miércoles, 26 de noviembre de 2014

Vaietzé

¿Cuántas veces nuestros hijos se portan mal y nosotros los retamos delante de todos? ¿Los estamos castigando por su conducta o los estamos avergonzando frente a los demás?

¿No sería mejor apartar a nuestros hijos de la muchedumbre y ahí sí reprocharles su conducta?

Esta analogía nos sirve para interpretar las acciones de Rajel frente a su hermana.

Yaakov, que había huido de Beer Sheva por temor a su hermano, llega a Jarán con la intención de encontrar una esposa. Se enamora de Rajel, la hija menor de Labán.

Según nos cuentan nuestros sabios la costumbre era que el hijo mayor de una familia se casara con la hija mayor de otra. A Yaakov le correspondía Lea pero como alguien cantara mucho tiempo después “el amor es más fuerte”.

Para que Yaakov pudiera casarse con su amada Rajel, le dijo a Labán que trabajaría siete años.

Pasado ese tiempo y ante el miedo de que Labán quisiera aprovecharse de la situación, Rajel y Yaakov idean unas contraseñas a fin de evitar que otra mujer fuera consagrada como esposa de Yaakov.

Rajel, para evitar avergonzar a su hermana, la “aparta de la muchedumbre” y le dice las contraseñas a Lea para que ella pudiera tomar su lugar.

Hubiera sido una humillación en esa época que la hermana menor se case primero.

Yaakov se da cuenta recién cuando Lea ya era su esposa y en vez de enfurecerse y avergonzar tanto a su suegro como a su legítima esposa, promete trabajar siete años más para lograr su unión con Rajel. Labán le había hecho entender que él también había engañado cuando se hizo pasar por Esav para recibir la bendición de la primogenitura.

La enseñanza de Rajel de no avergonzar en público a un ser querido es lo que permitió desarrollar el árbol de la vida de nuestro pueblo. La semilla la sembró Abraham, el tallo y las ramas Itzjak y los frutos de los cuales alimentamos nuestro espíritu vienen de Yaakov.

Es preferible morderse la lengua y esperar el momento indicado que actuar por impulso y avergonzar a quien queremos.

Así como Rajel tuvo su recompensa, nosotros también podemos tenerla.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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