lunes, 8 de octubre de 2018

Noaj 5779


Todos conocemos de alguna u otra manera la historia de Noaj. Nos fascina como sobrevivió en el arca durante tanto tiempo mientras el mundo estaba sufriendo un gran diluvio. Como conservó parejas de especies para que después vuelvan a habitar la tierra. Como la vida pudo continuar después de semejante suceso.

Ahora bien, ¿nunca se nos ocurrió pensar por qué no intentó salvar al resto de la humanidad? Si bien “El mundo era corrupto ante Dios, y la tierra estaba colmada de crimen” (Noaj 6:11), “D´s le dijo a Nóaj: “El fin de toda carne ha llegado ante Mí. El mundo está colmado de [el] crimen [del hombre]. Por consiguiente los destruiré con la tierra” (Noaj 6:13)

Ya tenemos un indicio de que Noaj sabía de antemano lo que iba a acontecer. “Noaj caminaba con D´s” (Noaj 6:9). No sabía caminar solo. No podía tomar decisiones por su cuenta. Usando una frase que se utilizó en la cultura americana a principios de la década del 20 “monkey see, monkey do”, así era la actitud de Noaj frente a las palabras de D´s.

Cuestionar la palabra de D´s no es faltarle el respeto. Cuando D´s le comentá a Abraham que va a destruir Sodoma y Gomorra, nuestro patriarca le pide que revea su decisión. ¿Acaso le está faltando el respeto por eso? ¿Por qué Noaj no hizo lo mismo con la humanidad de aquel entonces?

Ya en su nombre nos define su personalidad. Noaj significa “descanso” o “comodidad”. Era más cómodo aceptar la palabra de D´s que pensar en su significado.

Y esta comodidad parece haber quedado sumergida en las aguas. “Entonces [Noaj] envió a la paloma para ver si el agua había descendido de la superficie del suelo” (Noaj 8:8). “La paloma no pudo encontrar ningún lugar para hacer descansar sus patas, y retornó a él, al arca” (Noaj 8:9).

Noaj sabía que las aguas habían bajado. No se dio por vencido frente al primer fracaso. “Esperó otros siete días, y una vez más envió a la paloma afuera del arca” (Noaj 8:10). “La paloma retornó a él hacia el atardecer” (Noaj 8:11).

A diferencia de su actitud pre entrada al arca, siguió intentando una vez más. “Esperó todavía otros siete días y envió a la paloma [nuevamente]. Esta vez ya no retornó a él.” (Noaj 8:12).

Este debe ser el verdadero origen del refrán “la tercera es la vencida” atribuido a hechos posteriores como lucha greco-romana.

Volviendo al cambio de actitud de Noaj, es lo que debemos hacer nosotros frente a los problemas. Cuando sentimos que las aguas nos están por tapar, debemos insistir una, dos y hasta tres veces para salir de ellos.

Quedarnos atrapados dentro de nuestra arca no va a hacer que los problemas se solucionen o desaparezcan. Vamos a vivir pensando que estamos rodeados de agua.

Y tampoco una vez que estemos afuera, porque logramos sobrellevar nuestras tempestades internas, salgamos a emborracharnos como hizo Noaj.

Agradezcámosle a D´s que nos dio la posibilidad de caminar solos (bajo su tutela) para salir a flote.

Al único diluvio que debemos temerle es al causado por nuestras lágrimas de tanto llorar por quedarnos sentados sin hacer frente a nuestras adversidades.

Dejemos de lado nuestra comodidad y enviemos tantas veces a nuestras palomas internas hasta que solucionemos todo lo que nos es desfavorable.

Solo así entenderemos que siempre que llovió, paró.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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