¿Cuántas veces nuestros hijos
se portan mal y nosotros los retamos delante de todos? ¿Los estamos castigando
por su conducta o los estamos avergonzando frente a los demás?
¿No sería mejor apartar a
nuestros hijos de la muchedumbre y ahí sí reprocharles su conducta?
Esta analogía nos sirve para
interpretar las acciones de Rajel frente a su hermana.
Yaakov, que había huido de
Beer Sheva por temor a su hermano, llega a Jarán con la intención de encontrar
una esposa. Se enamora de Rajel, la hija menor de Labán.
Según nos cuentan nuestros
sabios la costumbre era que el hijo mayor de una familia se casara con la hija
mayor de otra. A Yaakov le correspondía Lea pero como alguien cantara mucho
tiempo después “el amor es más fuerte”.
Para que Yaakov pudiera
casarse con su amada Rajel, le dijo a Labán que trabajaría siete años.
Pasado ese tiempo y ante el
miedo de que Labán quisiera aprovecharse de la situación, Rajel y Yaakov idean
unas contraseñas a fin de evitar que otra mujer fuera consagrada como esposa de
Yaakov.
Rajel, para evitar avergonzar
a su hermana, la “aparta de la muchedumbre” y le dice las contraseñas a Lea
para que ella pudiera tomar su lugar.
Hubiera sido una humillación
en esa época que la hermana menor se case primero.
Yaakov se da cuenta recién
cuando Lea ya era su esposa y en vez de enfurecerse y avergonzar tanto a su
suegro como a su legítima esposa, promete trabajar siete años más para lograr
su unión con Rajel. Labán le había hecho entender que él también había engañado
cuando se hizo pasar por Esav para recibir la bendición de la primogenitura.
La enseñanza de Rajel de no
avergonzar en público a un ser querido es lo que permitió desarrollar el árbol de
la vida de nuestro pueblo. La semilla la sembró Abraham, el tallo y las ramas
Itzjak y los frutos de los cuales alimentamos nuestro espíritu vienen de
Yaakov.
Es preferible morderse la
lengua y esperar el momento indicado que actuar por impulso y avergonzar a
quien queremos.
Así como Rajel tuvo su recompensa,
nosotros también podemos tenerla.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein