Y en el sexto día, “Dijo D´s: “Hagamos al hombre a nuestra
imagen y semejanza. Que domine los peces del mar, las aves del firmamento, los
animales de ganado y toda la tierra; y todo animal de suelo que recorre la
tierra” (Bereshit 1:26).
Y
al leer este pasuk me surge la inquietud sobre la palabra “hagamos”. De acuerdo
al Midrash, D´s habla con los ángeles. Es decir que para tomar decisiones
importantes podemos consultar con nuestros subordinados. No es señal de
debilidad sino una forma de demostrar que ser un superior implica saber
escuchar a quienes que figurar abajo en el organigrama.
Al
no haber una respuesta negativa, “D´s [de este modo] creó al hombre a Su
imagen. A la imagen de D´s lo creó, varón y hembra los creó” (Bereshit 1:27)
“Dijo
D´s: “He aquí, les he dado toda planta que da semilla sobre la faz de la
tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla. Será para ustedes como
alimento.” (Bereshit 1:28)
En
el Gan Edén tenemos al ser humano que no tiene que esforzarse por conseguir
nada. No conoce su desnudez, sólo necesita el alimento que le es provisto. No
tiene preocupaciones, todo le viene “de arriba”. Sólo debe mantener el jardín
para poder tomar su sustento.
Una
analogía actual podría hacerse con los movimientos sociales que cobran algún
plan aportado por el gobierno. No existe esfuerzo para conseguirlo, sólo su
mera existencia. Y su única preocupación es mantener su status quo para seguir obteniendo el plan.
Y
pregunto, ¿qué metas puede tener una persona cuyo sustento es otorgado sin
contraprestación? ¿Qué capacidad de respuesta tenemos en la actualidad los
humanos para sustentar a nuestros semejantes que fagocitan nuestros escasos
recursos sin producir nada a cambio?
En
contraposición tenemos al ser humano fuera del Gan Edén. “Obtendrás comida de
él (suelo) con angustia todos los días de tu vida.” (Bereshit 3:17).
El
ser humano se ve obligado a trabajar, a producir para obtener sus beneficios. A
intercambiar con otros. Ya el sustento no es ilimitado como en el Gan Edén sino
que conocemos lo que es la escasez.
Cuando
se come “el fruto del conocimiento” aprendemos que debemos sustentarnos por
nosotros mismos. Que todo es escaso y tiene una vida útil.
Es
decir que cuando centramos nuestras políticas en una economía basada en el
conocimiento lograremos que el ser humano se sustente por sí mismo y los
recursos que queden liberados puedan usarse para el bienestar sociocultural en
general.
El
Gan Edén tenía la premisa de igualdad social, no había distinción, el hombre
sobrellevaba su desnudez sin avergonzarse, pero tarde o temprano caemos en la
tentación de querer más. Cuando Javá come del fruto prohibido (no se menciona
en ningún lugar que es una manzana) empiezan las complicaciones.
Pensemos
que clase de persona queremos ser. Si aquella que vive de arriba en el Gan
Edén, en un mundo lleno de serpientes, o aquella que está afuera luchando día a
día para conseguir el sustento contra una realidad que no siempre es color de
rosas.
Tal
vez porque nacimos en un mundo capitalista veamos la primera opción como la más
atractiva. Es nuestra visión hedonista de la realidad. De poder vivir a
costillas del sacrificio de otro. De sentir placer por tomar en vez de dar.
Pero
como mencioné al principio, la creación del ser humano fue a imagen y semejanza
de D´s. Él es un dador puro. Nosotros debemos serlo también.
Involucrémonos
en las tareas comunitarias. No tomemos los beneficios que otros consiguen
porque lo consideramos un derecho y una obligación de los que más tienen.
El
Gan Edén quedó en el pasado, pero no por ello no podemos recrearlo. Eduquemos a
nuestros niños para que sean mejores adultos de los que somos nosotros.
Invirtamos en salud para tener gente más sana.
D´s
no creo al ser humano para que se audodestruya.
Unamos
todos nuestros esfuerzos. Produzcamos juntos un mundo mejor. Compartamos este
Shabat y planifiquemos como hacerlo.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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