham. “Padre”” (Vaierá 22:7). Una sola palabra. Un llamado a su progenitor. Una búsqueda de respuestas ante una situación que lo incomodaba.

Ahora bien, ¿qué hacemos nosotros cuando nuestros hijos vienen a preguntarnos algo? ¿Dejamos de hacer lo que estamos haciendo y prestamos atención a lo que ellos nos demandan? No seamos hipócritas de decir sí de una sólo para quedar bien con el resto de la gente. Pongámonos una mano en el corazón y seamos sinceros. “Ahora no puedo”, “estoy ocupado”, y tantas otras frases son las que en la mayoría de los casos respondemos sin siquiera mirarlos.

“Heme aquí, hijo mío” (Vaierá 22:7).

Nada más que decir. Con esas palabras Abraham nos enseña cómo debemos ser con nuestros hijos. ¿Somos padres presentes? ¿Estamos para prestarle atención?

Si la respuesta es negativa, en cierta forma los estamos matando. Estamos matando su nexo con nosotros, estamos atándolos a una línea de conducta. Aunque no siempre sea visible nuestros hijos siguen nuestros ejemplos.

Abraham tuvo un ángel que lo detuvo. Nosotros no.

Sin darnos cuenta estamos sacrificando a nuestros hijos. La atadura es invisible, pero duele.

Porque una vez que el daño está hecho es irreversible.

Sin diálogo no se pueden forjar relaciones duraderas. Y ese diálogo tiene que ser presencial. La tecnología es buena, pero en exceso provoca mucho daño. Un abrazo no puede ser reemplazado por un emoji.

Cuando se rompe el vínculo es muy difícil que pueda recomponerse.

Entonces estemos cuando nos lo piden porque en el futuro cuando queramos estar seguramente será demasiado tarde.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

martes, 16 de octubre de 2018

Lej Leja 5779


Cuando entró a su negocio y vio todo revuelto y toda la mercadería destruida, Teraj pensó que también algo malo le pasó a su hijo Avram. Grande debe haber sido su sorpresa cuando lo vio tranquilo jugando con un ídolo tallado en madera, el único que no había sido destruido. Avram le dijo a su padre más o menos lo siguiente: “Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero en recibirla. El grande recibió insultos y entonces tomó un hacha y rompió todos los otros”. Lo anterior fue sacado de un Midrash y nos explica la manera de pensar de nuestro patriarca.

Otro Midrash nos cuenta que una señora entró a la tienda y le pidió a Avram un ídolo. Avram hábilmente le pregunta la edad. La mujer se sonroja un poco y le dice cuántos años tiene. Avram entonces refuta diciendo “usted va a adorar a un ídolo que tiene sólo un par de días mientras que usted es mucho mayor”.

Vemos como Avram comprendía, ya desde chico, que a D´s no se lo palpa, sino que se lo siente. Que es inmaterial a nuestros sentidos, pero material a nuestro corazón.

Y esto me recuerda una historia en donde un joven desconsolado por no poder encontrar a D´s acude al rabino de su comunidad quejándose porque no puede conectarse con algo que no ve ni toca. El rabino le pide que cierre los ojos y luego le da una cachetada. Ante la queja el rabino le pregunta por qué se quejaba ante él si no pudo ver que fue él quien lo abofeteó. El joven respondió “Porque lo sentí”. El rabino concluyó diciendo “Así es con D´s. No sabemos dónde está ni cómo es, pero lo sentimos”.

Y D´s entonces le pide a Avram dos sacrificios: uno espiritual y otro físico.

El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre” (Lej Lejá 12:1)

Pero no parte solo, “tomó a su mujer Sarai, a su sobrino Lot y todas las pertenencias de ellos, así como también a las personas que habían reunido, y salieron, dirigiéndose hacia Cnáan” (Lej Lejá 12:5).

Salen hacia la tierra que D´s dictaminó que nos pertenece. “A ti y a tu descendencia daré la tierra donde ahora vives como extranjero. Toda la tierra de Cnáan será [tu] herencia eterna, y Yo seré un Dios para [tus descendientes]” (Lej Lejá 17:8).

La descendencia de Avram está determinada por los hijos que tuvo con dos mujeres distintas y ya desde su concepción vemos la diferencia.

La gestación de Ishmael se dio por pedido de Sara “D´s me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella.”  (Lej Lejá 16:2) y “Avram vino a ella (Hagar), y ella concibió” (Lej Lejá 16:4). Fue una gestación natural como la de cualquier ser humano.

Las leyes naturales son nuestra forma de interpretación lógica y racional de la voluntad divina. Si la concepción desde un punto de vista natural es la unión de un espermatozoide y un óvulo, desde el punto de vista de espiritual es cómo se crea vida a través de esa unión.
Estas leyes nos enseñan las consecuencias mientras que si buscamos entender la voluntad de D´s nunca podremos responder el cómo. ¿Cómo a partir de esa unión de forma un embrión?

Itzjak, en cambio, fue concebido por la voluntad de D´s. “Yo la bendeciré (a Sara), y haré que te dé un hijo” (Lej Lejá 17:16).

