lunes, 1 de octubre de 2018

Bereshit 5779


Y en el sexto día, “Dijo D´s: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que domine los peces del mar, las aves del firmamento, los animales de ganado y toda la tierra; y todo animal de suelo que recorre la tierra” (Bereshit 1:26).

Y al leer este pasuk me surge la inquietud sobre la palabra “hagamos”. De acuerdo al Midrash, D´s habla con los ángeles. Es decir que para tomar decisiones importantes podemos consultar con nuestros subordinados. No es señal de debilidad sino una forma de demostrar que ser un superior implica saber escuchar a quienes que figurar abajo en el organigrama.

Al no haber una respuesta negativa, “D´s [de este modo] creó al hombre a Su imagen. A la imagen de D´s lo creó, varón y hembra los creó” (Bereshit 1:27)

“Dijo D´s: “He aquí, les he dado toda planta que da semilla sobre la faz de la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla. Será para ustedes como alimento.” (Bereshit 1:28)

En el Gan Edén tenemos al ser humano que no tiene que esforzarse por conseguir nada. No conoce su desnudez, sólo necesita el alimento que le es provisto. No tiene preocupaciones, todo le viene “de arriba”. Sólo debe mantener el jardín para poder tomar su sustento.

Una analogía actual podría hacerse con los movimientos sociales que cobran algún plan aportado por el gobierno. No existe esfuerzo para conseguirlo, sólo su mera existencia. Y su única preocupación es mantener su status quo para seguir obteniendo el plan.

Y pregunto, ¿qué metas puede tener una persona cuyo sustento es otorgado sin contraprestación? ¿Qué capacidad de respuesta tenemos en la actualidad los humanos para sustentar a nuestros semejantes que fagocitan nuestros escasos recursos sin producir nada a cambio?

En contraposición tenemos al ser humano fuera del Gan Edén. “Obtendrás comida de él (suelo) con angustia todos los días de tu vida.” (Bereshit 3:17).

El ser humano se ve obligado a trabajar, a producir para obtener sus beneficios. A intercambiar con otros. Ya el sustento no es ilimitado como en el Gan Edén sino que conocemos lo que es la escasez.

Cuando se come “el fruto del conocimiento” aprendemos que debemos sustentarnos por nosotros mismos. Que todo es escaso y tiene una vida útil.

Es decir que cuando centramos nuestras políticas en una economía basada en el conocimiento lograremos que el ser humano se sustente por sí mismo y los recursos que queden liberados puedan usarse para el bienestar sociocultural en general.

El Gan Edén tenía la premisa de igualdad social, no había distinción, el hombre sobrellevaba su desnudez sin avergonzarse, pero tarde o temprano caemos en la tentación de querer más. Cuando Javá come del fruto prohibido (no se menciona en ningún lugar que es una manzana) empiezan las complicaciones.

Pensemos que clase de persona queremos ser. Si aquella que vive de arriba en el Gan Edén, en un mundo lleno de serpientes, o aquella que está afuera luchando día a día para conseguir el sustento contra una realidad que no siempre es color de rosas.

Tal vez porque nacimos en un mundo capitalista veamos la primera opción como la más atractiva. Es nuestra visión hedonista de la realidad. De poder vivir a costillas del sacrificio de otro. De sentir placer por tomar en vez de dar.

Pero como mencioné al principio, la creación del ser humano fue a imagen y semejanza de D´s. Él es un dador puro. Nosotros debemos serlo también.

Involucrémonos en las tareas comunitarias. No tomemos los beneficios que otros consiguen porque lo consideramos un derecho y una obligación de los que más tienen.

El Gan Edén quedó en el pasado, pero no por ello no podemos recrearlo. Eduquemos a nuestros niños para que sean mejores adultos de los que somos nosotros. Invirtamos en salud para tener gente más sana.

D´s no creo al ser humano para que se audodestruya.

Unamos todos nuestros esfuerzos. Produzcamos juntos un mundo mejor. Compartamos este Shabat y planifiquemos como hacerlo.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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