Esta semana se menciona que debe nombrarse un rey.
(Shoftim 17:14) Así como al principio de
la Parashá (Shoftim 16:18), se nos ordena tener jueces y policías, también
debemos tener un rey.
Este rey debe cumplir no ciertas mitzvot. Una de
ellas dice “Cuando [el rey] esté establecido en su trono
real, debe escribir una copia de esta Torá como un rollo editado por los
sacerdotes levíticos” (Shoftim 16:18)
¿Por qué es necesario que lo haga?
Porque la única forma de reconocer que existe Di-s
es leyendo su ley. Sólo mediante el estudio y lectura constante de la Torá
podremos tomar decisiones basadas en la palabra de Di-s.
Además, demuestra humildad ante Di-s. Ser humilde
no es agachar la cabeza ante cualquier situación y acepar lo que venga. La
humildad es entender en qué lugar y posición dentro de este mundo uno fue
designado. Es también respetar las opiniones ajenas y saber discernir cuando
creemos que nuestra postura es correcta.
Cuando recitamos la Amidá, en el último rezo,
Elohai Netzor, le pedimos a Di-s poder ser “humilde ante mi prójimo”.
Sólo a partir de ahí podremos comprender la Torá y
cumplir con las mitzvot.
Un rey arrogante va a ganarse el odio del pueblo.
Un rey humilde ganará la admiración.
Para preservar la humildad el rey tiene tres
limitaciones: no tener muchos caballos, no tener muchas esposas ni tener mucha
riqueza en otro y plata. (Shoftim 17:16 y 17:17).
La poligamia no existe más por lo que muchas
esposas no tendremos. Los caballos fueron reemplazados por los autos, podremos
tener uno y con muchísima suerte un segundo auto, pero no más.
Y las riquezas, ¿qué son si no las compartimos? Es
impactante un dibujo que se viralizó hace tiempo sobre un mendigo que está
sentado en la entrada de una galería de arte y muchas personas amontonadas
viendo un cuadro que retrata a ese mendigo.
¿Somos conscientes acaso, de que somos reyes de
nuestro presente? ¿Somos humildes ante nuestros semejantes?
Comenzó el mes de Elul. El mes donde hacemos una
autocrítica a lo actuado y donde debemos pararnos frente al espejo y
preguntarnos “¿es esto lo que quiero?”
Transitemos juntos el camino hacia los Iamin
Noraim. Seamos reyes y gobernemos con humildad.
Maria Elena Walsh escribió en la Canción de
Caminantes “Porque el camino es árido y desalienta”. Así ocurre cuando nos
miramos hacia adentro y no estamos conformes con lo que descubrimos.
Pero siempre tenemos la oportunidad de volver a
comenzar. Cada día es un punto de partida de nuevos desafíos y de nuevos
caminos.
Si te cuesta, o no puedes, hacerlo en soledad… dame
la mano y vamos ya.
Shabat Shalom
Lucas Fisbein
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