Si bien todas las gestaciones son por voluntad de Dios en el caso de Ishmael se antepuso el hombre mientras que en el de Itzjak fue D´s antes quien tomó la decisión.

Entonces tenemos dos hijos. Ishmael que será quien para los musulmanes es ascendiente de Mohamed (Mahoma) e Itzjak quien fuera uno de nuestros patriarcas. Una tierra para dos descendencias. Un problema que se traslada a la actualidad.

D´s, que nada deja librado al azar, previno esta situación, dice “Guardaré Mi pacto con él [Itzjak] como un tratado eterno, para sus descendientes después de él.” (Lej Lejá 17:19). Eretz Cnáan (actualmente Israel) es nuestra aunque la UNESCO quiera darle vueltas al tema.

El segundo sacrificio que se menciona, es el físico: el Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro. Algunos desconocedores de nuestra tradición hablan horrorizados de que esta mitzvá es una mutilación de nuestro cuerpo. Nada más lejos de eso. Para que sea una mutilación deberíamos sentir la ausencia de un miembro y sufrir por ello toda la vida.

“Haré un pacto entre nosotros, y acrecentaré mucho tus números”. (Lej Lejá 17:2). “Ya no se te llamará Avram. Tu nombre será Abraham, puesto que te he establecido como el padre de una multitud de naciones.” (Lej Lejá 17:5)

“En todas las generaciones, todo varón será circuncidado cuando tenga ocho días de nacido. [Esto incluirá] a los nacidos en la casa, así como también [esclavos] comprados con dinero a un extraño, que no es tu descendiente.” (Lej Lejá 17:12)

¿Por qué ocho días? Porque D´s creó el mundo en 6 días y el 7mo descansó. Es decir que el 8vo día simboliza la espiritualidad que está más allá de la Creación y de este mundo.

Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que D´s nos rescató de la esclavitud de Egipto.

Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.

Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente D´s no le hubiera enseñado el Brit Milá.

Con todos los contratiempos, con todas las veces que dudamos de su existencia, D´s siempre está para guiarnos. Aunque no lo podamos ver, aunque su presencia pase desapercibida, siempre está para nosotros. Él es único como nuestra vida misma. Y si por algún motivo olvidamos su presencia, nos da una cachetada como hizo el rabino de la historia.

Como dice El Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”. Y agreguemos “pero no lo es para el corazón”

A D´s no lo vemos, pero lo amamos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 8 de octubre de 2018

Noaj 5779


Todos conocemos de alguna u otra manera la historia de Noaj. Nos fascina como sobrevivió en el arca durante tanto tiempo mientras el mundo estaba sufriendo un gran diluvio. Como conservó parejas de especies para que después vuelvan a habitar la tierra. Como la vida pudo continuar después de semejante suceso.

Ahora bien, ¿nunca se nos ocurrió pensar por qué no intentó salvar al resto de la humanidad? Si bien “El mundo era corrupto ante Dios, y la tierra estaba colmada de crimen” (Noaj 6:11), “D´s le dijo a Nóaj: “El fin de toda carne ha llegado ante Mí. El mundo está colmado de [el] crimen [del hombre]. Por consiguiente los destruiré con la tierra” (Noaj 6:13)

Ya tenemos un indicio de que Noaj sabía de antemano lo que iba a acontecer. “Noaj caminaba con D´s” (Noaj 6:9). No sabía caminar solo. No podía tomar decisiones por su cuenta. Usando una frase que se utilizó en la cultura americana a principios de la década del 20 “monkey see, monkey do”, así era la actitud de Noaj frente a las palabras de D´s.

Cuestionar la palabra de D´s no es faltarle el respeto. Cuando D´s le comentá a Abraham que va a destruir Sodoma y Gomorra, nuestro patriarca le pide que revea su decisión. ¿Acaso le está faltando el respeto por eso? ¿Por qué Noaj no hizo lo mismo con la humanidad de aquel entonces?

Ya en su nombre nos define su personalidad. Noaj significa “descanso” o “comodidad”. Era más cómodo aceptar la palabra de D´s que pensar en su significado.

Y esta comodidad parece haber quedado sumergida en las aguas. “Entonces [Noaj] envió a la paloma para ver si el agua había descendido de la superficie del suelo” (Noaj 8:8). “La paloma no pudo encontrar ningún lugar para hacer descansar sus patas, y retornó a él, al arca” (Noaj 8:9).

Noaj sabía que las aguas habían bajado. No se dio por vencido frente al primer fracaso. “Esperó otros siete días, y una vez más envió a la paloma afuera del arca” (Noaj 8:10). “La paloma retornó a él hacia el atardecer” (Noaj 8:11).

A diferencia de su actitud pre entrada al arca, siguió intentando una vez más. “Esperó todavía otros siete días y envió a la paloma [nuevamente]. Esta vez ya no retornó a él.” (Noaj 8:12).

Este debe ser el verdadero origen del refrán “la tercera es la vencida” atribuido a hechos posteriores como lucha greco-romana.

