¿Alguna vez pensamos cómo, para qué o
por qué respiramos? ¿O acaso nos preguntamos cómo es que el aire que entra en
nuestro cuerpo es el necesario para seguir viviendo? No hay ni más ni menos. No se desvía ni a la derecha ni a la
izquierda si el centro fuera la cantidad necesaria.
Y lo tomamos como algo natural.
Como un camino que transitamos desde una exhalación hasta la próxima. No nos
detenemos a preguntarnos si la próxima cantidad de aire será suficiente para
inflar nuestros pulmones.
Vamos aprendiendo con cada suspiro
que el aire es de suma importancia para nuestra supervivencia pero que en
cierto momento nuestros pulmones no van a funcionar entonces recién ahí
sabremos que su función era por tiempo determinado.
Eso es lo que Di-s nos enseña en esta
Parashá. “Mas hasta el día de hoy, Di-s no les
dio corazón para saber, ojos para ver y oídos para oír” (Ki Tavó 29:3).
En retrospectiva
todo parece más fácil. Para sacarnos un diez en una evaluación hubiéramos
estudiado más, pero ¿lo sabíamos antes?
Muchas veces por
tener nuestra visión de a dónde vamos olvidamos disfrutar del paisaje. Y el
paisaje sí está a la derecha y a la izquierda. Si nos desviamos, perdemos el
rumbo.
Y lo mismo pasa al
desviarnos del camino de las mitzvot. “Si no obedeces a Di-s tu Señor y no
cumples cuidadosamente todos Sus mandamientos y decretos tal como te los
prescribo hoy, entonces todas estas maldiciones vendrán a relacionarse contigo”
(Ki Tavo 28:15)
Di-s no nos quiere
como robots repitiendo o cumpliendo mitzvot sin entenderlas. Cumplirlas también
es un camino y la manera que lo transitamos es gracias al libre albedrío que
nos dio.
Recorrer ese camino sin
desviarnos implica ir conociendo paso a paso los riesgos y eso nos da
experiencia. Conocerlo de antemano nos da precaución, pero ya nos da la visión
subjetiva de quien nos lo enseña.
Y eso es lo que Di-s nos dice. Ahora
abran los ojos y vean. ¿Quién les proveyó vestimenta? ¿Quién los alimentó
durante cuarenta años? ¿Miren sus pies y díganme si sus plantas están
destrozadas? Todo fue tomado de manera natural, como el aire que respiramos.
Sólo al llegar al final de la travesía por el desierto nos dimos cuentas que
nuestras ropas estaban intactas, que no pasamos hambre, y de no ser un pueblo
de un gran ejército de hombres haber llegado a destino.
Si el Pueblo de Israel hubiera sabido
que los milagros de Di-s eran hechos para ellos seguramente los hubieran
disfrutado y no quejado como cuando pidieron comer carne o desafiado con el
suceso de los espías.
A cada momento estamos recorriendo un
camino que no conocemos. Está en nosotros disfrutar de este desconocimiento o
entregarnos a la negación en cada paso en falso que podamos dar.
Di-s nos dio un corazón, ojos y oídos
y nos enseñó cómo funcionan. Está en nosotros darle sentido a esa función: para
bien o para mal.
Aunque sólo al terminar de recorrer nuestro
camino sabremos cuál de las dos opciones hemos elegido.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein