martes, 16 de octubre de 2018

Lej Leja 5779


Cuando entró a su negocio y vio todo revuelto y toda la mercadería destruida, Teraj pensó que también algo malo le pasó a su hijo Avram. Grande debe haber sido su sorpresa cuando lo vio tranquilo jugando con un ídolo tallado en madera, el único que no había sido destruido. Avram le dijo a su padre más o menos lo siguiente: “Mientras estabas fuera, una mujer trajo harina para ofrecer a los dioses. Cada uno quería ser el primero en recibirla. El grande recibió insultos y entonces tomó un hacha y rompió todos los otros”. Lo anterior fue sacado de un Midrash y nos explica la manera de pensar de nuestro patriarca.

Otro Midrash nos cuenta que una señora entró a la tienda y le pidió a Avram un ídolo. Avram hábilmente le pregunta la edad. La mujer se sonroja un poco y le dice cuántos años tiene. Avram entonces refuta diciendo “usted va a adorar a un ídolo que tiene sólo un par de días mientras que usted es mucho mayor”.

Vemos como Avram comprendía, ya desde chico, que a D´s no se lo palpa, sino que se lo siente. Que es inmaterial a nuestros sentidos, pero material a nuestro corazón.

Y esto me recuerda una historia en donde un joven desconsolado por no poder encontrar a D´s acude al rabino de su comunidad quejándose porque no puede conectarse con algo que no ve ni toca. El rabino le pide que cierre los ojos y luego le da una cachetada. Ante la queja el rabino le pregunta por qué se quejaba ante él si no pudo ver que fue él quien lo abofeteó. El joven respondió “Porque lo sentí”. El rabino concluyó diciendo “Así es con D´s. No sabemos dónde está ni cómo es, pero lo sentimos”.

Y D´s entonces le pide a Avram dos sacrificios: uno espiritual y otro físico.

El espiritual se encuentra al principio cuando le dice “Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre” (Lej Lejá 12:1)

Pero no parte solo, “tomó a su mujer Sarai, a su sobrino Lot y todas las pertenencias de ellos, así como también a las personas que habían reunido, y salieron, dirigiéndose hacia Cnáan” (Lej Lejá 12:5).

Salen hacia la tierra que D´s dictaminó que nos pertenece. “A ti y a tu descendencia daré la tierra donde ahora vives como extranjero. Toda la tierra de Cnáan será [tu] herencia eterna, y Yo seré un Dios para [tus descendientes]” (Lej Lejá 17:8).

La descendencia de Avram está determinada por los hijos que tuvo con dos mujeres distintas y ya desde su concepción vemos la diferencia.

La gestación de Ishmael se dio por pedido de Sara “D´s me ha impedido tener hijos. Ven a mi esclava, y quizá tenga yo hijos a través de ella.”  (Lej Lejá 16:2) y “Avram vino a ella (Hagar), y ella concibió” (Lej Lejá 16:4). Fue una gestación natural como la de cualquier ser humano.

Las leyes naturales son nuestra forma de interpretación lógica y racional de la voluntad divina. Si la concepción desde un punto de vista natural es la unión de un espermatozoide y un óvulo, desde el punto de vista de espiritual es cómo se crea vida a través de esa unión.
Estas leyes nos enseñan las consecuencias mientras que si buscamos entender la voluntad de D´s nunca podremos responder el cómo. ¿Cómo a partir de esa unión de forma un embrión?

Itzjak, en cambio, fue concebido por la voluntad de D´s. “Yo la bendeciré (a Sara), y haré que te dé un hijo” (Lej Lejá 17:16).

Si bien todas las gestaciones son por voluntad de Dios en el caso de Ishmael se antepuso el hombre mientras que en el de Itzjak fue D´s antes quien tomó la decisión.

Entonces tenemos dos hijos. Ishmael que será quien para los musulmanes es ascendiente de Mohamed (Mahoma) e Itzjak quien fuera uno de nuestros patriarcas. Una tierra para dos descendencias. Un problema que se traslada a la actualidad.

D´s, que nada deja librado al azar, previno esta situación, dice “Guardaré Mi pacto con él [Itzjak] como un tratado eterno, para sus descendientes después de él.” (Lej Lejá 17:19). Eretz Cnáan (actualmente Israel) es nuestra aunque la UNESCO quiera darle vueltas al tema.

El segundo sacrificio que se menciona, es el físico: el Brit Milá. Cortarse una parte del cuerpo es un sacrificio muy duro. Algunos desconocedores de nuestra tradición hablan horrorizados de que esta mitzvá es una mutilación de nuestro cuerpo. Nada más lejos de eso. Para que sea una mutilación deberíamos sentir la ausencia de un miembro y sufrir por ello toda la vida.

“Haré un pacto entre nosotros, y acrecentaré mucho tus números”. (Lej Lejá 17:2). “Ya no se te llamará Avram. Tu nombre será Abraham, puesto que te he establecido como el padre de una multitud de naciones.” (Lej Lejá 17:5)

“En todas las generaciones, todo varón será circuncidado cuando tenga ocho días de nacido. [Esto incluirá] a los nacidos en la casa, así como también [esclavos] comprados con dinero a un extraño, que no es tu descendiente.” (Lej Lejá 17:12)

¿Por qué ocho días? Porque D´s creó el mundo en 6 días y el 7mo descansó. Es decir que el 8vo día simboliza la espiritualidad que está más allá de la Creación y de este mundo.

Dicen que el cumplimiento de este Pacto fue uno de los motivos por el que D´s nos rescató de la esclavitud de Egipto.

Este pacto es realizado tanto por ortodoxos como por conservadores. Es la esencia misma del hombre judío.

Esto nos enseña que sólo cuando estamos preparados espiritualmente podemos hacer cosas por nuestro ser físico. Si Abraham no se hubiera ido de su tierra, seguramente D´s no le hubiera enseñado el Brit Milá.

Con todos los contratiempos, con todas las veces que dudamos de su existencia, D´s siempre está para guiarnos. Aunque no lo podamos ver, aunque su presencia pase desapercibida, siempre está para nosotros. Él es único como nuestra vida misma. Y si por algún motivo olvidamos su presencia, nos da una cachetada como hizo el rabino de la historia.

Como dice El Principito “Lo esencial es invisible a los ojos”. Y agreguemos “pero no lo es para el corazón”

A D´s no lo vemos, pero lo amamos.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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