Si bien el cine fue inventado
muchísimos años después, Esav hubiera sido fanático de la película “La Sociedad
de los Poetas Muertos”. En el mencionado film aparece como frase de cabecera
carpe diem, cuya traducción es aprovecha el momento.
Aprovechar el momento no está
mal pero debemos pensar con esa acción en sacarle provecho al futuro.
Esav tenía hambre. Yaakov
estaba cocinando un guiso. Esav quiso “aprovechar el momento”. Le pidió a su
hermano “un bocado de esa cosa roja”. Yaakov que desde siempre quiso ser el
primogénito le ofrece dárselo a cambio de la primogenitura.
Esav acepta el trato diciendo “he
aquí que he de morir”, dándonos un contraste con la Parashá anterior donde
hablábamos de que la vida es más que el simple paso por este mundo.
Esav buscaba saciar su parte
física. No medía las consecuencias a futuro. No dejaba una enseñanza. Quería
comer “esa cosa de color rojizo”. Se deja llevar por lo superficial, o sea por
lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho el guiso. No le importaba el
contenido. No le importaba lo espiritual.
Yaakov, en cambio, que se
destacaba por ser estudioso, estaba más preocupado por su ser espiritual que
por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.
¿Fue justo que se aprovechara
de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la
pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status
por saciar un impulso físico como ser el hambre?
Los impulsos de ahora pueden
tener consecuencias graves en el futuro.
Miles de años después de este
incidente nosotros decimos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el
olvido.
No seamos como Esav y dejemos
que nuestros impulsos físicos de un momento determinado puedan afectar nuestro
futuro.
Si vamos a aprovechar el
momento que sea para hacer algo útil a tu futuro. Satisfacer un impulso físico
momentáneo puede generar inconvenientes para nuestro ser espiritual.
Carpe diem. Pero que es
momento deje una enseñanza.
Así que cuando recordemos la
escena más gloriosa de esa película, en vez de pararnos en una mesa y gritar “Oh
capitán, mi capitán”, miremos al cielo y digamos “No soy como Esav”.
Cada viernes al acercarse Shabat,
reprime tus ganas de quedarte en tu casa. Trae a tu famila a compartirlo en
comunidad. No cambiemos nuestra primogenitura por el guiso de nuestros días
llamado asimilación y nos perdamos para siempre en nuestra historia.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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