Volviendo al cambio de actitud de Noaj, es lo que debemos hacer nosotros frente a los problemas. Cuando sentimos que las aguas nos están por tapar, debemos insistir una, dos y hasta tres veces para salir de ellos.

Quedarnos atrapados dentro de nuestra arca no va a hacer que los problemas se solucionen o desaparezcan. Vamos a vivir pensando que estamos rodeados de agua.

Y tampoco una vez que estemos afuera, porque logramos sobrellevar nuestras tempestades internas, salgamos a emborracharnos como hizo Noaj.

Agradezcámosle a D´s que nos dio la posibilidad de caminar solos (bajo su tutela) para salir a flote.

Al único diluvio que debemos temerle es al causado por nuestras lágrimas de tanto llorar por quedarnos sentados sin hacer frente a nuestras adversidades.

Dejemos de lado nuestra comodidad y enviemos tantas veces a nuestras palomas internas hasta que solucionemos todo lo que nos es desfavorable.

Solo así entenderemos que siempre que llovió, paró.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

lunes, 1 de octubre de 2018

Bereshit 5779


Y en el sexto día, “Dijo D´s: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que domine los peces del mar, las aves del firmamento, los animales de ganado y toda la tierra; y todo animal de suelo que recorre la tierra” (Bereshit 1:26).

Y al leer este pasuk me surge la inquietud sobre la palabra “hagamos”. De acuerdo al Midrash, D´s habla con los ángeles. Es decir que para tomar decisiones importantes podemos consultar con nuestros subordinados. No es señal de debilidad sino una forma de demostrar que ser un superior implica saber escuchar a quienes que figurar abajo en el organigrama.

Al no haber una respuesta negativa, “D´s [de este modo] creó al hombre a Su imagen. A la imagen de D´s lo creó, varón y hembra los creó” (Bereshit 1:27)

“Dijo D´s: “He aquí, les he dado toda planta que da semilla sobre la faz de la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla. Será para ustedes como alimento.” (Bereshit 1:28)

En el Gan Edén tenemos al ser humano que no tiene que esforzarse por conseguir nada. No conoce su desnudez, sólo necesita el alimento que le es provisto. No tiene preocupaciones, todo le viene “de arriba”. Sólo debe mantener el jardín para poder tomar su sustento.

Una analogía actual podría hacerse con los movimientos sociales que cobran algún plan aportado por el gobierno. No existe esfuerzo para conseguirlo, sólo su mera existencia. Y su única preocupación es mantener su status quo para seguir obteniendo el plan.

Y pregunto, ¿qué metas puede tener una persona cuyo sustento es otorgado sin contraprestación? ¿Qué capacidad de respuesta tenemos en la actualidad los humanos para sustentar a nuestros semejantes que fagocitan nuestros escasos recursos sin producir nada a cambio?

En contraposición tenemos al ser humano fuera del Gan Edén. “Obtendrás comida de él (suelo) con angustia todos los días de tu vida.” (Bereshit 3:17).

El ser humano se ve obligado a trabajar, a producir para obtener sus beneficios. A intercambiar con otros. Ya el sustento no es ilimitado como en el Gan Edén sino que conocemos lo que es la escasez.

Cuando se come “el fruto del conocimiento” aprendemos que debemos sustentarnos por nosotros mismos. Que todo es escaso y tiene una vida útil.

Es decir que cuando centramos nuestras políticas en una economía basada en el conocimiento lograremos que el ser humano se sustente por sí mismo y los recursos que queden liberados puedan usarse para el bienestar sociocultural en general.

El Gan Edén tenía la premisa de igualdad social, no había distinción, el hombre sobrellevaba su desnudez sin avergonzarse, pero tarde o temprano caemos en la tentación de querer más. Cuando Javá come del fruto prohibido (no se menciona en ningún lugar que es una manzana) empiezan las complicaciones.

Pensemos que clase de persona queremos ser. Si aquella que vive de arriba en el Gan Edén, en un mundo lleno de serpientes, o aquella que está afuera luchando día a día para conseguir el sustento contra una realidad que no siempre es color de rosas.

Tal vez porque nacimos en un mundo capitalista veamos la primera opción como la más atractiva. Es nuestra visión hedonista de la realidad. De poder vivir a costillas del sacrificio de otro. De sentir placer por tomar en vez de dar.

Pero como mencioné al principio, la creación del ser humano fue a imagen y semejanza de D´s. Él es un dador puro. Nosotros debemos serlo también.

Involucrémonos en las tareas comunitarias. No tomemos los beneficios que otros consiguen porque lo consideramos un derecho y una obligación de los que más tienen.

El Gan Edén quedó en el pasado, pero no por ello no podemos recrearlo. Eduquemos a nuestros niños para que sean mejores adultos de los que somos nosotros. Invirtamos en salud para tener gente más sana.

D´s no creo al ser humano para que se audodestruya.

Unamos todos nuestros esfuerzos. Produzcamos juntos un mundo mejor. Compartamos este Shabat y planifiquemos como hacerlo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein