martes, 18 de noviembre de 2014

Toldot

Si bien el cine fue inventado muchísimos años después, Esav hubiera sido fanático de la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”. En el mencionado film aparece como frase de cabecera carpe diem, cuya traducción es aprovecha el momento.

Aprovechar el momento no está mal pero debemos pensar con esa acción en sacarle provecho al futuro.

Esav tenía hambre. Yaakov estaba cocinando un guiso. Esav quiso “aprovechar el momento”. Le pidió a su hermano “un bocado de esa cosa roja”. Yaakov que desde siempre quiso ser el primogénito le ofrece dárselo a cambio de la primogenitura.

Esav acepta el trato diciendo “he aquí que he de morir”, dándonos un contraste con la Parashá anterior donde hablábamos de que la vida es más que el simple paso por este mundo.

Esav buscaba saciar su parte física. No medía las consecuencias a futuro. No dejaba una enseñanza. Quería comer “esa cosa de color rojizo”. Se deja llevar por lo superficial, o sea por lo físico. No le importaba ver de qué estaba hecho el guiso. No le importaba el contenido. No le importaba lo espiritual.

Yaakov, en cambio, que se destacaba por ser estudioso, estaba más preocupado por su ser espiritual que por su ser físico. Quería dejar un legado. Quería tener más de una vida.

¿Fue justo que se aprovechara de su hermano ofreciéndole el cambio? Lo vamos a responder dando vuelta la pregunta: ¿es justo que sea el primogénito alguien que desperdicia su status por saciar un impulso físico como ser el hambre?

Los impulsos de ahora pueden tener consecuencias graves en el futuro.

Miles de años después de este incidente nosotros decimos “Dios de Abraham, Itzjak y Yaakov”. Esav quedó en el olvido.

No seamos como Esav y dejemos que nuestros impulsos físicos de un momento determinado puedan afectar nuestro futuro.

Si vamos a aprovechar el momento que sea para hacer algo útil a tu futuro. Satisfacer un impulso físico momentáneo puede generar inconvenientes para nuestro ser espiritual.

Carpe diem. Pero que es momento deje una enseñanza.

Así que cuando recordemos la escena más gloriosa de esa película, en vez de pararnos en una mesa y gritar “Oh capitán, mi capitán”, miremos al cielo y digamos “No soy como Esav”.

Cada viernes al acercarse Shabat, reprime tus ganas de quedarte en tu casa. Trae a tu famila a compartirlo en comunidad. No cambiemos nuestra primogenitura por el guiso de nuestros días llamado asimilación y nos perdamos para siempre en nuestra historia.

Shabat Shalom


Lucas Fisbein

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