Todos conocemos de alguna u
otra manera la historia de Noaj. Nos fascina como sobrevivió en el arca durante
tanto tiempo mientras el mundo estaba sufriendo un gran diluvio. Como conservó parejas
de especies para que después vuelvan a habitar la tierra. Como la vida pudo
continuar después de semejante suceso.
Ahora bien, ¿nunca se nos
ocurrió pensar por qué no intentó salvar al resto de la humanidad? Si bien “El mundo era corrupto ante Dios, y la
tierra estaba colmada de crimen” (Noaj 6:11), “D´s le dijo a Nóaj: “El fin de toda carne ha llegado ante Mí.
El mundo está colmado de [el] crimen [del hombre]. Por consiguiente los
destruiré con la tierra” (Noaj 6:13)
Ya
tenemos un indicio de que Noaj sabía de antemano lo que iba a acontecer. “Noaj
caminaba con D´s” (Noaj 6:9). No sabía caminar solo. No podía tomar decisiones
por su cuenta. Usando una frase que se utilizó en la cultura americana a
principios de la década del 20 “monkey see, monkey do”, así era la actitud de
Noaj frente a las palabras de D´s.
Cuestionar
la palabra de D´s no es faltarle el respeto. Cuando D´s le comentá a Abraham
que va a destruir Sodoma y Gomorra, nuestro patriarca le pide que revea su
decisión. ¿Acaso le está faltando el respeto por eso? ¿Por qué Noaj no hizo lo
mismo con la humanidad de aquel entonces?
Ya
en su nombre nos define su personalidad. Noaj significa “descanso” o “comodidad”.
Era más cómodo aceptar la palabra de D´s que pensar en su significado.
Y
esta comodidad parece haber quedado sumergida en las aguas. “Entonces [Noaj] envió
a la paloma para ver si el agua había descendido de la superficie del suelo” (Noaj
8:8). “La paloma no pudo encontrar ningún lugar para hacer descansar sus patas,
y retornó a él, al arca” (Noaj 8:9).
Noaj
sabía que las aguas habían bajado. No se dio por vencido frente al primer
fracaso. “Esperó otros siete días, y una vez más envió a la paloma afuera del
arca” (Noaj 8:10). “La paloma retornó a él hacia el atardecer”
(Noaj 8:11).
A
diferencia de su actitud pre entrada al arca, siguió intentando una vez más. “Esperó
todavía otros siete días y envió a la paloma [nuevamente]. Esta vez ya no
retornó a él.” (Noaj 8:12).
Este
debe ser el verdadero origen del refrán “la tercera es la vencida” atribuido a
hechos posteriores como lucha greco-romana.
Volviendo
al cambio de actitud de Noaj, es lo que debemos hacer nosotros frente a los
problemas. Cuando sentimos que las aguas nos están por tapar, debemos insistir
una, dos y hasta tres veces para salir de ellos.
Quedarnos
atrapados dentro de nuestra arca no va a hacer que los problemas se solucionen
o desaparezcan. Vamos a vivir pensando que estamos rodeados de agua.
Y
tampoco una vez que estemos afuera, porque logramos sobrellevar nuestras
tempestades internas, salgamos a emborracharnos como hizo Noaj.
Agradezcámosle
a D´s que nos dio la posibilidad de caminar solos (bajo su tutela) para salir a
flote.
Al
único diluvio que debemos temerle es al causado por nuestras lágrimas de tanto
llorar por quedarnos sentados sin hacer frente a nuestras adversidades.
Dejemos
de lado nuestra comodidad y enviemos tantas veces a nuestras palomas internas
hasta que solucionemos todo lo que nos es desfavorable.
Solo
así entenderemos que siempre que llovió, paró.
Shabat
Shalom
Lucas
Fisbein
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