martes, 14 de agosto de 2018

Shoftim


Esta semana se menciona que debe nombrarse un rey. (Shoftim 17:14)  Así como al principio de la Parashá (Shoftim 16:18), se nos ordena tener jueces y policías, también debemos tener un rey.

Este rey debe cumplir no ciertas mitzvot. Una de ellas dice “Cuando [el rey] esté establecido en su trono real, debe escribir una copia de esta Torá como un rollo editado por los sacerdotes levíticos” (Shoftim 16:18)

¿Por qué es necesario que lo haga?

Porque la única forma de reconocer que existe Di-s es leyendo su ley. Sólo mediante el estudio y lectura constante de la Torá podremos tomar decisiones basadas en la palabra de Di-s.

Además, demuestra humildad ante Di-s. Ser humilde no es agachar la cabeza ante cualquier situación y acepar lo que venga. La humildad es entender en qué lugar y posición dentro de este mundo uno fue designado. Es también respetar las opiniones ajenas y saber discernir cuando creemos que nuestra postura es correcta.

Cuando recitamos la Amidá, en el último rezo, Elohai Netzor, le pedimos a Di-s poder ser “humilde ante mi prójimo”.

Sólo a partir de ahí podremos comprender la Torá y cumplir con las mitzvot.

Un rey arrogante va a ganarse el odio del pueblo. Un rey humilde ganará la admiración.

Para preservar la humildad el rey tiene tres limitaciones: no tener muchos caballos, no tener muchas esposas ni tener mucha riqueza en otro y plata. (Shoftim 17:16 y 17:17).

La poligamia no existe más por lo que muchas esposas no tendremos. Los caballos fueron reemplazados por los autos, podremos tener uno y con muchísima suerte un segundo auto, pero no más.

Y las riquezas, ¿qué son si no las compartimos? Es impactante un dibujo que se viralizó hace tiempo sobre un mendigo que está sentado en la entrada de una galería de arte y muchas personas amontonadas viendo un cuadro que retrata a ese mendigo.

¿Somos conscientes acaso, de que somos reyes de nuestro presente? ¿Somos humildes ante nuestros semejantes?

Comenzó el mes de Elul. El mes donde hacemos una autocrítica a lo actuado y donde debemos pararnos frente al espejo y preguntarnos “¿es esto lo que quiero?”

Transitemos juntos el camino hacia los Iamin Noraim. Seamos reyes y gobernemos con humildad.

Maria Elena Walsh escribió en la Canción de Caminantes “Porque el camino es árido y desalienta”. Así ocurre cuando nos miramos hacia adentro y no estamos conformes con lo que descubrimos.

Pero siempre tenemos la oportunidad de volver a comenzar. Cada día es un punto de partida de nuevos desafíos y de nuevos caminos.

Si te cuesta, o no puedes, hacerlo en soledad… dame la mano y vamos ya.

Shabat Shalom

Lucas Fisbein

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